Traducido por el equipo de SOTT.net en español

La mayoría de la gente (especialmente la mayoría de los estadounidenses) todavía parece ver los acontecimientos del último medio siglo como algo más o menos aleatorio. Explosiones y colapsos que surgen de la nada, empobreciendo a todos salvo a un puñado de élites afortunadas. Crisis políticas que acaban dividiendo en lugar de unir. Guerras que cuestan fortunas y no resuelven nada. Todo es malo, y nada está relacionado con nada.
Bailout
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El rescate
Pero, por supuesto, eso no es cierto. Cada uno de los acontecimientos mencionados sirve al mismo propósito: enriquecer a una aristocracia moderna a costa de todos los demás. Y el final del juego parece aún peor.

Para ver el desarrollo de la estafa, volvamos a 1995. Dos décadas antes, en 1971, los EE.UU. y por extensión el mundo habían abandonado el dinero sólido, respaldado en oro, en favor de las monedas "fiduciarias" que sus gobiernos, a través de sus bancos centrales, podían crear en cantidades infinitas de la nada. El resultado fue una inflación galopante y el caos de los tipos de cambio en los años setenta, y déficits públicos exorbitantes en los ochenta.

En la década de 1990, los responsables de los principales gobiernos y grandes empresas ya tenían claro que un dinero poco sólido conduciría a una deuda insostenible, lo que a su vez desestabilizaría el mundo financiero y provocaría una depresión hiperinflacionaria seguida de un ajuste de cuentas al estilo de la Revolución Francesa para los responsables.

Las élites de aquella generación sólo disponían de dos opciones: Volver al patrón-oro y evitar el colapso monetario - pero a costa de renunciar a la capacidad de crear dinero a voluntad. O utilizar sus monedas ficticias para robar tanta riqueza real como fuera posible de los plebeyos y dejar que las élites futuras se ocuparan del colapso final.

Ellos, como los sociópatas que ahora sabemos que son, eligieron la segunda estrategia.

He aquí cómo lo lograron:

La jugada de Greenspan

En la segunda mitad de la década de 1990 se produjeron una serie de minicrisis que en retrospectiva parecen casi imperceptibles, pero que en su momento fueron lo suficientemente grandes como para proporcionar un pretexto para una intervención. Rusia, México, los países emergentes asiáticos y un fondo especulativo llamado Long Term Capital Management incurrieron en impagos o amenazaron con hacer perder dolorosas sumas de dinero a los principales bancos estadounidenses. En cada caso, Alan Greenspan, de la Reserva Federal, junto con el Tesoro estadounidense, rescataron a los bancos amenazados con efectivo o garantías de préstamo.

Esto dejó claro a Wall Street y a sus clientes privilegiados que cualquier riesgo, por escandaloso que fuera, se rentabilizaría de un modo u otro. Si una apuesta funcionaba, habría comisiones y plusvalías. Si una apuesta fracasaba -como en las minicrisis de los noventa-, la Reserva Federal intervendría y compensaría a sus amigos. Y así fue como la "opción Greenspan" (NdT: Greenspan put) -llamada así por un instrumento financiero que los operadores utilizan para protegerse de las pérdidas- llegó a dominar el mundo financiero durante los siguientes veinte años.

La burbuja de las punto-com y el 11-S

En la segunda mitad de la década de 1990, los bancos, ahora libres para financiar prácticamente cualquier cosa, optaron por inflar una burbuja de valores tecnológicos en la que prácticamente cualquier empresa con un ".com" en su nombre o en su declaración de objetivos podía obtener una financiación casi infinita. Esta "burbuja punto-com" se expandió más allá de lo que los mercados de valores estadounidenses habían visto nunca, y luego estalló espectacularmente en el año 2000.

Un año más tarde se produjo el atentado contra el World Trade Center (que, para simplificar la narración, supondremos fue un atentado terrorista real y no una falsa bandera), que sacudió hasta la médula una psique nacional ya sacudida.

La aristocracia respondió reduciendo las tasas de interés a mínimos históricos y ampliando drásticamente el gasto militar. Los bancos se enriquecieron al aumentar la rentabilidad de los préstamos, y los contratistas militares al incrementar los pedidos de armamento. Los ganadores canalizaron alegremente parte de sus ganancias inesperadas en las campañas de reelección de políticos favorables a la guerra y al dinero fácil. La brecha entre ricos y no-ricos se amplió hasta alcanzar un récord.

