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© Rory NugentEn 1993, Rory Nugent fotografió un animal de cuello largo y cabeza pequeña en el lago Télé.
Historias de avistamientos de monstruos se han dado en casi todas partes del mundo, en informes pasados tratamos el tema y hasta contamos del caso más famoso de todos, el del monstruo del lago Ness, en Escocia.

Pero hay otras historias poco conocidas pero no menos fantásticas como la del Mokele-Mbembé (El que detiene ríos). Según relatos de testigos, esta increíble criatura que habitaría las selvas impenetrables de África, se asemejaría mucho a un dinosaurio herbívoro que caminó sobre la Tierra hace más de 65 millones de años.

A priori, sería inimaginable pensar que un grupo de animales así hayan podido sobrevivir ocultos todo este tiempo en la jungla. En teoría esto sería muy difícil pero no imposible, y un ejemplo de ello es el celacanto, un pez que coexistió con los dinosaurios y que sus registros fósiles dieron por extinto en aquellas épocas, pero que sorprendió a todos cuando en 1938 en el río Chalumna, África, pescadores de un poblado capturaron un ejemplar de celacanto y hoy día este pez es considerado por los paleontólogos como un fósil viviente. Con este verdadero milagro de la naturaleza, ¿cuántos otros animales estarán esperando ser re-descubiertos por la ciencia? Si este humilde pez pudo sortear por tantos años la presencia humana, ¿qué ocultarán las impenetrables selvas del Congo y el Amazonas, o los negros abismos marinos?

Por eso, ¿quedan dinosaurios vivos en la actualidad? Esta pregunta, que en un principio puede parecer absurda, no lo sería si hacemos caso de los testimonios provenientes de algunos de los más remotos e inaccesibles lugares del África ecuatorial. Estas narraciones hablan de la presencia de un extraño ser, el "Mokele-Mbembé", un animal de gran tamaño, tronco voluminoso, patas corpulentas, pequeña cabeza, cola grande y musculosa y un largo cuello. Tal descripción coincide con la de un tipo de criatura que se creía extinguida desde hace 65 millones de años: los saurópodos. Estos testimonios, surgidos no sólo de nativos sino de científicos y exploradores europeos que han tenido la ocasión de contemplarlos, hacen suponer que los grandes saurios no estarían completamente extintos.

El escritor y naturalista inglés Ivan Sanderson pudo ver en 1932 a esta criatura en una de sus expediciones por la pantanosa zona del río Mainyu, en el África ecuatorial occidental. En esta oportunidad, se encontraba navegando junto con sus compañeros en una zona inexplorada de este río, cuando de una cueva cercana surgió un rugido ensordecedor y, según relata él mismo, "vimos cómo algo enorme se levantó frente a nosotros, convirtiendo el agua en espuma". La visión duró apenas unos instantes, pero fue un tiempo suficiente para que pudiesen apreciar que lo que se había levantado del agua era la cabeza negra de un animal semejante a una enorme foca, aunque mucho más ancha que larga. Si bien el tamaño de esta cabeza, era del mismo tamaño que la de un hipopótamo adulto, su forma no guardaba ninguna relación con este mamífero.

Luego de esta experiencia, las dos piraguas que formaban parte de la expedición se alejaron lo más rápido posible mientras los indígenas no cesaban de gritar aterrados: "Mokele Mbembé".

Ese mismo día, pudieron hablar con los nativos de la zona y todos coincidieron en que en esos parajes vivía un terrible animal, el Mokele; un ser que pese a ser vegetariano, constituía un terrible enemigo de hipopótamos y cocodrilos quienes evitaban pasar por la zona en la que esta terrible bestia vivía.

En 1980, la expedición al río Likouala-aux-Herbes, en la República del Congo, de los zoólogos James Powell y Roy Mackal fotografió un sendero abierto en la vegetación por un animal acuático de unos doce metros de alto, que aparentemente arrastraba una pesada cola. En 1993, Rory Nugent fotografió un animal acuático en el lago Télé, también en la República del Congo.

En años recientes, el biólogo Roy Mackal, de la Universidad de Chicago, organizó cuatro expediciones a los relativamente aislados lagos y ríos de Camerún, en busca del escurridizo animal. Aunque no se capturó ningún ejemplar, fueron vistos, fotografiados e incluso grabadas voces, de animales no identificados que se parecen a los relatados por los indígenas.

Una de las últimas exploraciones la realizó un equipo de once japoneses, entre marzo y abril de 1988, algunos de los cuales habían participado con anterioridad en otros viajes a la zona. Las marismas del lago Telle, en la misma región de Likuala, fue el terreno elegido para realizar la expedición. Numerosos lugareños habían testificado sobre su contacto directo con el monstruo. Uno de ellos afirmó haberlo visto entrar en el lago apenas un mes antes, y otro, un cazador de elefantes llamado Inmanuel Mongoumelo, dice que lo vio en los ríos Sanga y Bai, que están conectados con el lago Telle. Incluso varios de los ancianos de la aldea recuerdan que una de estas criaturas fue cazada por los pigmeos de la cercana zona de Oumé. Los expedicionarios sólo pudieron ver en una ocasión, un gran objeto negro flotando en el centro del lago, pero la niebla les impidió observar con más detalles.

En la década del 90 fueron llevadas a cabo dos expediciones. Si bien encontraron muchas evidencias de la existencia de este animal, no lograron en ningún caso capturar a una de estas criaturas. En el 2001 un grupo de expedicionarios expertos en Criptozoología realizaron una expedición a la zona. Recogieron muchos testimonios pero no lograron determinar la existencia del "Mokele Mbembé".

En 2008 se pierde el rastro al "Mokele Mbembé", ese año se tiene el último registro de un avistamiento. Aldeanos que regresaban de una jornada de pesca por el lago Tanganika se paralizaron ante el terrible rugido de un animal enorme que se alzó ante ellos. Su silueta que se recortaba sobre la noche de luna llena, fue descripta por los pescadores como la de un animal de cuerpo voluminoso, cuello largo y cabeza pequeña. En su huida hacia la costa, las olas que provocó casi volcaron el bote. Fue lo último que vieron antes que el animal, en medio de poderosos rugidos, se perdiera en lo profundo de la jungla. ¿Engaño, leyenda o realidad? Eso no lo podremos afirmar, solo podemos decir que si un grupo de dinosaurios se mantuvo a salvo de la extinción y del hombre en una profunda selva, sería triste que estos terminaran muertos o en algún zoológico.

El humilde celacanto pudo burlar la extinción durante más de 65 millones de años, por qué no imaginar, como lo hizo Sir Arthur Conan Doyle, que en algún lugar del impenetrable Congo el "Mokele Mbembé" vive tranquilo en su Mundo Perdido.