Hace poco en un centro comercial de Inglaterra, una chica se paseaba recolectando firmas para solicitar al Estado que el servicio de salud cubra gratuitamente la ablación clitórica, por ser este un supuesto "derecho" y "tradición cultural" de las minorías musulmanas residentes en este país. Esto era parte de un experimento social para ver a qué nivel de corrección política han llegado los ingleses y como esto puede afectar su toma de decisiones.

Lo sorprendente es que la mayoría de personas terminó dando su firma. ¿Por qué lo hicieron? El estudio sugiere que muchos, pese a conocer en qué consiste esta atroz practica y estar personalmente en contra de ella, firmaron por temor a ser vistos como xenófobos o intolerantes religiosos. El problema que se pone así en evidencia es que este mismo razonamiento se está replicando en muchos otros asuntos de discusión pública. ¿Cuál es el resultado de esta progresiva imposición de lo políticamente correcto? ¿Cómo puede influir en la toma colectiva de decisiones? ¿Qué tan válido es lo que plantea? Y sobre todo ¿Quiénes se benefician con ella?

La "moda" de lo políticamente correcto no es otra cosa que la imposición de una determinada moral - relativista- a la sociedad bajo la amenaza de ser descalificado personalmente si no se acepta. En este caso particular lo que se impuso fue un relativismo cultural en el cual basta que un determinado acto sea tradición o costumbre de alguna minoría o grupo oprimido para que esté más allá del bien y del mal. Pero al ser la imposición de lo políticamente correcto un método tan efectivo para la producción en masa falacias ad hominem, este caso, lejos de ser el último, es solo un ejemplo de lo que viene ocurriendo en muchos otros asuntos. Así, el que está en contra de la adopción de niños por parejas homosexuales es homofóbico, el que está en contra del aborto es machista y misógino, el que está a favor de la libertad económica es cómplice de las malvadas corporaciones internacionales que quieren destruir el medio ambiente y el que tiene un gesto de caballerosidad es un heteropatriarcalista dominante simbólico.


Comentario: Este tipo de pensamiento denota además un preocupante grado de pensamiento del tipo "blanco o negro", normal en el desarrollo de un niño de dos años o un poco más, pero ciertamente no muy saludable en la mentalidad de un "adulto". Un ejemplo bien conocido de tal pensamiento es el de "estás conmigo o en mi contra", bastante típico en las tiranías contra las cuales estos llamados "progresistas" dicen luchar.


Si miramos con más detenimiento esta imposición de lo que acertadamente se ha dado por llamar marxismo cultural (el lector atento ya se habrá dado cuenta que los políticamente correctos buscan plantear todo en términos de estructuras de dominación) veremos que no tiene fundamento alguno. Sus defensores usualmente buscan colgarse de argumentos liberales como la tolerancia o el principio del daño pero estos no tienen nada que ver con lo que buscan defender. La tolerancia implica necesariamente el disenso y, al menos desde la perspectiva auténticamente liberal, pasa por no imponer, no por aceptar. Además, la visión positiva - intervencionista- de las libertades que sostienen los defensores de lo políticamente correcto no podría estar más alejada de la concepción liberal de derechos negativos y de libertad como no coacción.

En efecto, los marxistas culturales no son liberales sino una suerte de nuevos fariseos. Son más cerrados y reaccionarios que los sectores a los que pretenden criticar y predican la tolerancia atacando amargamente a quienes piensen distinto. En todo caso podría decirse que son una reducción al absurdo de los planteamientos igualitaristas.

El problema es que las falacias lógicas tienen un alto poder de convencimiento y que en varios aspectos de la discusión pública ya se ha impuesto lo políticamente correcto casi como un deber moral. Y muchos, a pesar de que esta contravenga sus principios, no se atreven a criticarla por miedo a ser rotulados de fachos, opresores o intolerantes. El efecto de esta imposición ha sido en buena cuenta empobrecer los debates en torno a muchos aspectos reduciendo la libertad de expresión de sus participantes e imponiendo ideologías únicas que es políticamente incorrecto criticar. Además, se ha terminado por deformar o ideologizar demandas que sí eran válidas e importantes.

Esta forma de debatir amordazando al que piensa diferente es completamente antidemocrática y contradice todo el discurso de pluralidad y tolerancia que ni sus defensores se creen. Lo políticamente correcto finalmente no es una forma sincera de pensar o algo en lo que verdaderamente se cree sino un medio para imponer soslayadamente y sin argumentos válidos ideologías únicas e incuestionables.

No se equivocaba Octavio Paz al afirmar que "si existe un sector reaccionario en América Latina es el de los intelectuales de izquierda. Esta gente no tiene memoria. No he escuchado a ninguno de ellos admitir que se equivocó. El marxismo se ha convertido en un vicio intelectual, es la superstición del siglo"[1].
[1] Octavio Paz, citado por Alan Riding, New York Times (3 de mayo de 1979)