Ártico
© Jeremy Potter / NOAA / OAR / OER
Estamos cambiando el sistema climático, sobre todo en el Ártico.
En lo que parece una ironía meteorológica, el calentamiento global puede propiciar, durante una época, inviernos más fríos en ciertas partes del mundo. La complejidad del sistema climático hace que una alteración provoque otras, y así sucesivamente, en un efecto dominó que puede llevar a resultados un tanto inesperados.

La gran pérdida de hielo del Mar Ártico como consecuencia del cambio climático es un ejemplo de ello, pues puede provocar en el futuro un aumento de las probabilidades de tener inviernos extremos excesivamente fríos en las latitudes medias del Hemisferio Boreal.

Recientemente, Charles H. Greene y Bruce C. Monger, ambos del departamento de ciencias terrestres y atmosféricas en la Universidad de Cornell, en Ithaca, Nueva York, han analizado en detalle este fenómeno.

Un planeta Tierra más cálido presenta una mayor tasa de fusión de los hielos árticos durante el verano, exponiendo las aguas subyacentes, que son más oscuras, a la radiación incidente. Ese fenómeno acarrea una mayor absorción de la radiación solar y un calentamiento estival extra del océano, acelerando aún más la fusión de los hielos. El calor no retenido se libera a la atmósfera, sobre todo durante el otoño, lo que provoca disminuciones en los gradientes de la presión atmosférica y la temperatura, entre las latitudes árticas y medias.

Un gradiente latitudinal de presión más débil siempre está asociado a un debilitamiento de los vientos asociados con el Vórtice Polar y la Corriente en Chorro. Como el Vórtice Polar normalmente retiene las masas frías polares por encima del Círculo Polar Ártico, su debilitamiento permite que las masas de aire frío invadan latitudes más bajas.

A partir de las recientes observaciones, se observa un giro en el comportamiento de la Oscilación Ártica, un patrón de variabilidad climática natural en el Hemisferio Norte. Antes de que la actividad industrial humana comenzara a calentar el planeta, el sistema climático del Ártico oscilaba de forma natural entre las condiciones favorables y las desfavorables para los frentes fríos que arrastran consigo las masas de aire ártico.

Lo que sucede ahora es que nosotros, los seres humanos, estamos cambiando el sistema climático, sobre todo en el Ártico, y este cambio antropogénico aumenta las posibilidades de que se den las condiciones que favorecen los frentes fríos y los inviernos extremos.