Los habitantes de la región de Sidney se preparaban este lunes a afrontar una situación "catastrófica" debido al recrudecimiento de los incendios, que impulsó a las autoridades a declarar el estado de emergencia, situación inédita para la mayor ciudad australiana.
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Las llamas azotan Harrington, a unos 335 km al noreste de Sídney, el 8 de noviembre de 2019.
Las autoridades han advertido que "están en peligro vidas y viviendas".

"Nada está construido o concebido para resistir al tipo de situación catastrófica que podemos esperar" declaró Shane Fitzsimmons, responsable de bomberos del estado de Nuevas Gales del Sur (sudeste), que incluye a Sidney.

Las elevadas temperaturas y los fuertes vientos, que se esperan para el martes, deben atizar los incendios que condujeron a la primer ministra de este estado, Gladys Berejiklian, a declarar el Estado de emergencia por siete días.


Más de 350 escuelas estarán cerradas y el ejército ha sido encargado de proporcionar apoyo logístico a los bomberos.

Decenas de fuegos no controlados en el norte de este estado han dejado desde el viernes tres muertos y más de 150 viviendas destruidas, obligando a huir a miles de habitantes.

En los últimos días, unos 11.000 km2 - equivalente de Jamaica - han sido quemados, según el servicio de incendios del estado.

Tras una situación de mayor calma este lunes, el martes las zonas más afectadas podrían ser las Blue Mountains al oeste de Sidney, el valle vitícola de Hunter, al norte, y la región de Illawarra al sur de la ciudad.

"Mañana (martes) habrá que proteger la vida, los bienes, e intentar que todo el mundo esté lo más seguro posible" declaró Berejiklian.

Algunas regiones, ya afectadas por los incendios de los últimos días, se disponen a enfrentarse a esta nueva amenaza.

En las ciudades costeras de Old Bar, al norte de Sidney, los bomberos estaban de vuelta para quemar zonas hasta ahora no afectadas por los incendios. "Las quemamos para que dejen de ser una amenaza en los próximos días" explicó Brett Slavin, un bombero.

Humo tóxico

Tras haber sido obligada a evacuar, Shirley Murphy, de 82 años, volvió a su casa y reconoce haber tenido "suerte" de que la vivienda siga en pie.

En período estival, los incendios de maleza y monte bajo son frecuentes en la inmensa isla-continente de Australia, pero este año empezaron de forma precoz.

El cambio climático y de los ciclos meteorológicos han generado una sequía excepcional, una débil tasa de humedad y fuertes vientos, que contribuyen a generar incendios en la maleza.

Según Paul Read, un experto de la universidad Monash, este año "al haber sido los fuego más precoces" la situación "se va a agravar a medida que el verano (austral) se acerca".

Además del peligro de muerte que constituyen estos incendios, Read destaca los riesgos para la salud de las nubes de humo tóxico que generan estos fuegos.

"Un índice de calidad del aire superior a 300 es considerado peligroso por todo el mundo, y no solamente para las personas vulnerables", explica.

Según él, este nivel ha sido superado en varios lugares, incluso en Sidney.

La presencia de nubes de humo tóxico ha sido señalada hasta en Nueva Caledonia, a cerca de 1.500 km del otro lado del mar.

Estos incendios, particularmente violentos, han generado polémica pues el gobierno conservador está acusado de minimizar la amenaza del cambio climático.

El viceprimer ministro Michael McCormack, jefe del Partido nacional rural en el seno de la coalición en el poder, fue criticado por haber dado a entender que no era el momento de hablar de clima.

"No nos interesan ahora los delirios sobre algunas capitales puras, iluminadas y verdes, mientras (la gente) intenta salvar sus casas", declaró.