La burbuja hipotecaria

A mediados de la década de 2000, las ya mencionadas bajas tasas de interés inflaron otra burbuja, esta vez en el sector inmobiliario. Siguiendo con su estrategia favorita de conceder préstamos a cualquier persona con pulso, obtener enormes comisiones y descargar los riesgos sobre inversores desprevenidos, los bancos de Wall Street amasaron fortunas suscribiendo y garantizando hipotecas de alto riesgo (véase The Big Short para una mirada entretenida de ese breve momento de locura financiera y cultural). Entonces, los precios de la vivienda subieron hasta niveles inasequibles y el mercado hipotecario implosionó, la economía se hundió y los bancos se inclinaron hacia la insolvencia. A lo que el gobierno respondió con un rescate multimillonario, permitiendo a los bancos, con una arrogancia absolutamente descarada, pagar a sus directivos primas de fin de año récord en 2009. Mientras tanto, la Reserva Federal introdujo la política mágica de la flexibilización cuantitativa (QE), a través de la cual creó billones de dólares nuevos y los utilizó para empujar las tasas de interés a través de la curva de rendimiento a niveles bajos récord.
[Nota al margen: ¿Cómo es exactamente que las tasas de interés bajas empobrecen a la gente normal y enriquecen a los ya ricos? En primer lugar, las bajas tasas de interés dificultan la vida de las personas normales que intentan acumular ahorros o sobrevivir en la jubilación con certificados de depósito bancarios y fondos del mercado monetario. A medida que bajan las tasas, estos instrumentos pagan menos hasta que, como en los últimos años, no pagan casi nada. Al mismo tiempo, las bajas tasas de interés hacen que los activos financieros como acciones, bonos y bienes raíces respaldados por hipotecas- la mayoría de los cuales son propiedad del 10% más rico de la población - sean más valiosos. Así que... en un entorno de bajas tasas de interés, los ricos se hacen más ricos y los no-ricos se quedan atrás. Tal como pretende la aristocracia.]
La burbuja de todo

La flexibilización cuantitativa (QE) resultó ser una herramienta enormemente eficaz para desplazar la riqueza desde la base de la sociedad hacia la cima. A partir de 2009, los salarios se estancaron, mientras que los beneficios empresariales y los precios de las acciones, los bonos y los bienes inmuebles se dispararon. Fue la "burbuja de todo", en la que las grandes empresas tecnológicas, las criptomonedas, los bonos del Estado, las SPAC, los préstamos respaldados por hipotecas y las NFT atrajeron cantidades demenciales de financiación. La fiesta duró una década, hasta 2019, y el número de multimillonarios se disparó.

La pandemia

Entonces la estafa dio un giro aún más siniestro. (Pista: ¿se han dado cuenta de quién quedó fuera de las fiestas anteriores? Así es, Big Pharma).

En 2020, todo estaba tremendamente sobrevalorado y estaba claro que se avecinaba una gran quiebra. Pero antes de que eso ocurriera, un virus, desarrollado por un laboratorio chino con financiación estadounidense, se "escapó" y provocó una pandemia mundial. Los gobiernos del mundo respondieron paralizando sus economías (devastando las pequeñas empresas mientras enriquecían a gigantes del comercio electrónico como Google y Amazon) y coaccionando a sus ciudadanos para que tomaran múltiples dosis de vacunas experimentales, canalizando así literalmente cientos de miles de millones de dólares a Pfizer, Modena, J&J, et al. Así que a Big Pharma finalmente le llegó su turno en el abrevadero.

La guerra de Ucrania

A lo largo de las últimas décadas, los EE.UU. han estado comenzando y/o uniéndose a guerras en países sin ningún valor obvio para la seguridad nacional. ¿Por qué? Porque la guerra consume armas que deben ser reemplazadas y asusta a los que no están en guerra para que se armen y eviten ser la próxima víctima del Imperio. Todo lo cual enriquece enormemente al complejo militar-industrial. Pero ninguna de esas guerras anteriores se compara con lo que Estados Unidos está haciendo en Ucrania. Al parecer, después de haber decidido que Rusia necesita ser destruida, literalmente, a cualquier precio, Washington ha bombeado más de 100 mil millones de dólares de "ayuda" a su nuevo ejército ucraniano, la mayoría de los cuales se reciclan inmediatamente a través de General Dynamics, Raytheon, et al. Los que luego, por supuesto, financian las campañas de los políticos proguerra de ambos partidos. ¿He mencionado ya que la clase política se está enriqueciendo enormemente junto con los aristócratas que los poseen?

¿Y ahora qué?

Cuando se ve de esta manera (es decir, con precisión), la realidad de la estafa es difícil de descartar. Así que la única pregunta es qué intentarán a continuación.