Los arqueólogos consideran difícil explicar el uso de este material en la elaboración de armas o herramientas.
Northern sea
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Costas del mar del norte. Imagen ilustrativa.
Un grupo de arqueólogos de la Universidad de Leiden (Países Bajos) tropezó con un enigma en su análisis de varios hallazgos realizados en los últimos años en el litoral neerlandés y que fueron identificados como puntas de flecha o de lanza del período mesolítico.

Dos piezas con púas no tienen precedentes en Europa porque estaban hechas de hueso humano, según destacó la revista Smithsonian este lunes. Los investigadores creen que esta peculiaridad arroja luz sobre las costumbres de quienes poblaban hace aproximadamente 10.000 años lo que hoy es el fondo del mar del Norte.

Según el estudio, el lugar de origen de estos hallazgos es el hundido istmo y, posteriormente, archipiélago de Doggerland, una 'Atlántida' noreuropea que durante casi seis milenios, entre 11.000 y 5.000 años atrás, fue lentamente consumida por las aguas marinas y fue engullida por completo tras una serie de gigantescos tsunamis. El cambio se debió al calentamiento de la época, la desglaciación general del hemisferio norte y los mencionados desastres naturales.

La mayoría de las puntas recolectadas se habían hecho con un material mucho más tradicional: cuernos o huesos de ciervo común. La razón para tallar algunas de ellas con fragmentos de esqueleto humano debió ser simbólica o ritual, estiman los estudiosos, porque no es la materia más práctica o cómoda de tratar del conjunto de los elementos de que disponían. Así, los mismos cuernos requieren poca elaboración y tienen una mayor durabilidad.

La manera de que estas armas de los primitivos cazadores han llegado a las manos de los científicos es también bastante insólita, porque estuvieron sumergidas durante siglos en el lecho marino entre Noruega, Gran Bretaña, los Países Bajos y Alemania. Sin embargo, fueron descubiertos en las playas neerlandesas, adonde las habían traído las olas, algo que saca los hallazgos de su contexto original y limita las posibilidades de un análisis más profundo.

"Se puede medir un hueso y descubrir sus propiedades como punta de proyectil, pero no se pueden medir los pensamientos en la cabeza de un cazador-recolector mesolítico", admitió el arqueólogo Joannes Dekker, quien dirigió el estudio. Para su equipo, sigue siendo enigmático el objetivo de optar por el hueso humano como material para fabricar armas o herramientas de caza.