Con la reciente actividad de tiempo tormentoso en la Gran Bretaña vale la pena reflexionar sobre cuán tormentoso era durante la Pequeña Edad de Hielo, y todavía antes.

En su libro "la Pequeña Edad de Hielo", Brian Fagan afirma que "a lo largo de Europa los años 1560-1600 fueron más fríos y tormentosos, con muy tardías vendimias y vientos considerablemente más fuertes que los del Siglo 20. La actividad de tormentas aumentó un 85% en la segunda parte del siglo 16 y la incidencia de tormentas severas creció un 400%."

Hubert H. Lamb llega a conclusiones similares, "había una mayor intensidad, y una frecuencia mayor de intenso desarrollo de tormentas durante la Pequeña Edad de Hielo", en su libro "Tormentas Históricas del Mar del Norte, Islas Británicas y Europa Noroccidental".

Edward Bryant, en su libro "Riesgos Naturales", provee de una relato de algunas de las tormentas más grandes:
  • Cuatro tormentas a lo largo de las costas de Alemania y Holanda en el Siglo 13 mataron, cuando menos, 10.000 personas cada una. SE estima que la peor tormenta mató a unas 300.000 personas.
  • Las tormentas del Mar del Norte en 1099, 1421, y 1446 también mataron 100.000 personas cada una en Inglaterra y Holanda.
  • Por lejos, la peor de las tormentas fue la de la inundación del Día de Todos los Santos de 1570, cuando 400.000 personas fueron muertas a los largo de toda Europa Occidental.
  • La Gran Tormenta de 1703 virtualmente hundió a todos los barcos en el Canal de la Mancha, con la pérdida de 8.000 a 10.000 vidas.
  • Otras tormentas con una similar pérdidas de vidas ocurrieron en 1634, 1671, 1682, 1686, 1694 y 1717.
  • Gran parte de la línea costera de Europa del Norte debe su origen a este período de tormentas. Por ejemplo, algunas tormentas redujeron el tamaño de la isla de Heligoland de 60 km a 1 km.
  • El Gran Desastre de Ahogamiento de 1362 erosionó 15 kilómetros tierra adentro de la costa danesa destru-yendo a más de 60 parroquias.
  • La tormenta Lucia de 1287 cavó y formó al Zuider Zee.
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© British History/Wikipedia/e-Magazine
La Gran Tormenta de 1703. Gran Bretaña.
El problema no era sólo la inundación. Hubo muchas tormentas de arena que causaron gran destrucción, tal como la gran tormenta de Culbin Sands en 1694, que sopló tanta arena sobre el Culbin Estate en Escocia que los edificios de las granjas desaparecieron sepultados por la arena. El terren se convirtió en una desierto y nunca más fue reclamado.Un evento similar ocurrió en Forvie en Escocia, en 1413 cuando la ciudad desapareció debajo de una duna de 30 metros de altura.

Lamb también se refiere a las tormentas entre 1570 y 1668, que soplaron millones de toneladas de arena varios kilómetros tierra adentro a lo largo de Brecklands of Norfolk y Suffolk, enterrando valiosos campos de labranza. El área nunca fue recuperada y ahora es área de brezales.

Lamb cree que la fuerza de los vientos de estos eventos no tienen paralelo en el Siglo 20. (Ël escribió esto en 1991.)
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Tampoco fue sólo el Norte de Europa. hay estudios que sugieren un aumento en las tormentas e inundaciones en España.

Martin y Olcina en "Clima y Tiempos de España" notan cuatro períodos de eventos catastróficos (mitad del siglo 15, 1570-1610, 1769-1800, y 1820-1860) marcados por furetes lluvias, nevadas y tormentas marinas. Ellas estuvieron intercaladas con interludios de sequías mucho más severas y persistentes que las actuales.

Otro estudio investigó la bacía Vera, en el margen oriental de los campos Beticos, la región más seca de Europa, y a la bacía Penedes en la Cataluña Central. De manera específica, durante la Pequeña Edad de Hielo viejas terraza fueron barridas y se depositaron terrazas nuevas a lo largo de casi todos los sistemas de ríos and ambas bacías, particularmente a causa de un aumento de la magnitud de las inundaciones y la frecuencia "relacionada al giro hacia el sudeste de los vientos del oeste en el Hemisferio Norte durante la Pequeña Edad de Hielo.


