Han pasado tan solo cinco meses desde que comenzó el año, mismos que para México han significado la muerte de seis periodistas, y todos tienen algo en común: decir la verdad acerca de la corrupción en la que se encuentra sumergido el país. ¿En qué momento decir la verdad o hacer periodismo real se convirtió en una sentencia de muerte? ¿Acaso no el papel de un periodista verdadero es ese?


El 2 de marzo comenzó todo con el asesinato del periodista Cecilio Pineda Brito en Guerrero, uno de los estados más peligrosos del país, donde el narcotráfico tiene una gran presencia y el gobernador Héctor Astudillo Flores parece que no hace nada para prevenir que la corrupción siga creciendo.

Se dice que Pineda había estado investigando la relación del grupo delictivo "Los Tequileros," con el gobierno de Astudillo. Su muerte ocurrió tres horas después de una transmisión en vivo desde su cuenta de Facebook, en la cual declaraba que el gobernador sabía dónde se encontraba este grupo, sin embargo, los vínculos entre los delincuentes y el gobierno eran muy estrechos.
La víctima afirmó que el coordinador de la Policía Preventiva Estatal (PPE), en la región de Tierra Caliente presuntamente brinda protección a la banda de "El Tequilero", incluso que los agentes estatales escoltan a las esposas de los sicarios para que puedan realizar compras en la cabecera municipal sin ser molestadas.

El día 19 de ese mismo mes el columnista Ricardo Monlui fue víctima también de la corrupción gubernamental que se vive en Veracruz. 17 periodistas fueron asesinados mientras Javier Duarte gobernaba. Y de los culpables no se sabe nada. Lo único que sí se sabe es que Duarte fue uno de los gobernadores más corruptos, con empresas fantasma desapareció al rededor de 645 millones de pesos.

Sin embargo, Duarte ya no se encontraba a cargo del gobierno cuando sucedió esto, fue acusado con cargos de delincuencia organizada, lavado de dinero y defraudación fiscal. Pidió una licencia desde octubre del año pasado y no fue hasta abril que lo encontraron y aprehendieron en Guatemala. El homicidio de Monlui ocurrió bajo el cargo del gobernador Miguel Ángel Yunes, perteneciente al Partido Acción Nacional.


No pasó ni una semana y la siguiente víctima de la corrupción e impunidad ante estos casos fue Miroslava Breach, reportera del periódico La Jornada, quien fue asesinada frente a su casa en el estado norteño de Chihuahua. Diez días antes Miroslava había expuesto una investigación acerca de fosas clandestinas ubicadas en Madera, Chihuahua.
Hace menos de un mes y a raíz de una denuncia, realizada por familiares de una persona desaparecida, la Fiscalía Zona Occidente inició una carpeta de investigación y solicitó órdenes de cateo para realizar excavaciones en tres propiedades del poblado Largo Maderal, perteneciente a la sierra Tarahumara.

En el lugar dominaba, presuntamente un cabecilla del crimen organizado, identificado como Ignacio García "El Nachito", y habría enterrado cadáveres en los últimos ocho años, según señala la carpeta de investigación.
La periodista se había dedicado a investigar la relación que tenía el Partido Revolucionario Institucional (PRI) y el narcotráfico en Chihuahua. Javier Corral gobernador de Chihuahua del PAN, y gran amigo de Miroslava, declaró que sin duda esto había sido una represalia en contra de la periodista por investigar estas relaciones de la narcopolítica:
"Se trata de la ejecución de un crimen con propósitos de intimidación y de silenciamiento", insiste. "Y digo esto porque hubo un trabajo frontal sobre esos vínculos de la narcopolítica. Por eso la trascendencia de la investigación que estamos construyendo y de los resultados y del castigo a los responsables".

- ¿Detrás del crimen de Miroslava podría estar la narcopolítica?

- ¡Sí, señor!
Miroslava también fue reconocida por la investigación que hizo acerca de como el narcotráfico había desterrado a cientos de familias de la Sierra de Chihuahua, mismas que después fueron utilizadas por ellos para sembrar amapola, de donde se obtiene la heroína:
"El asesinato de familias completas y el desplazamiento forzado que ocurre en Chínipas, ubicado en la parte baja de la sierrra Tarahumara - en los límites con Sonora y Sinaloa- es un botón de muestra de la situación general que priva en la sierra", escribió Miroslava en agosto de 2016.
El día 14 de abril fue asesinado otro periodista más en el estado de La Paz, Baja California Sur. Maximinio Rodríguez quien a sus 73 años y ya jubilado seguía trabajando en el Colectivo Pericú, que se centraba en la denuncia ciudadana, corrupción y abusos, temas que los medios masivos no cubrían pero de los cuales se tenía que hablar. El blog ya había sido amenazado por los cárteles del crimen organizado a través de una "narcomanta." Hasta la fecha las autoridades supuestamente aún no han encontrado a los culpables.


Dos semanas después Filiberto Álvarez, locutor y periodista en el estado de Morelos se convirtió en la siguiente víctima. Filiberto de 65 años recibió cinco balazos cerca de su vivienda, fue trasladado al hospital, pero desgraciadamente falleció. De acuerdo con las supuestas investigaciones que se hicieron en este caso, su asesinato "no tuvo nada que ver con su trabajo." Pero en este punto es bastante difícil creer que un periodista en México sea asesinado por otras cuestiones, y mucho menos creíbles cuando nadie llega a una conclusión concisa de qué fue lo que realmente pasó.

A estos cinco casos se le suma el más reciente, el homicidio de Javier Valdez el 15 de mayo. El periodista oriundo de Sinaloa se había dedicado a escribir sobre la violencia del narcotráfico en Sinaloa, cuna del cartel de El Chapo. Valdez fue fundador del medio Ríodoce y también colaboraba con La Jornada de Sinaloa.

Fue uno de los periodistas más importantes para México, en su libro Narcoperiodismo: La prensa en medio del crimen y la denuncia, habló de todos aquellos colegas que se han dedicado a denunciar con hechos reales todo lo que pasa en México con relación al narcotráfico. Hace seis años el Comité para la protección de Periodistas, le otorgó el Premio de la Libertad de Prensa por su gran trabajo, las palabras que dijo en su discurso son las mismas que resuenan en todos los medios mexicanos que se encuentran de luto por su fallecimiento:
"En Culiacán, Sinaloa, es un peligro estar vivo y hacer periodismo es caminar sobre una invisible línea marcada por los malos que están en el narcotráfico y en el Gobierno (..) Uno debe cuidarse de todo y de todos".