"Toda enfermedad empieza en el intestino" - Hipócrates
© Ken Orvidas
Quizá la afirmación de Hipócrates era un poco exagerada, pero no iba muy desencaminada (detalle). He hablado muchas veces sobre la importancia de nuestra microbiota y cómo el estilo de vida actual la perjudica.

Por las consultas que recibo, hay mucha confusión sobre los distintos tipos de trastornos intestinales, sus causas y las enfermedades derivadas.

En el artículo de hoy intentaré resumir terminología y problemas principales. En próximas entrega profundizaremos en los tratamientos conocidos para los problemas más frecuentes.

La microbiota: el órgano olvidado

Vivimos en un mundo microbiano. Hay más bacterias en tu mano que humanos en la tierra. Tu propio cuerpo es un ecosistema, con muchas más células bacterianas que humanas. Sin bacterias no hay vida.

Al conjunto de microorganismos albergados en tu cuerpo se le denomina microbiota, y sus genes superan a los tuyos con creces, son nuestro segundo genoma (detalle). Pero mientras nuestro genoma humano es fijo, nuestro genoma bacteriano es moldeable, de ahí el interés reciente en entenderlo y controlarlo.

Las bacterias coevolucionaron con nosotros, y delegamos en ellas parte de nuestras funciones biológicas:
  • Modulan nuestro sistema inmune y la respuesta inflamatoria (estudio, estudio, estudio), motivo por el que muchas enfermedades autoinmunes se originan en el intestino.
  • Previenen el ataque de bacterias patógenas (estudio, estudio). Un ecosistema débil facilita la colonización de microbios peligrosos.
  • Nos alimentan y protegen de enfermedad. Producen por ejemplo butirato a partir de moléculas inaccesibles para nosotros. Este ácido graso de cadena corta aporta energía y protege contra enfermedades como cáncer de colon (detalle, detalle) y obesidad (detalle). Participan también en la síntesis de algunas vitaminas (estudio) y aminoácidos (detalle, detalle).
  • Regulan nuestro metabolismo. Influyen tanto en la absorción de nutrientes como en nuestra respuesta metabólica a los alimentos (detalle, detalle).
Quedan todavía muchas interrogantes, y cada día descubrimos algo nuevo y fascinante. No en vano la microbiota es considerada por algunos el órgano olvidado (detalle). Incluso con el limitado conocimiento actual, está clara su función vital.

Trastornos de la microbiota y enfermedades derivadas

Al igual que el entorno moderno atenta contra nuestros genes, altera también los de nuestra microbiota, desequilibrando nuestra relación simbiótica.

Muchas enfermedades modernas tienen relación con al menos uno de los siguientes problemas intestinales:
  1. Disbiosis. Es una alteración en los tipos y cantidades de bacterias respecto a las que tu cuerpo espera. Todo ecosistema requiere un equilibrio, y aunque tu microbiota es tan personal como tu huella dactilar, hay combinaciones más favorables que otras. Una microbiota pobre o desequilibrada favorece la enfermedad.
  2. Permeabilidad intestinal. Tu microbiota es la primera línea defensiva del intestino. Tras ella, se encuentra una fina mucosa intestinal, cuyo objetivo es permitir la absorción de nutrientes, bloqueando a posibles patógenos. Problemas en esta barrera permiten el paso de sustancias problemáticas.
  3. Sobrecrecimiento bacteriano en el intestino delgado (o SIBO en inglés). Las bacterias intestinales deberían concentrarse en el colon, pero en algunos casos se desarrollan en exceso en el intestino delgado. Es en realidad un tipo específico de disbiosis, pero es conveniente tratarlo de manera independiente.
Aunque los tres están muy relacionados, tienen manifestaciones y tratamientos ligeramente diferentes.
1) Disbiosis
La microbiota de cada población variaba en función de los alimentos preponderantes en cada momento. Esta plasticidad bacteriana permitía a nuestros ancestros adaptar su alimentación según las estaciones o latitudes (estudio, estudio, estudio).

Paradójicamente, a medida que un país se enriquece, su microbiota se empobrece. Los occidentales tienen microbiotas menos diversas que los habitantes de zonas menos desarrolladas (estudio, estudio, estudio).

No existe una microbiota humana "ideal" pero, como en cualquier ecosistema biológico, la diversidad es buena, y previene un colapso total del sistema (detalle). En nuestro caso, la pérdida de diversidad deriva en enfermedad (estudio, estudio).
Disbiosis y enfermedad
La disbiosis se asocia a multitud de enfermedades, muchas ligadas al sistema digestivo, como enfermedad de Crohn (estudio, estudio), colitis ulcerosa (estudio) o cáncer de colon (estudio, estudio), y otras aparentemente alejadas pero conectadas, como autismo (estudio) o Parkinson (estudio, estudio, estudio).

Uno de los beneficios de una microbiota sana es mayor producción de ácidos grasos de cadena corta (estudio, estudio, estudio), y las dietas occidentales son inferiores en este sentido.

