© Jorge Mopreno/SIPSE
México. La semana pasada estuve en el municipio de Teya y me enteré de un caso que ocurre en el panteón de esa localidad, se trata del alma en pena de un vaquero que hace muchos años veían cabalgar y perderse al interior del camposanto.

Antes que nada hay que aclarar que Teya se ubica a aproximadamente 60 kilómetros de Mérida, cerca de la carretera a Motul (no se trata de la hacienda del mismo nombre que pertenece a Kanasín y que está cerca del periférico de Mérida).

Pues bien, su cementerio se ubica a la salida del pueblo y de acuerdo con lo que pude investigar, afirman que ahí, desde hace años han visto el alma en pena de un señor que murió hace ya mucho tiempo (se suicidó porque su esposa había muerto meses antes) y han escuchado el llanto de una niña pequeña que falleció víctima de una enfermedad y que dicen que sigue penando, incluso, aseguran que han visto su diminuta silueta.

Pero el caso que más llama la atención y del cual hay mas datos es el del "vaquero del panteón", de hecho, hasta en el municipio vecino de Suma conocen ese caso.

Narran que se trataba del antiguo capataz de un rancho, quien toda su vida se dedicó a cuidar animales en fincas de Buctzotz, Motul, Temax, Tizimín y sitios cercanos.

Él era oriundo de Teya y cada vez que se celebraba la fiesta tradicional del pueblo, "bajaba" junto con su familia a convivir con sus papás y hermanos. Nunca faltaba a las corridas y se la pasaba montado en su caballo.

Quería ser enterrado en su pueblo

Al menos llegaba tres o cuatro veces al año y era muy conocido y apreciado por la gente; pero, de pronto, un día llegó la noticia al pueblo de que había fallecido en un accidente cerca de una granja donde trabajaba.

Por azares del destino, y de ciertos problemas legales, no pudieron trasladar sus restos mortales a Teya y fue enterrado en Tizimín.

La familia lo lamentó mucho, ya que después se enteró que la razón principal fue que la esposa, que era de la ciudad de los Reyes, prefirió que el cadáver del vaquero se quedara ahí, a pesar de éste siempre dijo que deseaba ser enterrado en su pueblo natal.

A pocos días de su muerte, dos personas fueron a casa de los papás del vaquero a preguntar por él, pero al darles la terrible noticia, estos, extrañados, respondieron que no podía ser posible ya que lo habían visto horas antes montado en su caballo junto al panteón.

Transcurrieron los meses y los años y, principalmente para las fechas de la fiesta del pueblo, varias personas han asegurado que han visto a un jinete entrando al panteón y que de pronto desaparece. Dicen que es el alma en pena de ese vaquero que regresa a pasear a su pueblo natal y antes de irse pasa por el cementerio en donde quería ser enterrado.