Traducido por el equipo de SOTT.net

© Sergio Loaiza
Instituto Nacional Geográfico de Costa Rica, 4 de septiembre de 1971
¡Fuera, demonios! Cuando era niño, a mi familia le gustaba mucho ver y reírse de los televangelistas, sobre todo de Ernest Angley, que solía expulsar demonios para nosotros en la tele. Baste decir que los demonios se consideraban un elemento cómico de mi leve educación evangélica, no algo que debiera tomarse en serio. Chevy Chase capturó a la perfección esa locura en
Fletch Lives-The PreacherJ.D. Vance: los extraterrestres son demoniosTucker, tambiénResulta que muchas personas bastante conocidas, y varios comentaristas de
The Unz Review, creen que estos ovnis son demonios. Me gustaría intentar analizar en serio esta posibilidad.
Existe una versión del problema de los FANI [Fenómenos Aéreos No Identificados] que se puede abordar en compañía de gente educada. Se trata de pilotos militares que avistan objetos que superan en prestaciones a la tecnología aeroespacial conocida, sistemas de radar que confirman lo que vieron los pilotos y un gobierno que lleva décadas mintiendo sobre su grado de interés en el tema. Esta versión cuenta con audiencias en el Congreso, testigos acreditados y el respaldo del
New York Times. Es, en el vocabulario del poder establecido de la seguridad nacional, un problema tecnológico: algo desconocido está operando en el espacio aéreo controlado, y la pregunta pertinente es qué es y quién lo construyó. Ser alarmante sin resultar embarazoso es una ventaja considerable. Los senadores pueden abordar el tema. Los contratistas de defensa pueden orientarse hacia él. Los periodistas pueden cubrirlo sin que sus editores los llamen aparte para darles un aviso.
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