Existe también una relación bidireccional entre microbiota y obesidad. La obesidad cambia la microbiota (estudio), pero también al revés. Cuando un ratón delgado recibe una microbiota "obesa" engorda, si recibe una "sana" adelgaza (estudio, estudio, estudio).

Analizaremos los motivos de la disbiosis, pero dietas pobres en MACs ( Microbiota-Accesible Carbohydrates) o carbohidratos accesibles a la microbiota, son uno de ellos (detalle). Un buen ejemplo de MAC es el almidón resistente, así como muchas verduras y frutas.

© https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC5427073/
2) Permeabilidad intestinal
La mucosa intestinal es una fina capa de células que separa el mundo exterior de tu mundo interior. El contenido de tu intestino está técnicamente fuera de ti.

Para cumplir su función, estas células se pegan unas a otras, formando las llamadas uniones estrechas, o tight junctions en inglés. Su misión es dejar pasar agua y nutrientes, bloqueando el paso de patógenos, antígenos y toxinas.

Muchos hábitos de la vida moderna dañan estas células y sus uniones, produciendo el conocido intestino permeable o poroso, un enemigo silencioso (estudio, estudio).

La permeabilidad intestinal es bastante individual. Algunas personas son sensibles a ciertas lectinas o proteínas, como el gluten (estudio, estudio) y otras no, a algunas les afecta más el estrés que a otras (detalle) .

La propia microbiota puede comprometer tu barrera intestinal. En ausencia de su alimento favorito (MACs), las bacterias se comen la mucosa intestinal, aumentando su permeabilidad (estudio, estudio). Es una de las muchas relaciones entres disbiosis y permeabilidad intestinal.

Esta porosidad facilita el cruce de patógenos y proteínas de los alimentos, contra las que el sistema inmune responde con inflamación, ligada a múltiples trastornos, desde síndrome de fatiga crónica (estudio, estudio, estudio) hasta depresión (estudio), pasando por acné (detalle) y enfermedad coronaria (detalle).

En los casos más severos, el sistema inmune pierde la capacidad de distinguir entre células propias y ajenas, atacando sus propios tejidos. Por este motivo la permeabilidad intestinal se asocia con múltiples enfermedades autoinmunes (estudio, detalle), como psoriasis (estudio), artritis reumatoide (estudio), asma (estudio), esclerosis múltiples (estudio, estudio) y enfermedad de Crohn (estudio).

© http://www.schneiderclinic.com/leaky-gut-syndrome/
3) Sobrecrecimiento bacteriano o SIBO
El intestino delgado de los humanos es mucho más largo que el de otros primates, una de las huellas de nuestra herencia evolutiva.

© “Nutritional Characteristics of Wild Primate Foods” by Katharine Milton, Journal of Nutrition, 1999
A lo largo de este intestino se absorben los nutrientes a los que accedemos fácilmente, sin necesidad del trabajo bacteriano. Esto permite que los MACs (carbohidratos accesibles a la microbiota) prosigan su camino hacia su destino, el colon, donde debe residir la mayoría de nuestra riqueza bacteriana.

Por tanto, un exceso de bacterias en el tramo inicial (intestino delgado) acarrea problemas, primero porque las bacterias se comerían nuestro alimento, y segundo porque las fermentaciones que producen nos hacen daño.

Para evitarlo, el sistema digestivo cuenta con diferentes estrategias, desde ácido clorhídrico en el estómago hasta la producción posterior de bilis y múltiples enzimas digestivas, que se encargan de mantener las bacterias a raya.

Cuando estas defensas no funcionan bien, las bacterias se multiplican, dando lugar al llamado sobrecrecimiento bacteriano del intestino delgado o SIBO (detalle), cuyos síntomas son variados: gases, hinchazón abdominal, reflujo, ardor estomacal...

Estos síntomas pueden deberse a otros motivos, por supuesto, pero si sufres alguno de ellos desde hace tiempo, merece la pena explorar esta posibilidad.

Principales culpables

Los tres grandes problemas presentados (disbiosis, permeabilidad intestinal y SIBO) son diferentes pero están muy relacionados, y sus causas podrían resumirse en los siguientes grandes puntos:
  1. Primeros meses de vida incoherentes evolutivamente. La colonización bacteriana de los primeros meses de vida tiene un gran impacto en la salud futura, y veremos a continuación cómo atentamos contra nuestras necesidades biológicas.
  2. Comida industrial. Nuestros genes no están bien adaptados a la comida moderna, y nuestras bacterias tampoco.
  3. Exceso de medicación. Los antibióticos salvan muchas vidas, pero también empeoran la salud de muchas personas al perjudicar su microbiota (matan bacterias malas y buenas). Y no son solo los antibióticos. Sabemos por ejemplo que antiinflamatorios como el ibuprofeno dañan la barrera intestinal (estudio, estudio, estudio).
  4. Estrés. El estrés constante impacta negativamente la microbiota (estudio, estudio, estudio), y el desajuste de los ritmos circadianos favorece también la permeabilidad intestinal (estudio). Esta relación es bidireccional: problemas en la microbiota favorecen a su vez el estrés (detalle).
  5. Exceso de higiene. En este artículo explico por qué un mundo tan estéril como el actual produce enfermedad.
  6. Toxicidad. Estamos expuestos a multitud de compuestos novedosos, desde emulsionantes a BPAs de muchos envases, que alteran la microbiota intestinal (estudio, estudio).
En próximas entregas profundizaremos en cómo identificar y tratar cada uno de los grandes problemas. Hoy comentaré únicamente el primer punto: primeros meses de vida que atentan contra nuestra biología.

