Los líderes europeos en la Conferencia de Seguridad de Munich que culpan al "nacionalismo" por el declive de Occidente confunden la causa con el efecto. Son sus vanos facsímiles de "liberalismo" los que instaron a los europeos a querer salirse de la UE.
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Nancy en Munich: "Miren, esto es lo que está mal con Occidente: ¡Es culpa de todos los demás!"
El tema de la conferencia de este fin de semana se centró en "la ausencia de Occidente" [Westlessness, en inglés] como tapadera para promocionar las virtudes del "intervencionismo liberal", y culpar al nacionalismo como principal obstáculo para la consecución de un imperio armonioso donde las guerras se gestionen de forma rentable y perpetua.

"El mundo se está desoccidentalizando. Pero lo más importante es que el propio Occidente también se está desoccidentalizando", advierte el Informe de Seguridad de Munich publicado el 14 de febrero en ocasión de la apertura de la conferencia con la participación de personalidades VIP de unos 70 países. Lo que implica el trasfondo del mensaje es: ¿En cuanto a "nosotros", qué es lo que vamos a hacer al respecto?

El informe no duda en culpar al nacionalismo por "la desunión espiritual contemporánea de Occidente". La "muerte cerebral" de la OTAN que tantos comentarios ha suscitado, la crisis migratoria, el agujero negro de la deuda que se traga las economías de EE.UU., y en menor medida las de otros países también, todo ello se atribuiría al "aumento de un campo antiliberal y nacionalista dentro del mundo occidental". Sus motivos para este tipo de declaraciones no se refieren a la guerra interminable con el fin de saquear los recursos de las naciones más pobres, ni al intento por demonizar a aquellas potencias mundiales que no están invitadas a la mesa de personajes "modélicos" con la intención de aplastar la disidencia dentro del paraíso democrático liberal, no, sería el descontento hacia el globalismo lo que ha arruinado "Occidente" para todo el mundo.

Estos reaccionarios incorregibles, se queja el informe, creen que "una comunidad unida por criterios étnicos, culturales o religiosos" es superior a la de una comunidad "unida por valores liberal-democráticos y abierta a todos los que comparten estos valores". Pero el mismo informe lamenta que el "liberalismo de imposición" - una "democracia" entregada a punta de pistola contra las naciones de Oriente Medio y del Sur global - ha dado paso a un "antiintervencionismo contundente", ya que las potencias occidentales se cansan de verse sumergidas en guerras inacabables. ¿Qué tiene de liberal o democrático la invasión y ocupación de países pobres para "protegerlos"?

El informe de Munich desbarata a los populistas de derecha como el partido español de Vox por avivar el miedo a una "invasión islámica", olvidándose que la misma marea migratoria que temen esos populistas proviene de naciones desestabilizadas por más de una década de guerra, a menudo librada con el sello aprobatorio de la OTAN. Está claro que invadir un país musulmán y masacrar a millones de sus residentes es más censurable para la comunidad islámica que "la petición de muros y fronteras, el rechazo de los refugiados o la oposición a la corrección política". El informe está horrorizado por las "tropas racistas", pero permanece en silencio, o incluso aprueba lo que a los ojos del mundo parece un intento de volver a litigar sobre las Cruzadas en el Medio Oriente.

Si bien los nacionalistas pueden oponerse a que los migrantes inunden sus comunidades, son muchos los que también se oponen a la intervención extranjera ilimitada, poniendo de relieve el verdadero problema que plantean al modelo occidental menos que liberal que ha tratado de llevar la "democracia" de sustitución a lugares donde no la quieren. Desde Nigel Farage del UKIP, pasando por la nacionalista francesa Marine Le Pen, hasta Donald Trump antes de 2017, todos tienden a considerar -contrariamente a su imagen de amargados enemigos del islam- el interminable conflicto que Occidente ha librado en Oriente Medio como algo inútil y autodestructivo. Muchos quieren salirse de la OTAN, si no de la UE, y han expresado su interés por arreglar los problemas de su propio país antes de salir al extranjero en busca de monstruos que destruir.

No sólo los asuntos de guerra y paz son los que han demostrado la falsedad de la versión de la facción globalista sobre "valores liberales-democráticos", por supuesto. No hay nada liberal o democrático en mantener al editor de Wikileaks, Julian Assange, en unas condiciones que los observadores internacionales han equiparado a una tortura para ser extraditado a los EE.UU. donde hacer frente a lo que podría convertirse en cargos capitales, igual que procedió el Reino Unido bajo los primeros ministros Theresa May y Boris Johnson.

Tampoco es liberal o democrático amenazar con el recorte de los medios de comunicación adversarios durante el período previo a las elecciones con la intención de detener la difusión de las llamadas "fake news," como fue el caso de Francia bajo el presidente Emmanuel Macron. La libertad de información es fundamental para la democracia, pero ha sido pisoteada por los gobiernos de "Occidente" en sus esfuerzos por aplastar la oposición al imperio. Los periodistas que se oponen a la guerra son desprestigiados y tachados de agentes afiliados a potencias extranjeras (quienes, irónicamente, se presentan como los verdaderos Estados autoritarios), y los que no comulgan con lo que los medios de comunicación simpatizantes del gobierno venden, se les declara "idiotas fáciles de manipular", que les han lavado el cerebro o que han sido radicalizados por nefastas entidades extranjeras.

Por lo tanto, únicamente la ausencia de verdaderos valores liberal-democráticos es lo que ha convertido el nacionalismo en una fuerza tan poderosa. Occidente sólo puede culparse a sí mismo de su propio declive tras haber optado por la desestabilización de enormes franjas del Oriente Medio a pesar de su total incapacidad para hacer frente a las repercusiones, desde la migración humana hasta el colapso financiero. Los partidos nacionalistas y populistas que se han levantado tras el desbarajuste del orden internacional liberal no son más que un intento por parte de la gente ordinaria de recomponer lo poco que queda para encontrarle una solución.

"En la era posterior a la Guerra Fría, las coaliciones lideradas por Occidente tenían libertad para intervenir en casi cualquier lugar. Normalmente se podía contar con el apoyo del Consejo de Seguridad de la ONU, y siempre que se organizaba una intervención militar, Occidente disfrutaba de una libertad de movimiento militar que era prácticamente indiscutible", relata el informe en un tono literal de nostalgia por la era de la incuestionable superioridad militar e ideológica de la OTAN.

Si la "ausencia del occidentalismo" que temen los que esgrimen el "liberalismo" y la "democracia" como armas es que Occidente ya no es libre de perseguir su sueño de guerras interminables y sin obstáculos, tal vez eso sea algo que los europeos - y el resto del mundo también - deberían de abrazar.
Sobre el autor

Periodista y comentarista política estadounidense en RT. Síguenla en su twitter @velocirapture23