La guerrilla cobra a los narcos el 10% del total de la producción de droga en el departamento. Detrás de los ataques está la presión por cuidar las vías del tráfico.
Narcotráfico en el Cauca
© Elpaís.com.co | Aymer Álvarez
Hace unos días se registró un fuerte enfrentamiento entre los militares y los indígenas en pleno cultivo de hoja de coca en la vereda Huasanó, en el municipio de Corinto (Cauca). La comunidad exigió a la Fuerza Pública salir de su territorio.
Al otro lado de la línea telefónica el desmovilizado del Frente Sexto de las Farc se confiesa: detrás de los hostigamientos, las 'chivas bomba', los 'tatucos' y minas antipersona que son noticia diaria, en el Cauca existe un enemigo que alimenta la guerra: el narcotráfico.

-¿Por qué las Farc se ensañaron con esta región?

-La plata, la plata. Los cultivos de coca y marihuana de esta tierra dan mucho billete, por eso la guerrilla no se va a ir -advierte el exsubversivo-.

- ¿Cómo es el negocio?

- Redondo. Uno gana por el cultivo, la fabricación y la venta. Con decirle que yo en la semana me sacaba $50 palos (millones) sólo por el impuesto que le cobraba a los narcos -revela-.

El exguerrillero hace pocos meses era uno de los 17 jefes de milicias que -de acuerdo con información de inteligencia- manejan el tráfico de drogas en los municipios del norte del Cauca.

Según sus cuentas, las Farc recogen un promedio de $850 millones cada semana por la coca y marihuana que se mueve en esta zona del departamento: $3.400 millones al mes, $40.800 millones al año. Un negocio redondo -repite-.

El botín

Su ubicación geográfica tiene al Cauca cargando una condena hace casi 50 años: ser la casa de la Farc. Pero más allá de esta cualidad estratégica, las autoridades coinciden en que los cultivos ilícitos son la gasolina de la guerra en el departamento.

El último informe de la ONU lo confirma: esta región tiene unas 6.066 hectáreas sembradas con hoja de coca y es el cuarto departamento del país con más cultivos ilícitos.

Por eso -explica el comandante de la Fuerza de Tarea Apolo del Ejército, el general Jorge Jeréz- la guerrilla no abandona este botín. "Con la plata que sacan de la droga de la región compran armas, municiones, todo lo que necesitan".

Lo que más preocupa a las autoridades es el aumento de los cultivos. En los últimos siete años el Cauca pasó de 1.266 hectáreas de coca (2004) a más de 6.000 (2011), de acuerdo con las cifras de la Corporación Nuevo Arco Iris.

Las mismas organizaciones de indígenas afirman que cerca del 80% del total de cultivos de municipios como Caloto, Corinto, Miranda y Toribío es ilícito (cocaína, marihuana o amapola).

A raíz de este panorama, expertos en conflicto advierten que detrás de los hostigamientos que este mes sacudieron la zona hay otros intereses oscuros. En los últimos dos meses, según labores de inteligencia, las bandas dedicadas al negocio ilegal han realizado varias reuniones en las que han presionado a la guerrilla para que ataque a la Fuerza Publica y así despeje los corredores del transporte de droga.

Un oficial de la Policía del Cauca resume la situación en una frase: "cada ataque guerrillero significa que hay una o varias volquetas de alucinógeno que necesitan salir del territorio caucano".

Cadena productiva

El negocio funciona así: las Farc ganan por lado y lado. En una oficina de la base militar del municipio de Miranda, los hombres de inteligencia de la Fuerza de Tarea Apolo aseguran que hoy el grupo subversivo controla el 100% de la droga que se mueve en la región.

Aunque los dueños de la mercancía son narcotraficantes de diferentes zonas del país -la mayoría del Valle, Nariño, Putumayo y Caquetá- cada gramo, kilo o tonelada que se procesa en el Cauca debe tener el visto bueno de los cabecillas de las Farc, quienes cobran una 'vacuna' por el cultivo, procesamiento y transporte.

El País conoció que el impuesto que hoy pide la guerrilla en el departamento es del 10% del total de la producción. Sin embargo, en los últimos días informes de inteligencia han revelado que el grupo no está conforme con dicho valor.

En las interceptaciones de conversaciones recientes entre los cabecillas, se escuchó al segundo al mando del Frente Sexto, alias El Burro, hablando con sus hombres de la necesidad de reunirse con los narcotraficantes para subirles la cuota al 20%.