La microbiota en los primeros meses

Los humanos nacemos menos maduros que el resto de animales. Para algunos, los primeros meses de vida son en realidad el cuarto trimestre de embarazo. Nuestra propia microbiota también nace subdesarrollada.

Aunque en la placenta se produce cierta colonización bacteriana, es al cruzar la vagina durante el parto que el bebé recibe el mayor traspaso de microbiota. La madre no cede únicamente sus genes humanos, también condiciona los bacterianos (estudio, estudio).

Los niños que nacen por cesárea tienen mayor riesgo de obesidad (estudio), alergias (estudio), asma (estudio), enfermedad celíaca (detalle) o diabetes tipo I (detalle).

Otro enemigo de la microbiota durante estos primeros meses son los antibióticos. Su uso en los primeros meses de vida aumenta el riesgo futuro de obesidad (estudio, estudio), asma y alergias (estudio, estudio, estudio),

Por supuesto las cesáreas necesarias y los antibióticos a tiempo pueden salvar vidas, pero el desconocimiento de su lado perverso ha llevado al abuso de ambos durante décadas, con desastrosos resultados para nuestra microbiota.

El siguiente factor con gran repercusión en la salud de la microbiota infantil es la alimentación.

El poder bacteriano de la leche materna

La leche materna es el alimento diseñado por la naturaleza para el bebé, y es superior a cualquier alternativa artificial. No solo contiene las proporciones adecuadas de macronutrientes y micronutrientes (incluyendo colesterol), sino que aporta probióticos y prebióticos.
Probióticos
Durante mucho tiempo se creyó que la leche materna era estéril, y que debía protegerse al bebé de cualquier bacteria. Hoy sabemos que esta leche contiene una gran riqueza microbiana, fundamental para el desarrollo de una microbiota saludable y la modulación del sistema inmune (revisión). El contacto directo con la piel materna es otra fuente de bacterias beneficiosas.

Los bebes alimentados con leche materna tienen menos riesgo de enfermedades autoinmnunes (detalle), entre otras muchas patologías (estudio). Una microbiota equilibrada reduce además los famosos y frecuentes cólicos infantiles (estudio). La leche materna es la mejor medicina.

Otro punto de inflexión para la microbiota se produce unos meses después, cuando se empiezan a introducir los primeros alimentos sólidos.

Nuestros ancestros no contaban con "Su primera galleta" o "Su primer Cola-Cao", les daban a los niños comida de verdad.

Una alimentación variada, con menos papillas de harinas hidrolizadas y más comida real, es la mejor opción para aumentar, de manera gradual, la diversidad bacteriana (detalle).

Antes de los "primeros procesados", los niños comían lo mismo que los mayores, pero con ciertas adaptaciones. Los adultos premasticaban por ejemplo algunos alimentos para sus hijos, facilitando su digestión. Esta práctica era una forma adicional de transmisión de bacterias beneficiosas a través de la saliva.

No es necesario llevarlo al extremo, y entiendo la presión del tiempo y las limitaciones del mundo moderno. Pero hay acciones sencillas que pueden enriquecer la microbiota infantil. Por ejemplo, los niños cuyos padres limpian los chupetes con la boca tienen menos riesgo de asma y eczema (estudio).
Prebióticos
La leche materna es rica en oligosacáridos especiales, el compuesto más abundante después de la grasa y la lactosa. Estos oligosacáridos de la leche humana (HMO o human milk oligosaccharides) son un tipo de carbohidrato complejo que el sistema digestivo del bebé no puede descomponer (estudio).

¿Por qué la madre pone tanto esfuerzo en producir compuestos a los que el intestino del bebé no puede acceder? Porque no son para él, sino para sus bacterias.

La estructura química de estos carbohidratos es tremendamente compleja. De los 130 oligosacáridos conocidos, solo han podido sintetizarse dos en el laboratorio (detalle), una prueba más de la superioridad de la leche materna, el resultado de millones de años de prueba y error por parte de la evolución.

En resumen, el embarazo, el parto y los primeros meses de vida condicionan la microbiota para el resto de la vida.

Si ya has superado esta etapa, no te preocupes. Todavía puedes mejorar tu salud intestinal y, por tanto, tu salud global. Continuaremos en próximas entregas.