Armas blancas
© Getty
En el 55% de los delitos denunciados en Bogotá se habían usado armas blancas.
Pese a que la tasa de homicidios ha bajado en Bogotá (19,8 homicidios por cada 100.000 habitantes en marzo pasado), las armas blancas son un dolor de cabeza en la capital colombiana, especialmente cuando están en manos de jóvenes y adolescentes, que las pueden comprar fácilmente a bajo precio.

"La ley no prohíbe el porte de armas blancas en Colombia", se queja Rubén Darío Ramírez, director del centro de convivencia y seguridad ciudadana de la Secretaría de Gobierno.

En 2010, en Bogotá hubo 580 muertes por todo tipo de cuchillos y navajas (33,6% de las muertes violentas) y hubo 1.984 personas lesionadas (21,5% de los lesionados), le indica Ramírez a BBC Mundo.

Una reciente encuesta de la Cámara de Comercio de Bogotá reveló que en el 55% de los delitos denunciados en la ciudad se habían usado armas blancas.

"Aquí todos los días están ingresando armas blancas", reconoce, en diálogo con BBC Mundo la profesora Gloria Delgado, del colegio público Enrique Olaya Herrera, que tiene 4.500 alumnos y está ubicado en el sur de Bogotá, una de las zonas más pobres y violentas de la ciudad.

La maestra recuerda que en 2010 un alumno resultó herido con una navaja durante una riña y que al menos una vez a la semana había incidentes con armas blancas en los alrededores del colegio.

Armas en los salones

"En el mismo salón de clases se veían las armas", le dice a BBC Mundo Laura Antonio, una alumna de último año.

Los profesores atribuyen esa situación a varios factores: las pandillas, las llamadas barras "bravas" de los equipos de fútbol, el tráfico de estupefacientes, la violencia intrafamiliar y el entorno de los barrios donde viven los estudiantes.

Armas blancas
© Desconocido
Las pandillas barriales son uno de los problemas a solucionar
"En mi barrio, que se llama Providencia Alta, hay pandillas y es frecuente el uso de armas blancas", comenta David, un estudiante del Olaya Herrera.

Pero gracias a una estrategia que combina charlas, talleres, actividades deportivas, oferta de educación superior, sanciones y trabajo con los padres de familia, las cosas parecen haber mejorado en el colegio.

"Yo creo que las peleas a golpes, que eran casi a diario, han bajado un 60%", señala la profesora Delgado.

Y la complementa Guillermo Becerra, el coordinador de convivencia del Colegio, cuando dice que también ha servido que se acabe la impunidad de quienes incurrían en violencia.

"Si hay problemas de agresiones, los autores son excluidos de los programas de carreras técnicas que estamos ofreciendo. Además, hay presión de los padres para que los jóvenes no incurran en ciertas prácticas", explica el profesor.

Requisas y escondites

Pero todavía falta mucho camino por recorrer. Edward Fabián Duarte es el personero del colegio, el estudiante que vela por los derechos de todos sus compañeros. Duarte ve con preocupación que ahora las armas blancas circulen entre alumnos más jóvenes y se queja de que "a veces no recibimos el apoyo necesario de la policía para hacer requisas sorpresa".

La profesora Delgado admite que antes había escondites de armas blancas en el colegio y Laura Antonio anota que "las requisas (de la policía) no sirven de mucho, porque hay estudiantes que siguen cargando armas".

Cada día la policía incauta unas 542 armas blancas en Bogotá, pero en muchos casos no puede hacer nada contra quienes las tienen en su poder, a menos que sean sorprendidos en flagrancia cometiendo un delito.

Rubén Darío Ramírez cree que un buen remedio sería penalizar la tenencia de armas blancas que excedan los 5 centímetros de extensión, como ya se está contemplando en un proyecto de ley que será llevado al Congreso.