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A medida que vuelve la calma a la costa Este de los Estados Unidos, miles de aves regresarán a sus hábitats naturales después de una semana de viaje. El huracán Sandy, como otras grandes tormentas, ha dejado un reguero de destrucción a su paso, pero también ha afectado a decenas de miles de aves. Aunque no hay cifras directas de la mortalidad, es seguro que cientos de pájaros habrán muerto a consecuencia de los vientos y las inundaciones, pero ¿qué pasa con el resto? ¿Cómo se las apañan para sobrevivir a una fuerza de la naturaleza que se lleva todo por delante?

Igual que hacemos los humanos, algunas especies - las que viven dentro de los árboles, sobre todo- habrán buscado refugio, otras habrán tratado de esquivar la tormenta emigrando unos días antes - detectan bien los cambios de presión- y aprovechando los vientos que bordean el huracán. "Cuando las aves se encuentran una tormenta como ésta, básicamente intentan ponerse a salvo como hacemos nosotros", comenta el biólogo Bryan Watts a National Geographic.

Algunas especies que viven en el océano quedan atrapadas en el ojo del huracán durante días, una zona donde los vientos y las lluvias son menores, pero que les puede obligar a desplazarse cientos de kilómetros desde su hábitat natural. Durante días, las aves deben volar sin descanso y sin alimento, lo que les pone en riesgo de morir. Según Slate, en 2005, durante el huracán Vilma un grupo de vencejos de EEUU fue depositado por la tormenta a casi 1.000 km de su hogar, en las costas europeas.

Estos desplazamientos provocan situaciones extrañas, como el avistamiento de especies exóticas, procedentes del Caribe, en las costas del Este de EEUU. "Un huracán", asegura Charles Kennedy, presidente de la Asociación de Ornitólogos del Sur de Alabama, "es un gran evento en sí mismo, y para los amantes de los pájaros ofrece la oportunidad de observar aves en lugares donde no podrían verlos. A 300 kilómetros de la costa, por ejemplo, puedes ver aves marinas". En 1995, durante el huracán Opal, Kennedy vio como al quedar su zona en el ojo del huracán, a más de 200 kilómetros de la costa, miles de gaviotas empezaron a sembrar el cielo. Viajaban atrapadas en la zona de calma de la tormenta.

Es posible, por ejemplo, que un grupo de charranes sombríos (Onychoprion fuscatus) sean 'absorbidos' por el huracán de las costas del Caribe y de Florida y aparezcan en Long Island. "Después de días y días volando", explica Kennedy, "las aves se posan en cuanto el huracán toca tierra, a menudo exhaustas y hambrientas".

El caso más curioso lo representan aquellas aves capaces de atravesar el huracán. En el año 2011, los científicos siguieron por satélite los movimientos de un grupo de zarapitos durante el huracán Irene que atravesó la tormenta en dirección sur hasta posarse en las Bahamas. Estaban migrando desde el Ártico hasta Venezuela, y el huracán no pareció ser un impedimento.

Cuando se encuentra en el mar, es frecuente que el huracán desplace a las aves de una isla a otras y, como recogen James W. Wiley y Joseph M. Wunderle en un estudio de la Universidad de Cambridge en 2010, algunas especies han quedado tan dispersas por estas tormentas que han desaparecido o han quedado al borde la extinción.

El efecto más importante del huracán sobre el hábitat de las aves es la destrucción de la vegetación, que puede dificultar la búsqueda de alimento, pero también se destruyen nidos y zonas de reproducción. Pelícanos, petreles y otras especies habrán tenido que recorrer cientos de kilómetros para ponerse a salvo, y puede que permanezcan en una zona poco habitual mientras reponen fuerzas. "Estas aves han estado volando sobre los huracanes durante siglos", explica el experto Charles Kennedy. "Tan pronto como puedan estarán volviendo a la costa".