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Luis de Velasco
Más de diez años después de los ataques "terroristas" del 11 de septiembre de 2001 a Estados Unidos un tercio de ciudadanos de ese país siguen culpando de los mismos al dictador iraquí Sadam Hussein. Esta mentira, una más de una guerra montada sobre mentiras por la administración Bush y su cohorte de medios fieles, fue una de las causas de la invasión de Irak, fecha que hoy cumple diez años con un balance desolador, sobre todo para los sufridos habitantes de ese país azotado hoy por el terrorismo [NdE: creado y alimentado por occidente], las luchas internas y un retroceso humano de muchos, muchos años.

Fue claramente un guerra de opción, de agresión, ilegal e ilegítima y no, como se presentó por Bush y sus aliados con los serviles Blair y Aznar a la cabeza, una guerra defensiva frente a un ataque inminente con unas proclamadas armas de destrucción masiva cuya existencia nunca se demostró porque no existían ni podían existir en una país destrozado por años de anterior bloqueo norteamericano que buscaba, como se dijo oficialmente, "devolverlo a la Edad Media".

Se trataba así, en la gran mentira, de desarmar al tirano Hussein, de terminar con su apoyo al terrorismo (y aquí entraba en el crédulo imaginario colectivo americano el ataque del 11-S) y de establecer en Irak una "democracia modelo" para la región. Por supuesto, nada de petróleo o de buscar un cambio geoestratégico en la región bendecido por el eterno aliado, Israel. Con esas divisas, empezó la invasión, como parte, no se olvide, de la entonces llamada "Guerra contra el Terror" con un objetivo, el llamado "Eje del Mal", integrado por Irak en cabeza y, a continuación, en pleno fervor patriótico, contra Irán y Corea del Norte. La misión pareció pronto terminada y con éxito, escenificada en la payasada de Bush llegando pilotando a un portaaviones decorado con una gran pancarta "Mission Accomplished". Pero ahí empezaron los problemas.

Diez años después el balance es catastrófico. Algunas cifras: más de 150.000 muertos iraquíes, más de cinco millones de refugiados y desplazados, innumerables conflictos religiosos y étnicos internos, sufrimientos, años de dolor que quedan atrás y muchos que quedan por delante. Más de 4.500 americanos muertos y más de 30.000 heridos, juventud sacrificada, todos ellos de los sectores más pobres del país que son los que se alistan. Coste estimado total hasta ahora (irá creciendo) de cerca de dos billones de dólares.

Todo ello por decisiones mesiánicas muy dignas de cárcel (algo que nunca ocurrirá) de Bush y su camarilla con gente como Cheney, Rumsfeld, Powell, Rice, Wolfowitz y otros a la cabeza. Claro que, como siempre, esta guerra ha tenido ganadores, sobre todo las empresas americanas que recibieron contratos multimillonarios para la "reconstrucción" donde además ha habido gigantescos fraudes.

Esta guerra, conjuntamente con las medidas adoptadas internamente en EEUU tras el 11-S, ha supuesto un deterioro claro en las libertades internas y un aumento de las violaciones de todo orden al derecho internacional con ejemplos como Guantánamo, los secuestros y entregas, las torturas y los aviones no tripulados. Una terrible herencia de Bush para Obama que éste no ha sabido o querido rechazar en su totalidad. Más aún: cuando se escriba la historia de estos años, el desastre de la invasión de Irak aparecerá como un punto de inflexión que marcó el comienzo del declive del imperio americano. Hay ya signos claros sólo diez años después.