Parece que los ciudadanos griegos ya se han acostumbrado a las políticas de austeridad de su gobierno. Pero también hay quienes no se resignan y actúan, por ejemplo, conectando la electricidad a aquellos hogares a los que se les cortó por impago.

Una luz de esperanza, es lo que representa para algunas familias griegas, los activistas del movimiento 'Yo no pago', que últimamente ha ganado gran popularidad en el país heleno. Este colectivo se dedica a reconectar de manera ilegal el servicio de electricidad a las casas en que ha sido suspendido por falta de pago. Lo hacen en unos 200 edificios por año gratuitamente.

A veces también desconectan la energía eléctrica en los peajes, haciendo imposible el cobro a los automovilistas que por allí transitan. Otras veces se ocupan del metro.
"La gran mayoría de la gente está sumida en la pobreza, mientras que solo algunas familias poseen el 99% de las riquezas en el mundo. Es algo que no queremos que siga así, queremos derrocar esto en Grecia y en todo el mundo", afirma Ilias Papadopoulos, miembro de 'Yo no pago'.
El movimiento tiene ya más de 10.000 miembros en el país heleno y el número de sus partidarios sigue en aumento. Sin embargo, algunos de los activistas ya son objeto de varias demandas judiciales. Y es que las medidas de austeridad del gobierno, parecen empujar a los griegos a actuar al margen de la ley.
"El movimiento tiene legitimidad ante los ojos del pueblo. Debemos infringir o no respetar una ley que dice que miles de personas no tendrán electricidad para cocinar, ver televisión o encender el aire acondicionado. Este movimiento continuará luchando, porque tiene legitimidad ante los ojos de la gente", opina por su parte el economista Leonidas Vatikiotis de la Universidad Libre de Varna, Chipre.
Christina, una desempleada de Atenas, lleva dos años sin tener medios para pagar sus cuentas de electricidad. No puede encontrar trabajo, tampoco lo puede hacer su hermano, dos hijas y ni su esposo. Las alarmantes estadísticas muestran que uno de cada cuatro ciudadanos del país está en la misma situación.
"Mientras las facturas a pagar se van acumulando, yo debo elegir mis prioridades, y la comida es lo primero. Quiero pagar las cuentas y quiero quedar bien con el Estado, pero el Estado no queda bien con nosotros", comenta Christina.
Los equipos como el aire acondicionado, frigoríficos y ordenadores, son concebidos como elementos indispensables para la existencia. Pero para algunos, hasta la electricidad se convierte en un lujo que no se pueden permitir. Los activistas logran reconectar este servicio, pero queda cuesta arriba reinstalar la confianza de los ciudadanos en su gobierno.