
Lo que los ilegales balleneros Japoneses hacen y lo que los gobiernos con responsabilidad sobre la zona antártica dejan de hacer es tan repugnante y escandaloso que no se puede evitar intervenir arriesgando personalmente lo que sea necesario. Nadie les persigue a unos y otros por ello.
Emocionalmente y racionalmente es inaceptable. Es cuestión de actuar como seres humanos o de aceptar el papel de peleles humillados y testigos paralizados de la carnicería. Lo que está en juego es la propia sangre del planeta, el océano, la vida y la libertad misma. Como le he oído decir a Paul Watson en más de una ocasión, ..."uno no puede caminar por la calle, ver a alguien indefenso que está siendo atacando por unos criminales, y no hacer nada. Uno tiene que hacer algo".
Mil treinta y cinco hermosas, inteligentes, indefensas y escasas ballenas están hoy en la "lista de la muerte" del criminal negocio que, cada año, se burla de las leyes que protegen la Antártida. Ante nuestros ojos y los de toda la comunidad internacional. Nadie les persigue por ello. Entre aquellos hielos, intentando impedir la masacre y defendiendo la legalidad, no hay nadie más, año tras año, que los barcos de Sea Shepherd cargados de indignación, voluntad y determinación.
Los gobiernos de Australia, Nueva Zelanda, Estados Unidos y los Países Bajos nos instan a adoptar una "actitud responsable" durante la próxima temporada de caza de ballenas en la Antártida, según el comunicado divulgado por el Gobierno neozelandés... Creo que vamos a hacerles caso.



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