Las plántulas de maíz que crecen juntas emiten señales subterráneas en forma de secreciones químicas que afectan el crecimiento de las plantas cercanas, lo que demuestra que las plantas han desarrollado complejos sistemas químicos de comunicación para compensar su estilo de vida inmóvil.
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Un estudio publicado el miércoles en la revista científica PLOS ONE por un equipo liderado por Velemir Ninkovic de la Universidad Sueca de Ciencias Agrícolas, muestra que muchos de los mensajes de las plantas toman la forma de productos químicos secretados por las raíces en el suelo, que se detectan a través de las raíces de las plantas cercanas. Estas secreciones le dicen a las plantas si sus vecinos son parientes o extraños y les ayudan a dirigir su crecimiento en consecuencia.

Los científicos saben desde hace tiempo que las plantas usan señales químicas para comunicarse entre sí, pero en el nuevo documento, los investigadores demuestran que las plantas pueden responder al estrés de una manera que también afecta a otras plantas.

En una serie de experimentos con plántulas de maíz, el equipo de científicos demostró que una planta que modifica su crecimiento en función del contacto físico con sus vecinos afectará el crecimiento de las otras plantas cercanas. En otras palabras, su familia y sus vecinos son sensibles al estrés que sufren y le dan espacio.
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Cuando la planta intermedia toca otra planta, libera sustancias químicas que pueden afectar el crecimiento de otra planta que no estuvo involucrada.
En los experimentos, los investigadores peinaron las hojas de maíz para simular el contacto de una hoja de la planta cercana y luego recogieron los productos químicos secretados por las raíces en la solución de crecimiento de la plántula. Las nuevas plantas transferidas a esa tierra con esas sustancias químicas respondieron dirigiendo sus recursos a cultivar más hojas y menos raíces que las plantas de control.

"Nuestro estudio demostró que los cambios inducidos por el contacto mecánico sobre el suelo entre las plantas pueden afectar las interacciones subterráneas, actuando como señales en la predicción de los futuros competidores", dice Velemir Ninkovic.

Los autores demostraron también que incluso las perturbaciones breves sobre el suelo pueden provocar cambios en la comunicación subterránea que provocan que las plantas cercanas cambien sus estrategias de crecimiento.