Traducido por el equipo de SOTT.netQuizás el debate económico más destacado en la actualidad sea el temor a que la gran mayoría de las personas se hayan quedado excluidas de los mercados inmobiliarios para el resto de sus vidas, independientemente del país en el que vivan.
Los adolescentes de la Generación Z e incluso de la Generación Alfa ya están planificando un futuro en el que comprar una vivienda es imposible. Quienes sí compran buscan la rentabilidad y
lo hacen solos (dando prioridad al ahorro y a la propiedad de la vivienda frente al matrimonio).
Este es un tema para otro artículo, pero representa un cambio radical en el comportamiento tradicional del consumidor; un cambio radical que hay que examinar porque refleja mayores dificultades sociales y económicas subyacentes.
Esta situación no solo se da en EE.UU.; en todo el mundo occidental, desde Australia hasta Canadá y la mayor parte de Europa, la gente se enfrenta a la peor inflación de los precios de la vivienda en décadas y se apresura a encontrar formas de adaptarse.
Sin embargo, al igual que en la física, hay leyes del movimiento que siguen aplicándose a los mercados independientemente de la intervención del gobierno o del banco central. Lo que sube, inevitablemente baja. Ha habido un desarrollo interesante en el último año, concretamente en el lado de los vendedores de la ecuación inmobiliaria, y esto apunta a grandes cambios a corto plazo.