Comentario: A raíz de los últimos acontecimientos en el "conflicto catalán" donde cada vez es más evidente la agenda federalista que pretenden imponer a los españoles como solución a la crisis catalana, rescatamos el siguiente artículo de 2016 donde se denuncia otra crisis prefabricada con el mismo fin de imponer el federalismo en Europa, la crisis de los refugiados. El artículo se escribe dos meses antes del referéndum sobre la permanencia del Reino Unido en la Unión Europea.


Traducido por el equipo de editores de Sott.net en español

En la entrada del Centro de Visitantes del Parlamento Europeo hay una placa con estas palabras:
"La soberanía nacional es la causa de los males más graves de nuestro tiempo [...] El único remedio final para este mal es la unión federal de los pueblos."
Fueron escritas por Philip Kerr, más tarde marqués de Lothian, que fue un diplomático británico y archienemigo en los preparativos de la Segunda Guerra Mundial. Al igual que los modernos fanáticos eurófilos, nunca abandonó su punto de vista doctrinario. Incluso en vísperas de la batalla de Gran Bretaña en 1940, instó al gobierno de Winston Churchill a alcanzar un acuerdo de paz con el régimen de Hitler.
Su adicción al federalismo es compartida por la UE en la actualidad, de ahí el lugar especial que ocupa su escalofriante discurso. La destrucción de la soberanía nacional es la fuerza ideológica que impulsa a los oligarcas de Bruselas a construir su super-Estado federal.
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Eso explica por qué están tan obsesionados con la libre circulación, la inmigración masiva y la diversidad cultural. Todos estos son instrumentos para destruir la nación tradicional y crear una nueva ciudadanía europea común. Como bien saben los gobernantes de la UE, un país sin fronteras ni identidad no es un país en absoluto.

El Reino Unido y la crisis de los refugiados (gráficos)

El Reino Unido y la crisis de los refugiados
La mayoría de las demás organizaciones habrían sido humilladas o quebrantadas por un fracaso tan espectacular como la actual crisis migratoria. La catastrófica decisión de la UE de abrir las compuertas condujo a la llegada de más de 1,1 millones de inmigrantes, la mayoría de ellos hombres jóvenes en forma. En medio de la creciente desintegración y división social, esta política anárquica ha alimentado la importación de la misoginia violenta, la dependencia del bienestar social y el extremismo yihadista. A principios de esta semana, la agencia fronteriza de la UE Frontex admitió que "los atentados de París de noviembre de 2015 demostraron claramente que los flujos migratorios irregulares podían ser utilizados por los terroristas para entrar en la UE".

Pero, sin ningún tipo de vergüenza, los federalistas de Bruselas ven la crisis migratoria como una oportunidad perfecta para continuar con su agenda de unificación política. Bajo el pretexto de resolver el desorden, su objetivo es obtener más poder, reduciendo así aún más a los Estados miembros a la condición de provincias de su imperio.

Esta realidad se refleja en las propuestas presentadas esta semana por la Comisión Europea para establecer una nueva política de migración. Con arreglo a las normas actuales, conocidas como los Reglamentos de Dublín, los refugiados deben solicitar asilo en el primer país al que llegan. Pero ese sistema, que se remonta a la década de los 90, se vino abajo el verano pasado cuando la canciller alemana Angela Merkel, en un arrebato de superioridad teutónica, declaró que todos los solicitantes de asilo serían bienvenidos en su país. Fue un movimiento alentado con entusiasmo por la élite gobernante de Europa, incluso mientras descendía el caos.

Inevitablemente, nada en los planes de la UE implica la recuperación de las fronteras interiores o el refuerzo de las fronteras exteriores. Esencialmente hay dos opciones, ambas con un control más centralizado. Una de ellas es mantener el actual sistema de Dublín, pero introducir un "mecanismo correctivo" para que los refugiados puedan ser redistribuidos por toda la UE en tiempos de crisis y así poder soportar la presión de los Estados mediterráneos como Italia y Grecia. La segunda opción más radical es eliminar las normas de Dublín e imponer, en cambio, un sistema obligatorio de redistribución de los inmigrantes, a través de cuotas basadas en la riqueza y la población de cada Estado miembro.

De acuerdo con el dogma federalista, ambos planes implican un aumento masivo del poder de la UE y una mayor erosión de la soberanía nacional. La crisis de la inmigración puede ser una pesadilla para los pueblos de Europa, pero es un sueño para los federalistas. Ni siquiera pueden disimular su deleite ante la perspectiva de un control más estricto de los Estados miembros.

"Necesitamos un sistema sostenible para el futuro, basado en normas comunes y en un reparto más justo de la responsabilidad", afirma Frans Timmermans, Vicepresidente primero de la Comisión. El político y fanático federalista belga Guy Verhofstadt va más allá, exigiendo un "esquema de distribución justa" que "ponga en marcha una muy necesaria respuesta colectiva europea a la crisis de los refugiados".

La dirección de la política de la UE es absolutamente clara. La marcha hacia el super-Estado se acelera. Durante décadas, la brigada eurófila ha intentado fingir que permanecemos en la UE y mantenemos nuestra integridad nacional. De hecho, cuando el gobierno tory de Ted Heath nos inscribió en el Mercado Común en 1973, afirmaron que la medida no implicaría "ninguna pérdida esencial de soberanía". Pero, después de la crisis migratoria, el engaño no puede continuar.

Los defensores de permanecer en la UE sin duda afirmará que la nueva política de migración de la UE tendrá poco impacto en Gran Bretaña porque tenemos un opt-out [NdT, literalmente "optar por salir"], pero eso no es más que otro engaño. Para empezar, la UE podría intimidarnos para que aceptemos cuotas amenazando con no aceptar ninguna deportación de inmigrantes de la UE desde Gran Bretaña o imponiendo multas. O la UE podría simplemente ignorar nuestro opt-out, como hace tan a menudo con las políticas que no le gustan. Eso sería especialmente cierto si la votación del Referéndum se mantiene. En ese caso, Gran Bretaña no tendrá absolutamente ninguna influencia, ningún poder de negociación. Y cualesquiera que sean las normas formales, el hecho es que la migración de la UE tiene un impacto masivo en Gran Bretaña; durante el año 2015, no menos de 630.000 inmigrantes de la UE recibieron aquí los números de la Seguridad Social.

La decisión de la Comisión sobre la política de refugiados tendrá un profundo impacto en el debate sobre el referéndum. La elección es ahora más difícil que nunca: o recuperamos el control de nuestras propias fronteras nacionales, o somos absorbidos por un sistema que dicta cuántos extranjeros pueden establecerse aquí. A los defensores de la permanencia en la UE les gusta presentar las dos alternativas como un "salto a lo conocido" o como la estabilidad tranquilizadora del statu quo bajo el gobierno de Bruselas. Pero no hay nada ni remotamente seguro sobre el futuro de la UE.

La migración actual parece que va a empeorar, sobre todo una vez que la UE cumpla su objetivo de ampliación, dando entrada a Turquía y Bosnia, con sus 80 millones de habitantes musulmanes. Algunos partidarios de la UE incluso quieren que la ampliación se extienda a los países del norte de África, dominados por el islam y desgarrados por los conflictos. Esta sería "la herramienta política más eficaz que Europa posee para hacer frente a la inestabilidad en sus fronteras", afirma un analista a favor de la UE.

El verdadero salto hacia lo desconocido reside en la continuidad de nuestra membresía. el Brexit sería un regreso a una posición conocida que existió durante siglos antes de 1973, cuando Gran Bretaña era una nación exitosa e independiente.