El 28 de septiembre de este año, Vladimir Putin dio un discurso en la septuagésima Asamblea General de las Naciones Unidas en la que delineó de manera muy certera su visión del estado actual del mundo.

De manera elocuente y sin rodeos preguntó a quienes ostentan el poder en Occidente: ¿se han dado cuenta de lo que han hecho?. La interpelación, que intentaba ser sin lugar a dudas un llamado a la reflexión, hacía referencia a la situación desesperante que se está viviendo en Medio Oriente y la consecuente crisis de desahuciados en Europa.
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Putin: "Quiero dirigirme a quienes desde fuera generaron los conflictos en Oriente Medio ¿Se dan cuenta de lo que han hecho?"
Casi en simultáneo con la pronunciación de Vladimir Putin el Parlamento ruso aprobaba la colaboración de las fuerzas militares a pedido del Gobierno sirio para combatir al Estado Islámico de manera directa. Desde entonces hemos visto un singular fenómeno desarrollarse frente a nuestros ojos sobre el que me gustaría hacer unas reflexiones.


Washington nos acostumbró, durante los últimos largos 14 años, a lo que convenientemente dio por llamar "la guerra contra el terrorismo". Bombardeos constantes, invasiones, gobiernos derrocados, y el asesinato de millones de personas, fueron las consecuencias de esta cruenta campaña, y todo bajo el pretexto de la lucha contra un enemigo que estaba en teoría perfectamente identificado pero que por alguna extraña razón no podía ser derrotado por la fuerza militar más grande y costosa de la historia.

Repentinamente nos encontramos con el sorprendente hecho de que tras una semana de participación de las fuerzas rusas en colaboración con las sirias, la avanzada consiguió de manera muy precisa debilitar al Estado Islámico considerablemente a partir de ataques aéreos coordinados y concentrados con un solo objetivo en mente: su derrota.

La situación que estamos contemplando nos deja una sensación casi surrealista en donde apenas alcanzamos a comprender cómo es que esto es posible. Ser testigos de una operación llevada a cabo de manera tan efectiva y rápida, sin contratiempos ni excusas, nos deja perplejos y con muchos interrogantes sobre las campañas anteriores llevadas a cabo por EE.UU. y sus aliados occidentales.

Considerando lo observado hasta el momento, Rusia parece estar demostrando la falsedad de la guerra perpetua contra el terrorismo que nos ha vendido Occidente durante años. El modus operandi de las fuerzas rusas ha sido práctico y sin tanto ornamento promocional. Tomando un rol activo frente a un enemigo perfectamente identificado y consiguiendo resultados rápidamente, mostró a las claras que nunca existió una intención real por parte de las fuerzas "coordinadas" occidentales de derrotar al Estado Islámico.

Esta es la razón por la que buena parte de los medios masivos de comunicación occidentales se han lanzado a hacer declaraciones ridículas acerca de la efectividad de las operaciones rusas, ya que sienten que ha sido puesto en evidencia años de mentiras y engaños. El éxito de Rusia pone definitivamente de manifiesto su ineptitud periodística y su fracaso como intermediarios entre la verdad y el público. En lugar de exponer las mentiras y cuestionar los programas de sus gobiernos, eligieron vender su alma al diablo.

El éxito de la campaña rusa también expone al mismo tiempo las intenciones del gobierno imperial que opera tras las sombras, sus monumentales mentiras, y ostensiblemente nos permite ver sus manos manchadas con la sangre de millones de inocentes asesinados por la avaricia de este pequeño pero letal grupo de psicópatas.

Después de 14 años de guerra perpetua sin resultados y millones de inocentes muertos, la única explicación que parece emerger de los hechos es que de algún modo las víctimas son el único y verdadero enemigo al que se estuvo atacando por más de una década. Nunca fue una guerra contra el terror, fue una guerra contra la humanidad.