El laboratorio farmacéutico AbbVie ha sido condenado en Estados Unidos (EE.UU.) por marketing fraudulento de su producto superventas AndroGel, testosterona recetada para aumentar la potencia sexual de los hombres y retrasar el envejecimiento. La farmacéutica deberá pagar 150 millones de dólares.
La testosterona de uso local externo se usa para tratar a los hombres que tiene insuficiencia natural de esta hormona. Pero su uso se ha extendido con cualquier excusa de índole sexual. Ahora comprobamos que si AbbVie ha conseguido un éxito económico con este producto es porque ha hecho un "marketing agresivo" como dicen en USA, una promoción ilegal, fraudulenta, para entendernos, entre los médicos y doctoras.

La "multa" también es por incentivar el uso off label, fuera de las indicaciones legales aprobadas para este tratamiento. En realidad, la condena es por falsear la realidad científica y médica del producto.

La condena corresponde al daño punitivo. En España no tenemos esa figura jurídica en EE.UU. la tienen para que este tipo de empresas se lo vuelvan a pensar otra vez llegado el caso de intentar cometer esas (y otras) irregularidades o corruptelas.

Es decir, el daño punitivo es una condena pecuniaria de escarmiento. En el país norteamericano existen más de 6.000 demandas agrupadas en Chicago contra el fabricante de AndroGel.

Las personas que han acudido a la Justicia estadounidense alegan que la empresa incentivó el uso fuera de indicación del producto y sus responsables pusieron a los pacientes en "riesgo innecesario". La receta off label de productos farmacéuticos es un peligro social. En el Bufete Almodóvar & Jara llevamos, por ejemplo, el caso de la muerte de Borja (en la foto). El niñofalleció a la edad de cinco años tras consumir el medicamento Invega del laboratorio Janssen.

Borja era epiléptico pero le recetaron un fuerte fármaco para la esquizofrenia, tras un diagnóstico tardío y que sólo debía administrarse a mayores de 15 años. El niño ha sido una víctima más de la receta de tratamientos fuera de indicación, de la medicalización de la infancia y la mala praxis.

En el despacho estamos investigando en proceso penal si la empresa ha incentivado el uso off label del producto en niños. De momento, sabemos que el laboratorio reconoce que la muerte probablemente fue provocada por el fármaco.

Parece ser que lo que ha ocurrido en Estados Unidos es que AbbVie desarrolló una campaña de marketing agresivo y del miedo instando a los hombres a que se hicieran pruebas o tests de comprobación de los niveles de testosterona.

La compañía farmacéutica alega que su producto no ha ocasionado ningún daño y piensa recurrir la condena punitiva.

Los demandantes, sin embargo piensan muy distinto y argumentan que el producto ha ocasionado graves daños a su salud y en concreto citan ataques al corazón. Hace ya tiempo, en febrero de 2014, publicamos que la FDA, agencia de medicamentos de Estados Unidos, estaba investigando el riesgo de accidente cerebrovascular, ataque cardiaco y muerte en los hombres que tomaban productos con testosterona. Habían aparecido nuevas evidencias (pruebas) de dichos daños y fallecimientos en dos estudios recientes.

La campaña de marketing del miedo de AbbVie comenzó en 2008. Y captaron a miles y miles de hombres de mediana edad con "niveles bajos de testosterona" a los que convencieron de que esta terapia aumenta los niveles de energía y mejora el día a día, no sólo la actividad sexual.

El resultado de estas prácticas corruptas es haber convertido AndroGel en un medicamento superventas. Ahora la farmacéutica tendrá que pagar una parte de lo recaudado. Lo paradójico es que sólo será una parte de los beneficios. Es decir, la corrupción sigue siendo rentable.

La promoción de productos como Androgel de AbbVie y Axiron de Lilly ha impulsado las ventas de testosterona a más de 2.000 millones de dólares. En Estados Unidos 2,3 millones de personas recibieron una receta por testosterona en 2013, un aumento de 77% comparado con 2010, según cifras de la FDA.

El auge del uso de la hormona masculina testosterona para combatir el envejecimiento es una campaña de marketing que esconde los peligros de estos tratamientos y se basa en una enfermedad inventada.

La "moda", importada de Estados Unidos, se expande por España en clínicas privadas y sanidad pública.

La conversión en "enfermedad" de las disfunciones sexuales tanto femeninas como masculinas lo advertíamos ya en 2010 en un post que podéis leer: El perro se ha comido mi parche de testosterona. Tratamos pues, como queda acreditado con la condena de USA de marketing financiado por las compañías farmacéuticas disfrazado de ciencia.