La Ciencia


Esta es mucho más que una lista anecdótica.

Lamb cree que "es poco probable que la incrementada actividad de las tormentas en la Pequeña Edad de Hielo (PEH) tuviese que ver con la fuente de energía potencial en el, al mismo tiempo, aumentado gradiente térmico entre al superficie más fría del océano en los mares alrededor de Islandia y al océanos al sur de 50-55N y la Bahía de Vizcaya.

Un paper en 2011, por Trouet, Scourse y Raible, llega a la misma conclusión. Ellos evaluaron una cantidad de proxys que proveen evidencia de un aumento en las tormentas en el Noroeste de Europa, durante la PEH. Por ejemplo:
  1. La instalación de la PEH en el NO de Europa está notablemente marcada por el desarrollo de las dunas costeras a lo largo de las líneas costeras de la Europa occidental, ligadas a vientos sumamente fuertes durante la tormentas (Clarke y Rendell, 23009; Hansom y Hall, 2009) inundando con frecuencia asenta-mientos locales y por consiguiente con evidencia archivada que lo apoya (cf. Lamb, 1995; Bailey et al., 2001).
  2. Existe una cantidad de estudios de registros de depósitos eólicos de arena del occidente de Dinamarca que han registrado un período de desestabilización de las dunas de arena costeras y migración de arena durante la PEH y la han atribuido a una combinación de un aumento en la actividad de tormentas y fluctuaciones de los niveles del mar (Szkornik et al., 2008); Clemmensen et al., 2001; Aagaard et al., 2007).
  3. Similares registros e interpretaciones están disponibles para las Islas Británmicas (Hansom y Hall, 2009) y Escocia )Gilberson et al., 1999; Wilson, 2002).
  4. La información de la frecuencia de tormentas está provista por documentos navales históricos. En un análisis de los libros de bitácora de la Marina Real inglesa en el Canal de Mancha y los acercamientos del sudoeste cubriendo al período entre 1685 y 1750, Wheeler et al., (2010) notan un marcado aumento de la frecuencia de las galernas durante uno de los episodios más fríos de la PEH a fines del siglo 17 (1685-17000) hacia el final del Mínimo Maunder (MM). Durante estos años fríos del Mínimo Maunder el índice de galernas - la propor-ción de días sin borrasca- fue marcadamente más alta, con el calentamiento de 1730 marcado por una reducción de la actividad de borrascas (Wheeler et al., 2010)
  5. Esta fase tardía del Mínimo Maunder está también registrada por la deflación de arena en las turberas ombro-trópicas de Store mosse y Undarmosse en el sur de Suecia (De Jong et al., 2006).
  6. Más evidencia del aumento en la severidad de las tormentas durante el Mínimo Maunder la provee una recon-strucción basada en archivos (1570-1990) de "tormentosidad" en el Atlántico Noroeste y el Mar de Norte (Lamb y Frydendahl, 1991), que muestran una secuencia de severas tormentas de predominancia medio año invernal (Octubre-Marzo) en el período 1690-1720.
  7. Es importante notar, sin embargo, que el aumento de la actividad de tormentas durante la PEH no estuvo restringida al noroeste de Europa sino que también se registró más la sur a lo largo de la costa del Atlántico en Holanda (Jelgersma et al., 1885) y el norte y sudoeste de Francia (Sorrel et al., 2009; Clarke et al., 2002), Estas regiones están localizadas en el margen sur de la ruta de las tormentas del oeste en el Atlántico Norte durante las fases positivas de la NAO (Oscilación del Atlántico Norte) y podrían así apoyar potencial-mente a la mayor tormentosidad del escenario de pleno invierno de la Pequeña Edad de Hielo.
La evidencia apunta muy claramente a que las tormentas fueron mucho más intensas durante la Pequeña Edad de Hielo. Es demasiado pronto para comenzar a hacer juicios acerca de eventos recientes, pero si prueba que es el comienzo de una tendencia a largo plazo, lo último que yo haría sería preocuparme por el calentamiento global.
Nota al pie: hay una gran cantidad de estudios, muy numerosos, demasiados para elaborar aqui, que llegan a la misma conclusión. Sin embargo, aquí hay un buen resumen del asunto.