Imagen
© DesconocidoPaisaje. Los pobladores del lugar están acostumbrados a observar por las noches un espectáculo especial de luces que se mueven velozmente en el firmamento.
Trascurría el verano de 1970. Eran las 8 y el "Gordo" Jiménez y don Zito Verón caminaban por el monte arriando sus cabras. De pronto, una gran bola de fuego surcó sobre sus cabezas y cayó sobre la pared norte del cerro Los Guanacos.
A las pocas horas, la zona estaba tomada por militares, policías, enfermeras y baquianos que buscaban el "avión" que había caído, pero nunca encontraron rastro alguno de este avistamiento.

A partir de este extraño incidente, esta zona del departamento Salavina es constantemente visitada por estudiosos del fenómeno ovni, y por curiosos, quienes (todavía) esperan poder mantener un encuentro cercano con lo desconocido.

Gastón Zalazar, es un técnico aeronáutico y escritor, quien oportunamente le confesó a El Liberal que en 1935 tuvo su primera experiencia "con lo desconocido".

"Un atardecer volvíamos con mi padre a nuestra casa y cuando estábamos llegando al cerro Los Guanacos, mi papá advirtió que en el camino había perdido el rebenque, por lo que me envió a buscárselo. Encontré el rebenque, y cuando volvía, en la parte más alta, me encontré con algo que me dejó helado: el mar estaba a poca distancia de mi persona. Parecía tan real que hasta distinguía las olas. No podía gritar ni hablar. Salí al galope hasta la casa de don Juan Mansilla, donde me dieron de beber agua", relató.

Un misterio

De generación en generación se fueron transmitiendo las historias del cerro Los Guanacos, sobre la presencia de fenómenos extraños, sonidos y luces que aparecen en el firmamento y mantienen en vilo a los vecinos y a los investigadores que se llegan por la zona a pasar algunas noches ante la posibilidad de estudiar o experimentar un avistaje.

El lugar se encuentra a 17 kilómetros de Sumampa, en el paraje El Carabajal, en el interior del departamento Quebrachos. Está dominado por la espesura del monte y muy pocos tuvieron el privilegio de llegar a lo alto, donde se afirma que se puede apreciar el firmamento de una "manera diferente" donde la noche ofrece luces de colores y la posibilidad de poder avistar algunos fenómenos extraños.
La familia de Juana Roldán y sus hijos Julio y Ramón, manifestaron que al lugar había llegado mucha gente de otros lugares, con el fin de subir al cerro, donde decían ver luces multicolores, que creían eran ovnis. l