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© AFP, Francois Nascimbeni
El presidente francés y candidato a la reelección, Nicolas Sarkozy, este lunes
París - Apremiado por su impopularidad a un mes y medio de las elecciones presidenciales francesas, Nicolas Sarkozy, candidato a un segundo mandato, cuenta con varias intervenciones mediáticas y apuesta por recuperar los votos de la extrema derecha tocando temas relacionados con la inmigración musulmana.

El jefe de Estado francés sufrió varios percances la semana pasada: el rechazo por parte del Consejo Constitucional de una ley que penalizaba la negación del genocidio armenio; su anuncio prematuro de la huida de Siria de la periodista francesa Edith Bouvier cuando ésta se encontraba todavía en Homs, y el abucheo que debió afrontar durante una visita al sudoeste del país.

El presidente sigue estancado en los sondeos de opinión cuando faltan menos de 50 días para las elecciones (22 de abril y 6 de mayo).

Las últimas encuestas siguen previendo su derrota, con un 42% de intenciones de voto en la segunda vuelta, mientras el candidato socialista, François Hollande, tendría un 58%. En la primera vuelta, con un 23%, tampoco recupera terreno respecto a Hollande, al que se le atribuyee 30,5%.

"Si el fin de semana seguimos sin recuperar un poco del atraso con respecto a François Hollande, estamos acabados", resumió un responsable de la campaña de Nicolas Sarkozy, citado por el diario Le Parisien.

El equipo de campaña del presidente-candidato ha previsto dos apariciones en medios de comunicación durante la semana, una de ellas en televisión a la hora de mayor audiencia, y un gran mitin el domingo en Villepinte, en la periferia de París, en el que se espera la asistencia de varias decenas de miles de simpatizantes.

También se espera, sobre todo, que Sarkozy presente su programa electoral completo.

Durante el fin de semana pasado se tuvo una muestra de lo que podría ser el eje del discurso del presidente. Su ministro del Interior, Claude Guéant, reiteró su oposición al derecho de voto para los extranjeros no europeos en las elecciones locales, afirmando que hay que evitar "que concejales extranjeros hagan obligatoria, por ejemplo, la presencia de carne 'halal' (de animales tratados en el matadero según el rito musulmán) en las cafeterías" de los centros educativos.

Esa declaración desencadenó las críticas de la oposición, que calificó sus palabras de "xenófobas" y "nauseabundas".

Sarkozy respaldó a su ministro y afirmó que "dar el derecho de voto a los extranjeros es poner al alcalde bajo amenaza del chantaje comunitario". Se declaró no obstante favorable a "etiquetas en la carne en función del modo de matanza". "Reconocemos a cada cual el derecho de saber lo que come, 'halal' o no", dijo.

Sus declaraciones reavivaron inmediatamente las críticas de la izquierda, que acusa al presidente de leer sus discursos ajustándose a los de la candidata del Frente Nacional, de extrema derecha, Marine Le Pen.

El equipo de campaña de Sarkozy recuerda además que la ley que prohíbe que las mujeres vistan el velo islámico íntegro en los espacios públicos fue masivamente respaldada por los franceses.

Sobre la cuestión de la inmigración, Sarkozy afirma que Francia debe "reducir el número de llegadas" a su territorio. "Es por ello que hay que poner condiciones a la agrupación familiar: un trabajo, una vivienda decente, el compromiso de aprender el francés", dijo.

La portavoz del candidato Sarkozy, Nathalie Kosciusko-Morizet, rechazó que hubiera "derechización" de la campaña, argumentado que no lo es "hablar de la República y decir (...) que la inmigración es una ventaja para Francia y que puede ser también un problema".