Imagen
© Reuters / Goran Tomasevic
Rebeldes libios avanzan subidos a un coche, cerca de la carretera que une Bengasi y Ajdabiya
La OTAN asumirá la plena dirección y ejecución de la operación militar en Libia, según ha anunciado esta noche el ministro turco de Exteriores, Ahmet Davutoglu. La transferencia de mando de la actual operación comandada por Estados Unidos a la Alianza se producirá este viernes o el sábado. La decisión se alcanzó mientras la comunidad internacional empieza a pensar en el posgadafismo, asunto que esta noche debían debatir los líderes europeos reunidos en Bruselas.

"Hay un acuerdo de principio", ha declarado Davotuglu a la televisisón turca. "La operación será entrega plenamente a la OTAN". El ministro incluso ha hablado de que el relevo se producirá este mismo fin de semana, aunque fuentes aliadas especulaban con que el gran anuncio se haría en la reunión internacional prevista para el próximo martes en Londres, con presencia de los países de la coalición de voluntarios, la Liga Árabe y la Unión Africana.

De acuerdo a estas fuentes, la Alianza asumirá plenamente toda la dirección de la operación militar, lo que incluye zona de exclusión aérea y bombardeos a tierra si es necesario, además de la ya en marcha de control naval del embargo de armas. El mando aliado estará radicado en Nápoles y dirigido por un general americano. Su segundo será un canadiense. El presunto directorio internacional anunciado a primeros de semana por París para orientar políticamente la campaña libia quedará reducido, según las fuentes, a una labor de tutela y definición del futuro del país.

"Gadafi está acabado; lo que no sabemos es cuándo ni cómo va a desaparecer", decía una fuente comunitaria antes del anuncio realizado en Ankara. Alain Juppé, ministros de Exteriores de Francia, punta de lanza de la actual ofensiva de la coalición internacional, pronostica que los bombardeos "serán cosa de días o semanas, pero no de meses" y que en el diseño de la nueva Libia el jaleado Consejo Nacional de Transición "no tiene el monopolio" de la representación de la oposición.

El futuro de Libia

Junto a la campaña militar anti Gadafi empiezan a trascender tanteos diplomáticos que apuntan al futuro, pensando en el medio plazo y con el coronel fuera de la escena. Europa quiere evitar la partición de Libia en una Tripolitania (occidental) y una Cirenaica (oriental) y se estremece sólo de pensar que aparezca una nueva Somalia en pleno Mediterráneo, según una fuente comunitaria.

Si en París Juppé habla de que "hay que identificar qué personalidades están disponibles" en Libia para tratar del venidero Gobierno, personalidades entre las que el Consejo Nacional de Transición radicado en Bengasi será uno más en la mesa de negociación, los estrategas de Bruselas barajan qué países podrían hacer un papel de mediador en el conflicto.

El rastreo cubre toda la vecindad, UE incluida. Argelia, Siria, Turquía y quizá Egipto figuran en la lista de potenciales emisarios, lo que suscita dudas sobre la calidad de las estimaciones de los analistas en vista de que sobre los dos primeros se cierne el espectro de sendos alzamientos populares. Encontrar cauces de diálogo a través de África es complicado, según la fuente, dado que la Unión Africana está en buena medida financiada por Gadafi y le son tributarios numerosos líderes. Tal dependencia menoscaba el papel africano a ojos de la oposición a Gadafi. En Europa, Grecia, Portugal y Austria podrían hacer el juego diplomático, a juicio de los expertos.

La fuente revela que "Catherine Ashton está pensando ya en el día después". Dado lo fluido de la situación, todas las posibilidades están sobre la mesa: "Podría ser una 'joint venture' entre la UE, la Liga Árabe y la Unión Africana... o variantes de ello".

Silvio Berlusconi, el líder europeo que más contacto ha mantenido con Gadafi, primer ministro de la antigua potencial colonial y del país con más intereses compartidos con Libia, considera que todavía es pronto para pensar en mediaciones diplomáticas porque "Gadafi cree que pueda ganar".

Mientras pasan los días que llevan a la reunión del martes en Londres de los países que aspiran a diseñar la nueva Libia, entre los que figura Turquía, la coalición sigue bombardeando a las fuerzas de Muamar el Gadafi y la OTAN patrullando las aguas del Mediterráneo central para hacer cumplir el embargo de armas (y mercenarios) impuesto por el Consejo de Seguridad.

Esa intervención naval, pendiente aún de que lleguen los recursos prometido por siete aliados (fragatas, submarinos y barcos auxiliares), es la parte sencilla del empeño aliado para impedir que el régimen libio se haga con medios que compensen las pérdidas sufridas por los ataques aéreos. El Parlamento turco aprobó ayer el envío de un submarino y cuatro fragatas conforme a lo reclamado por el primer ministro, Recep Tayyip Erdogan.

Tal contribución naval fue la antesala del acuerdo a que se avino Ankara. William Hague, jefe de la diplomacia británica y anfitrión de la reunión londinense, insistía en que la Alianza tome cuanto antes el mando y control de la operación. Esa prisa refleja el deseo de Estados Unidos de pasar a un discreto segundo plano y entregar con urgencia el testigo de la coordinación militar a la OTAN.