¿La razón? El aumento de los controles en la región. Según la Fuerza Pública, la ubicación de retenes en algunos corregimientos como El Palo, que comunica a Caloto con Toribío, han frustrado el transporte de varios cargamentos.

Por eso la guerrilla quiere cobrar más por la seguridad que brinda a los narcotraficantes para movilizar el alucinógeno. De acuerdo con investigadores de la Policía Judicial del Cauca, hoy ya no se transportan cantidades grandes, sino envíos pequeños camuflados entre productos legales que -preferiblemente- opaquen el olor del estupefaciente.

Un hombre que el martes pasado fue detenido con una tonelada de marihuana dentro de un camión con cajas de leche contó a El País que el cargamento del estupefaciente se llevó a cabo en una bodega del casco urbano de Caloto.

El hombre insiste en que no sabía que transportaba una sustancia ilegal, que sólo confió en un "tal Carlos" que lo contrató, por $1.400.000, para transportar el producto hasta Bogotá. El viaje del martes era el cuarto que realizaba con el cliente. "No había tenido problema, dejaba el camión en la bodega y luego lo recogía cargado".

La Policía no le cree, pues afirma que hoy son muchos los transportadores que se dedican a este negocio y cuentan con la ayuda de trabajadores de bodegas que utilizan la fachada de productos reconocidos para enviar cargamentos ilegales.

Además de las tácticas a las que ha tenido que recurrir la guerrilla para el transporte del estupefaciente, su intención de aumentar la 'vacuna' a los narcos también sería por mera ambición. La cuenta es sencilla: si cada mes el Frente Sexto recoge $3.400 millones (10%) por el tráfico de drogas, los narcos estarían ganando más de $340.000 millones, una cifra muy atractiva para las Farc.

Pero no sólo para la guerrilla, las bandas criminales mantienen una fuerte presión para ingresar al narcotráfico en el Cauca.

De acuerdo con el coronel Jaime Escobar, comandante de la Regional 4 de la Policía Antinarcóticos -Valle, Cauca y Nariño-, un componente de 'los Rastrojos' sí participa en el proceso de la comercialización de la droga.

Mientras que en Miranda, Caloto y Corinto el negocio está a cargo de un grupo conocido como 'los Pastusos'.

Cultivador, el más pobre

En la cancha de fútbol de Monterredondo, zona rural de Miranda, don Jorge pregunta si su pinta se parece a la de un narcotraficante. "Acaso me veo como una persona que mueve droga. No, soy un habitante más, como todos".

El hombre cuenta que desde hace años cultiva y vende la hoja de coca, pero aún así sigue siendo el mismo "arrancado". En su parcela tiene unas mil matas regadas entre unos cuantos cultivos de plátano y café, pero -aclara- eso a duras penas le alcanza para comer.

Cada tres o cuatro meses saca unas 20 arrobas de coca que vende a unos $35.000 cada una, con ese dinero sobrevive su familia. Si cultivara café, la ganancia sería mayor pero para eso necesita un buen capital.

"Muchas veces he querido tener sólo los cultivos de café, pero uno de dónde saca la plata para los fertilizantes, el riego y todo eso", declara don Jorge mientras explica que la coca se siembra sola y ni siquiera se tiene que preocupar por el transporte, pues antes de que salga el cultivo ya tiene un cliente esperando.

Alfredo Ocampo, encargado de la unidad económica de la Asociación de Cabildos Indígenas del Norte del Cauca (Acin), dice entender a don Jorge. Explica que en la región el programa de sustitución de cultivos no ha despegado debido a la falta de apoyo del Gobierno.

Hoy la organización tiene una propuesta para que los indígenas tengan un sustento propio a través de cultivos lícitos. Cada una de las 20.000 familias que tienen tierras en el norte del Cauca necesitaría unos $6 millones para empezar: $120.000 millones en total. ¿Cuánto tienen? "Ni mil pesos", responde Alfredo.

Por eso -explica el líder- los habitantes prefieren los cultivos ilícitos. Incluso se estima que en el último año la cosecha de alimentos ha bajado un 20%, pues la comunidad quiere cultivar sólo coca y marihuana.

Eso ha desatado otro drama: las zonas de la región con más cultivos ilícitos también registran los niveles más altos de desnutrición en los niños, según los reportes de la Acin.

Entonces, los mismos indígenas reconocen que el narcotráfico no es sólo la gasolina de la guerra en el Cauca, también -admiten- es la causa de muchas de las tragedias que carga su pueblo.