En todo 2019, con un número similar de ataques de escualos, no se registró ninguna víctima

Son múltiples los ataques, pero las muertes por tiburón en Australia son una rareza. "La media a largo plazo es de solo una por año", apunta un profesor de Ciencias Biológicas de la Universidad Macquarie en Sídney, Culum Brown. Este 2020 también está siendo un año negro en la estadística de fallecimientos causados por los escualos: siete personas han perdido la vida en las costas australianas por esta causa en lo que va de año. No había habido tantas desde 1934, cuando se contaron también siete. Hay que remontarse a 1929 para encontrar un registro más mortífero: aquel año los tiburones se cobraron nueve vidas.
Un cartel advierte de la presencia de tiburones en la playa de Manly, en Sídney.
© REUTERS
Un cartel advierte de la presencia de tiburones en la playa de Manly, en Sídney.
La cifra de 2020, cuando aún faltan 74 días para el nuevo año, contrasta con la bondad de 2019, donde, de enero a diciembre, no se registró ninguna muerte. Una organización conservacionista recopila los datos de ataques de estos escualos, mortales o no, desde 1984, y compila investigaciones de fechas anteriores para completar su fondo documental.

La última víctima fue un surfero de 52 años en Australia Occidental, a principios de este mes. Como recoge CNN, las autoridades mandaron embarcaciones a la zona donde desapareció, y drones para sobrevolarla. Pero lo único que encontraron fue su tabla; el cuerpo no ha aparecido.

El número de ataques de tiburones de este año, 21, no destaca especialmente con los 23 de 2019, o los 27 de 2018, o los 18 de 2017, pero sí el de muertes. En 2019, no murió nadie. En 2018, solo murió una persona en todo el año, igual que había ocurrido un año antes. Sí con 2015, cuando hubo 32 ataques, aunque el balance de muertos fue solo de dos personas.

Un estudio de 2019 de la Universidad Macquarie que cita BBC comparó datos recogidos del comportamiento de los animales durante más de un siglo con los registros de temperatura y lluvias, y encontraron cierta relación entre el tiempo y los ataques en algunos puntos de la geografía. En la parte norteña del Estado de Nueva Gales del Sur, donde han muerto dos personas en los últimos meses, parece que el riesgo aumenta cuando caen grandes precipitaciones. La lluvia arrastra nutrientes a la costa, que atraen a peces y focas, presas de los tiburones, unos animales cuyo comportamiento sigue siendo misterioso.