Traducido por SOTT.net en español


Comentario: De vez en cuando aparecen en los medios masivos de comunicación algunos análisis racionales que cuestionan que sea acertado parar el mundo durante meses. Aquí hay uno del 14 de abril del periódico The Australian...


Manténgase a salvo. Manténgase bien. Quizás una histeria se ha apoderado de la nación, a un costo extraordinario, cuando nos estamos diciendo unos a otros que tengamos especial cuidado con una enfermedad que en tres meses ha matado a unos 60, en su mayoría ancianos bastante enfermos.
times square covid-19

Una calle está vacía en un Times Square casi desolado durante el brote de coronavirus en la ciudad de Nueva York.
Incluso en los focos críticos de coronavirus en Europa y los EE.UU., hay más posibilidades de morir en un accidente de coche que de resultar afectado por el COVID-19, según una investigación publicada la semana pasada por el científico de Stanford John Ioannidis.

"El riesgo de morir por coronavirus para una persona menor de 65 años equivale al riesgo de morir conduciendo una distancia de nueve a 415 millas en coche cada día durante la temporada de muertes de COVID-19", concluyó.

Sin embargo, muchos de esos menores de 65 años han visto sus vidas destrozadas, incluyendo la pérdida de 195 millones de empleos en todo el mundo este trimestre, según la Organización Internacional del Trabajo.

Al menos en Australia, con tan pocas muertes e infecciones, la respuesta al virus empieza a parecer una reacción exagerada perjudicial. La respuesta draconiana de los funcionarios el mes pasado (que ha inducido una recesión, destruido millones de empleos y negocios, y nos ha encerrado a todos) era al menos políticamente comprensible. El anhelo de un cierre total, animado en gran medida por aquellos que no se verían afectados por ello, fue irresistible.

Sin embargo, a medida que van surgiendo más datos reales (en contraposición a las previsiones epidemiológicas extremadamente inexactas de millones de muertes a nivel mundial y muchos miles a nivel local), las justificaciones para realizar intervenciones masivas, tanto fiscales como civiles, van disminuyendo.

Nos dijeron que era necesario el encierro, de lo contrario los hospitales estarían inundados. Pero durante los primeros 11 días del mes, el número de personas en cuidados intensivos en Nueva Gales del Sur ha bajado a 30, de los cuales 21 estuvieron utilizando respiradores. Eso representa el 2% de los respiradores disponibles, incluso antes de que lleguen 3.000 más.

Los temores de una pandemia parecida a la gripe española, que mató a casi 40 millones de personas hace un siglo, parecen exagerados puesto que el número de muertos en todo el mundo a causa de COVID-19 se acerca a 120.000, lo que representa el 0,2% de los 60 millones de personas que morirán este año por diversas causas (incluidos más de tres millones por infecciones respiratorias).

Sí, los encierros y el distanciamiento social en teoría deben haber frenado la propagación. Pero la evidencia es escasa. Suecia y Japón, por ejemplo, no han impuesto encierros pero tienen muchas menos muertes en proporción a sus poblaciones que España, Italia o Francia, que sí lo han hecho.

La gripe española mató al 1,2% de los italianos, según una nueva investigación del economista de Harvard Robert Barro, lo que equivale a 720.000 personas hoy en día. Casi 20.000 italianos han muerto de (o con) COVID-19 hasta ahora, lo que pone el virus más a la par con las pandemias de gripe de finales de los 50 y 60, durante las cuales los gobiernos se abstuvieron de destruir sus economías. La debilidad del virus en sí mismo, más que la sabia acción gubernamental, es la razón más probable por la que el número de muertes no es tan terrible como se predijo en un principio.

"La probabilidad de que alguien muera de coronavirus es mucho menor de lo que pensábamos inicialmente", dijo Ioannidis a los medios griegos esta semana, pronosticando que "la tasa de mortalidad será ligeramente (pero no dramáticamente) más alta que la de la gripe estacional".


Comentario: ...que una gripe estacional promedio. Así que es "sólo una gripe" después de todo.


De hecho, casi el 80% de la población de Gangelt, una ciudad alemana altamente expuesta al COVID-19, fue recientemente analizada para ver si habían tenido el virus. Alrededor del 15% de los habitantes lo había contraído sin presentar ningún síntoma, lo que implicaría una tasa de mortalidad por infección del 0,37%, aproximadamente cuatro veces superior a la de la gripe estacional, pero muy inferior a las cifras de entre el 1% y el 3% que se temían en un principio.

El primer caso oficialmente detectado de COVID-19 en Australia fue en enero, ocho semanas antes de que los encierros entraran en vigor. ¿Alguien cree seriamente que solamente 6.400, el recuento nacional de ayer, han sido infectados? Es la tasa de mortalidad por infección, no la tasa oficial de infección, lo que importa: los recuentos oficiales no tienen sentido cuando tantos casos son asintomáticos.

"Me preocupan mucho más las consecuencias de los encierros indiscriminados y la posible destrucción de una economía (griega) en la que el 25% del PIB se basa en el turismo", dijo Ioannidis.

Para la economía australiana, los costos de la respuesta al COVID-19 también serán profundos, aparte de la importante carga adicional de la deuda. El desempleo pronto se duplicará, según una encuesta de Roy Morgan del mes pasado. Los costos de la soledad y la inactividad son más difíciles de medir.

"Otro mes de aislamiento masivo le costará a Occidente por lo menos el equivalente a un millón de muertes en términos de reducción de la calidad de vida", dice Paul Frijters, profesor de economía en la Escuela de Economía de Londres, utilizando su índice de bienestar. Eso es una lástima para Victoria, donde el primer ministro Daniel Andrews ha extendido el confinamiento más severo de la nación por otras cuatro semanas.

Si Austria y Dinamarca (cada uno con muchas más muertes totales y más infecciones nuevas que Australia) pueden ver el sentido de empezar a retirar las restricciones, nosotros también deberíamos hacerlo. Los hospitales tienen una gran capacidad y las tasas de nuevas infecciones se han reducido.

Todo el mundo tiene derecho a opinar sobre esta cuestión fundamental. Los pronósticos de los expertos en enfermedades han demostrado ser irremediablemente erróneos de todos modos.

No es seguro que surja una vacuna, pero obviamente no podemos permanecer encerrados durante seis meses. Cuanto más tiempo dure, más difícil será volver a encender la economía. Los negocios no estarán allí. La economía no es una máquina como la burocracia, sino un complejo conjunto de relaciones que se atrofiarán.

¿Por qué no dejar que se practiquen deportes sin multitudes, que los parlamentos se reúnan, que los jóvenes se bañen en la playa, que los negocios vuelvan a abrir, siempre que respeten los principios de distanciamiento social? Nadie está diciendo que lo "dejemos escapar"; claramente aislar a los vulnerables de este virus es una alta prioridad. Pero parece menos probable que el virus acabe con el 5% de la India, o el 3% de Indonesia, como lo hizo la gripe española.

Necesitamos urgentemente pruebas aleatorias para ver cuán extendido está el coronavirus. El primer ministro ha dicho que el COVID-19 es similar a un evento de uno en 100 años. Es poco probable que eso sea cierto con respecto al virus, pero parece ser cierto en cuanto a los daños causados por la histeria.