El incendio forestal de Gran Canaria, que ha afectado a unas 10.000 hectáreas en un perímetro de 112 kilómetros, se encuentra en fase de estabilización. La mitad de las 9.000 personas evacuadas en los últimos días ante la amenaza del voraz fuego ya ha regresado a sus casas, según ha informado este miércoles el 112.
Un bombero observa, ayer, las llamas que se elevan desde el incendio forestal de Gran Canaria.
© Desiree Martín AFP
Un bombero observa, ayer, las llamas que se elevan desde el incendio forestal de Gran Canaria.
Las labores de extinción han continuado en tierra durante la noche y se reforzarán en breve con medios aéreos, que centrarán sus descargas en algunos frentes que permanecen activos. Estos frentes se localizan en el pinar de Tamadaba y en las zonas de Guayedra y El Risco, en el municipio de Agaete, han precisado las fuentes a EFE.

Ángel Víctor Torres, presidente de Canarias, señalaba ayer que el incendio forestal que abrasa el noroeste de Gran Canaria desde el sábado «pierde potencial».

El fuego, que ha llegado a dominar un perímetro de 80 kilómetros, alcanzó «50 metros» de altura en algunos puntos del Parque Natural de Tamadaba, cuyos pinos de «25 metros de altura» han servido de alimento de las llamas, según Florencio López, jefe de Protección Civil de las Islas Canarias.

Sin embargo, gracias a los esfuerzos realizados por el amplio contingente desplegado en la isla, con 700 efectivos terrestres desplegados y 18 medios aéreos, y la benevolencia del clima, los bomberos han podido controlar las llamas en ciertas zonas. El problema son las consecuencias que se empiezan a atisbar.

La más grave es la posible destrucción de algunas plantas endémicas en la quema de 2.500 hectáreas, especialmente importantes para la biodiversidad de Gran Canaria. Por ejemplo, la cerraja de don Enrique que, según Manuel Nogales, delegado en Canarias del Centros Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), «cuenta con menos de cien ejemplares censados en el mundo y se halla en la zona afectada por el incendio». En este sentido, Nogales explica a EL MUNDO que «hasta ocho especies de plantas autóctonas» se han visto afectadas por el fuego y se teme su posible desaparición. En todo caso, asegura que «habrá que esperar a que el fuego sea sofocado para determinar el alcance real de los daños».

Aun así, aunque se ha temido por la destrucción de Tamadaba, aclara que «ha sido un fuego un poco más de superficie, menos destructivo», lo que se traduce en que el pinar protegido sólo ha sufrido daños superficiales. De hecho, el jefe de Protección Civil canario sostiene que la zona se puede recuperar en «unos tres o cuatros años» ya que «los ecosistemas canarios están muy familiarizados con el fuegos. No es como en la Península, que pueden tardar 60 o 70 años».

Pese al pronóstico optimista de Florencio López, Nogales considera que «para que toda la zona afectada por el fuego se recupere totalmente y vuelva a estar como antes, faltan al menos 10 años».

En cuanto a la fauna, «el cambio de los vientos y la suerte» evitaron que el fuego se propagase hacia el sur y se adentrara en la reserva de Inagua, hogar del Pinzón Azul, un pájaro autóctono del que sólo quedan unos 400 ejemplares. Sin embargo, el biólogo del CSIC añade que hay especies de reptiles u otras aves afectadas como la Paloma Rabiche, que en los últimos años había tratado de reintroducirse al ecosistema canario tras su desaparición.

Por su parte, las autoridades canarias aseguraron que el vasto incendio apenas ha tenido impacto en el turismo de Gran Canaria, vital en el economía del archipiélago, ya que los turistas se encuentran en los alojamientos cercanos a la costa, donde el fuego no ha llegado. En este sentido, los puertos y aeropuertos funcionan con normalidad. La red de carreteras de la isla, en contraste, no está en pleno funcionamiento, ya que permanecen cortadas 21 de ellas, próximas a la cumbre grancanaria.