Traducido por el equipo de SOTT.net en español

Las personas que se recuperan de la Covid-19 leve tienen células de la médula ósea que pueden producir anticuerpos durante décadas, aunque las variantes víricas podrían atenuar parte de la protección que ofrecen.
bone marrow plasma cell antibodies covid
© Dr Gopal Murti/Science Photo Library
Una célula plasmática de la médula ósea (coloreada artificialmente). Estas células, que producen anticuerpos, permanecen durante meses en el cuerpo de las personas que se han recuperado de Covid-19.
Muchas personas infectadas por SARS-CoV-2 probablemente fabricarán anticuerpos contra el virus durante la mayor parte de su vida. Así lo sugieren los investigadores que han identificado células productoras de anticuerpos de larga duración en la médula ósea de personas que se han recuperado de la Covid-191.

El estudio aporta pruebas de que la inmunidad desencadenada por la infección por SARS-CoV-2 será extraordinariamente duradera. Además de las buenas noticias, "las implicaciones son que las vacunas tendrán el mismo efecto duradero", afirma Menno van Zelm, inmunólogo de la Universidad de Monash en Melbourne (Australia).


Comentario: "las implicaciones son que las vacunas tendrán el mismo efecto duradero".

No necesariamente. El horror que es la vacuna de ARNm fuerza la producción de anticuerpos para cepas específicas de SARS, mientras que ignora las constantes mutaciones que se producen de forma natural.


Los anticuerpos (proteínas que pueden reconocer y ayudar a inactivar las partículas virales) son una defensa inmunológica clave. Tras una nueva infección, unas células de corta duración llamadas plasmablastos son una fuente temprana de anticuerpos.

Pero estas células desaparecen poco después de que se elimine el virus del cuerpo, y otras células más duraderas fabrican anticuerpos: las células B de memoria patrullan la sangre para la reinfección, mientras que las células plasmáticas de la médula ósea (BMPC) se esconden dentro de los huesos, filtrando anticuerpos durante décadas.

"Una célula plasmática es nuestra historia de vida, en términos de los patógenos a los que hemos estado expuestos", dice Ali Ellebedy, inmunólogo de células B de la Universidad de Washington en San Luis, Missouri, que dirigió el estudio, publicado en Nature el 24 de mayo.

Los investigadores presumían que la infección por SARS-CoV-2 desencadenaría el desarrollo de las BMPC (casi todas las infecciones víricas lo hacen), pero ha habido indicios de que la Covid-19 grave puede interrumpir la formación de las células2. Algunos de los primeros estudios sobre la inmunidad frente a la Covid-19 también avivaron las preocupaciones al descubrir que los niveles de anticuerpos descendían poco después de la recuperación3.

El equipo de Ellebedy realizó un seguimiento de la producción de anticuerpos en 77 personas que se recuperaron de casos de Covid-19, en su mayoría leves. Como se esperaba, los anticuerpos contra el SARS-CoV-2 cayeron en picado en los cuatro meses posteriores a la infección. Pero este descenso se ralentizó, y hasta once meses después de la infección, los investigadores todavía podían detectar anticuerpos que reconocían la proteína espiga del SARS-CoV-2.

Para identificar el origen de los anticuerpos, el equipo de Ellebedy recogió células B de memoria y médula ósea de un subconjunto de participantes. Siete meses después de desarrollar los síntomas, la mayoría de estos participantes seguían teniendo células B de memoria que reconocían el SARS-CoV-2. En 15 de las 18 muestras de médula ósea, los científicos encontraron poblaciones extremadamente bajas pero detectables de BMPC, cuya formación había sido desencadenada por las infecciones por coronavirus de los individuos entre 7 y 8 meses antes. Los niveles de estas células se mantuvieron estables en las cinco personas que dieron otra muestra de médula ósea varios meses después.

"Se trata de una observación muy importante", habida cuenta de las afirmaciones sobre la disminución de los anticuerpos contra el SARS-CoV-2, afirma Rafi Ahmed, inmunólogo de la Universidad de Emory en Atlanta (Georgia), cuyo equipo descubrió las células a finales de la década de 1990. Lo que no está claro es cómo serán los niveles de anticuerpos a largo plazo y si ofrecerán alguna protección, añade Ahmed. "Estamos al principio del juego. No estamos mirando 5 o 10 años después de la infección".

El equipo de Ellebedy ha observado los primeros indicios de que la vacuna de ARNm de Pfizer debería desencadenar la producción de las mismas células4. Pero la persistencia de la producción de anticuerpos, ya sea provocada por la vacunación o por la infección, no garantiza una inmunidad duradera contra la Covid-19. La capacidad de algunas variantes emergentes del SARS-CoV-2 para atenuar los efectos protectores de los anticuerpos significa que pueden ser necesarias inmunizaciones adicionales para restaurar los niveles, dice Ellebedy. "Mi presunción es que necesitaremos un refuerzo".

Referencias
  1. Turner, J. S. et al. Nature https://doi.org/10.1038/s41586-021-03647-4 (2021).Article Google Scholar
  2. Kaneko, N. et al. Cell 183, 143-157 (2020).PubMed Article Google Scholar
  3. Long, Q.-X. et al. Nature Med. 26, 1200-1204 (2020).PubMed Article Google Scholar
  4. Ellebedy, A. et al. Preprint at Research Square https://doi.org/10.21203/rs.3.rs-310773/v1 (2021).