Los expertos afirman que no es, todavía, consecuencia del cambio climático pero lo cierto es que el invierno que está a punto de acabar ha sido atípico con temperaturas polares en Estados Unidos y cálido en el norte y este de Europa
frío
© AFP
Esquiando en las calles de Washington.

Atípico es el adjetivo más utilizado este invierno por los meteorólogos. Pero para el ciudadano corriente que sigue con atención los fenómenos climatológicos que sufrimos desde que arrancó 2014, el calificativo que viene a la cabeza se limita a una palabra: loco. En Euskadi ya hemos perdido la cuenta de los días de temporal que llevamos este año, que ha llevado a las autoridades a decretar en solo un mes sendas alertas rojas, cuya propia definición lo dice todo: El riesgo meteorológico es extremo. "Fenómenos meteorológicos no habituales de intensidad excepcional". Pues bien el tren de borrascas en el Cantábrico, masas de aire frío y vientos huracanados han sorprendido a los expertos en meteorología que, acostumbrados a ciclogénesis explosivas una vez al año como mucho, no lo están tanto a que de una a otra el "descanso" sea de dos días. La racha de dos meses con una climatología adversa en todo el Cantábrico deja estupefactos a todos, incluso a los profesionales.

La causa puede encontrarse en el debilitamiento de la denominada corriente en chorro, al registrar un desvío de su trayectoria y con una velocidad un treinta por ciento por encima de la normal para esta época el año y una temperatura del océano Atlántico, también más alta de lo habitual. Es el nombre que recibe un flujo de aire rápido y estrecho que se encuentra en las atmósferas de algunos planetas, incluida la Tierra. "Chorros polares muy fuertes y directos siempre han existido pero lo que más extraña es la persistencia tan continuada durante estos dos últimos meses. En cualquier caso lo más llamativo de esta situación no es tanto el alto número de borrascas, que también, sino la inusual intensidad de la mayoría de ellas", explica el meteorólogo Ángel Rivera.

En todo caso, la lluvia y el viento no solo afectan a Euskadi y al Cantábrico en general, sino también a otras zonas como la región francesa de Bretaña, las costas occidentales de Irlanda o las islas del Reino Unido. De hecho, en Inglaterra, Escocia y Gales se está registrando el invierno más tempestuoso desde 1766, con 435 mm. de agua acumulados entre el 1 de diciembre de 2013 y el 24 de febrero de 2014. El sureste, centro y sur de Inglaterra han sido las zonas del país que han recogido más nivel de precipitaciones y, según la Oficina Meteorológica, en algunos casos se ha doblado la cantidad de agua prevista para un invierno normal.

La razón principal de este húmedo clima de invierno es el "predominio de vientos del oeste y suroeste que han traído aire del Atlántico, inestabilidad y tormentas". Precisamente en febrero, el Reino Unido sufrió algunas de las lluvias y tormentas más intensas, sobre todo en Inglaterra (que acumuló 133,3 mm. de agua, 2,5 mm. más que su promedio mensual) y en Gales (que recibió 201 mm. de agua, el doble que la media). Las virulencia de estas lluvias causaron importantes inundaciones, con daños en viviendas y en estructuras ferroviarias, y las aguas del río Támesis llegaron a su nivel más alto desde los pasados años ochenta.

Sin embargo, ahí está la contradicción, la Oficina Meteorológica destacó que la temperatura media este invierno en el Reino Unido ha sido de 5,2 grados, 1,5 grados por encima de lo normal, lo que lo convierte en el quinto más cálido desde 1910, año en el que se iniciaron los registros. El sol también ha lucido de forma irregular dependiendo de la zona del país y, mientras que en el sur de Inglaterra han tenido un 12% más de días soleados, Escocia ha visto menos el sol que en otros inviernos.

Irlanda también sufre los rigores de este invierno atípico que le convierte en el más lluvioso desde que se comenzaron a efectuar los registros meteorológicos en 1866. Irlanda ha vivido un invierno caracterizado por lluvias, ausencia de sol y fuertes olas, que llegaron a alcanzar los 25 metros de altura. El pasado mes de enero fue el más lluvioso desde que se iniciaron estos registros hace 148 años, lo que se tradujo en 27 días en los que cayó, al menos, un milímetro de agua.

Nieve en EE.UU., poco en Moscú

Sin salir de Europa, Moscú llegó a encontrarse "sin nieve" y los países nórdicos registran "uno de los inviernos más cálidos" de las últimas décadas. Al otro lado del Atlántico, ciudades del norte de EE.UU. se han congelado a más 40 grados centígrados bajo cero pero mientras el este del Estados Unidos ha sufrido las consecuencias del frío polar y una fuerte inestabilidad -la última la semana pasada-, la costa oeste se sumerge poco a poco en el mismo infierno.

Más del 60% de California está experimentando una sequía "extrema"; de hecho, sufre el periodo más seco desde que se empezaron a tomar registros en 1840. Esta situación, más propia de los meses de verano cuando las precipitaciones se reducen drásticamente y el calor evapora con rapidez la humedad, está produciendo el caos en la vida rutinaria de la mayoría de la población. "Este podría ser el año hidrológico más seco desde hace 500 años", aseguran los expertos.

De acuerdo con el análisis de los anillos de crecimiento de los árboles -gracias a los cuales se pueden diferenciar los años de carencia y los de abundancia de agua- California no había estado tan seca desde el año 1580. Según relataba el profesor de Historia de la Universidad del Estado de California Ethan J. Kytle en The New York Times, este presente curso "ha sido este año como abril, con los árboles en plena explosión primaveral".