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Vecinos de La Restinga observan las evoluciones de la erupción submarina
El volcán de El Hierro sigue burbujeando a sólo 150 metros de profundidad y a dos quilómetros de la costa dejando restos de lava a su paso por el mar al expulsar el magma desde el fondo de las aguas canarias. "Que reviente ya", exclama una vecina desalojada de La Restinga, el pueblo más cercano a las burbujas del volcán submarino. "Quiero volver a mi negocio, y que acabe todo esto", matiza.

La alerta continúa en fase 1, y según algunos expertos, el futuro es una incertidumbre; aunque en pocas horas los vecinos de La Restinga podrán regresar a sus casas, según informaron ayer las autoridades. Han instalado unos instrumentos denominados hidrófonos que permiten saber como está el volcán en todo momento por si hubiera un nuevo riesgo de evacuación.

Los herreños también intentan recomponerse de otros sobresaltos: el desfile diario del Ejército que custodia la zona, periodistas colapsando su espacio vital, científicos y autoridades merodeando por el lugar y; rompiendo la tranquilidad de esta isla que nació con la peculiaridad de llevar en sus entrañas un volcán adormilado que despertó hace una semana.

Muchos de los vecinos desalojados ansían hacer vida normal. Quieren trabajar, ir a pescar, levantar sus negocios. Explican que no se sienten movimientos sísmicos y que "todo es mucho más tranquilo de lo que cuentan", dice la dueña de un restaurante del municipio cerrado tras la evacuación. Al otro lado de la isla, en la Frontera, el hostelero Miguel Torres lamenta las pérdidas que están sufriendo: "He perdido el 80% de mis huéspedes".

"Regresamos a La Restinga pero puede que nos desalojen otra vez"

Lorena Machín, vecina de La Restinga regenta el restaurante Casa Juan, el primer establecimiento que se abrió en el municipio, hace más de 30 años. Hace una semana que está cerrado: "Estamos perdiendo mucho dinero", explicó a ADN.

Los habitantes de esta localidad costera podrán regresar a sus casas hoy mismo después de que las autoridades los evacuaran al encontrarse muy cerca del volcán submarino. Lorena, su marido y su hijo de seis años están viviendo en El Pinar, un pueblo cercano: "Mi marido y mi padre son pescadores, y no pueden pescar, mi madre, cocinera y no puede trabajar, ¿qué hacemos?", dice.

La familia vuelve hoy al restaurante: "Regresamos a La Restinga pero puede que nos desalojen otra vez". La familia Machín reconoce haber tenido miedo a los movimientos sísmicos: "Te asustas, pero luego te acostumbras". Lorena nació en El Hierro y nunca había temido a una erupción volcánica: "Esperemos que acabe pronto".