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Infantes en edad escolar decoraron con sus dibujos las paredes de la caverna de Rouffignac.
Los niños de la prehistoria, como Pebbles Picapiedra y Bam-Bam Mármol, asistían a una suerte de "guardería paleolítica", donde eran alentados a expresarse con pinturas rupestres.

La extraordinaria conclusión fue presentada en un congreso de Arqueología de la Infancia, realizado en Cambridge. Según Jessica Cooney, del ateneo británico, y Leslie Van Gelder, de la Universidad de Minnesota, niños prehistóricos en lo que hoy sería "edad escolar" participaron en la decoración de las paredes de la caverna francesa de Rouffignac.

Junto con las de Altamira, en España, y las de Lascaux, también en Francia, las cuevas de Rouffignac están entre las más famosas del mundo por sus pinturas rupestres.

La existencia de pinturas en Rouffignac se conoce desde fines del siglo XVI. En la gruta están representados 156 mamuts, 28 bisontes, 15 caballos, 12 cabras, diez rinocerontes, cuatro figuras humanas y un oso.

En 1956, los expertos descubrieron que las expresiones figurativas en las paredes se remontaban a 13.000 años.

En 2006, Van Gelder y su marido, Kevin Sharp, atribuyeron parte del trabajo -lo que en términos técnicos se llama "fluting" o "canales"- a niños.

Más recientemente, la misma estudiosa y Van Gelder identificaron una zona de la gruta reservada en particular para las pinturas de la infancia.

Los niños se sentaban sobre los hombros de los adultos y trazaban con sus dedos motivos sobre los muros y el cielo raso de la gruta. "Las paredes de las grutas son maleables, cubiertas por capas de arcilla o algo llamado 'leche de luna', que es un precipitado calcáreo", explicó Cooney.

La impresión que quedó en las paredes son líneas, círculos y algunos animales rudimentarios. La dimensión de las huellas de los dedos permitió remontarse a la edad de quienes las dejaron, explicó Van Gelder: en algunos casos niños de entre tres y siete años, y entre ellos una pequeña de cinco que, como tantos "colegas" actuales, sólo quería ensuciarse las manos y dejaba huellas por doquier.

Además, una parte de la gruta tenía tantas huellas de niños que, en opinión de Cooney, debía funcionar como una suerte de guardería. Sin embargo, hay todavía muchos interrogantes por responder; en primer lugar, si la tarea de pintar era confiada a los niños como forma de juego o como ceremonia ritual.