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Manuela, una tortuga terrestre de patas rojas, logró sobrevivir 30 años dentro de una caja, demostrando que las habilidades de supervivencia de esta especie son mucho más elaboradas de lo que siquiera los científicos suponían.

En 1982, a las afueras de Río de Janeiro en Brasil, desapareció la mascota de la familia Almeida. Creyeron que la tortuga había escapado por la reja que alguien descuidadamente había dejado abierta. Tres décadas después, cuando Leandro Almeida limpiaba su bodega, encontró dentro de una caja de madera a Manuela su tortuga perdida, sorprendentemente aun con vida.

Conocida también como tortuga morrocoy, esta especie es nativa de las sabanas y bosques de Sudamérica. Al igual que las serpientes y otros reptiles puede pasar largos periodos de tiempo sin comer y es capaz de controlar algunos procesos fisiológicos, como la temperatura corporal, para suspender temporalmente su animación. No obstante, la increíble historia de sobrevivencia de Manuela sigue siendo un misterio.

El veterinario Jeferson Peres sospecha que la tortuga vivió tanto tiempo gracias a que se alimentó de termitas y otros insectos pequeños y lamió la condensación. Anthony Pilny, experto en aves y reptiles del Cetro de Medicina Exótica y Aviaria en Nueva York, explica que las tortugas cuentan con reservas de grasa para cuando escasea la comida.