Durante décadas el kibutz Beit Alfa ha vendido vehículos antidisturbios a regímenes despóticos como el Chile de Pinochet y el Burundi de Nkunrunziza.

© Oren Ziv / Activestills.org
La policía arroja un líquido azul a manifestantes ultraortodoxos durante una protesta contra el arresto de un desertor de su comunidad del ejército israelí, Jerusalén, 23 de marzo de 2017.
La semana pasada cientos de manifestantes ultraortodoxos bloquearon la entrada a Jerusalén para protestar por el arresto de estudiantes de seminarios considerados "desertores" por el ejército porque se negaron a ser reclutados. La policía israelí envió vehículos especiales antidisturbios que rociaron con agua coloreada a los manifestantes. Las imágenes del agua azul fosforescente salpicadas sobre los manifestantes religiosos vestidos de blanco y negro aparecieron en los medios israelíes, principalmente debido al colorido contraste. Estos vehículos de control de disturbios, producidos por el kibutz Beit Alfa, que pertenece al movimiento sionista socialista Hashomer Hatzair, se han vendido a regímenes despóticos durante décadas. El agua coloreada ayuda a marcar a los manifestantes, por lo que es fácil arrestarlos incluso después de que abandonen la escena.

Hashomer Hatzair y Pinochet

Lily Traubmann, Tamara Santos Traubmann y Daniel Silberman, sobrevivientes del régimen de Pinochet en Chile cuyos seres queridos fueron secuestrados y desaparecidos, presentaron una solicitud de desclasificación de información, solicitando al Estado que revele sus vínculos con el régimen de Pinochet. Se adjuntó a su petición una declaración jurada del ciudadano israelí Eitan Kalinsky.

En 1989 Eitan y su esposa fueron enviados por la Agencia Judía para enseñar en una escuela judía en Santiago, la capital de Chile. Era el ocaso de la brutal dictadura de Pinochet, responsable del asesinato y la desaparición de 3.200 personas y de la tortura de 40.000 personas, perpetrada con algunos de los métodos más crueles de la era moderna.

Durante su estancia en Chile, Eitan y su esposa asistieron a 10 manifestaciones contra la dictadura y en apoyo de la democracia. En su declaración jurada, Eitan dice lo siguiente:
"Durante una de las protestas en Santiago hubo vehículos con cañones de agua de colores, el color del agua cambiaba cada pocos minutos, por ejemplo, un verde muy fuerte. El enviado de Hashomer Hatzair me dijo: "Mira, dice 'Hakibbutz Haartzi, Hashomer Hatzair'". Todos sabíamos que estaba hecho en el kibutz Beit Alfa. El agua coloreada empujó a la gente hacia atrás con una fuerza intensa y un escaparate colapsó. Yo era un enviado del Estado de Israel y no podía criticar al Estado, así que me guardé mi dolor.

Fueron padres de izquierda quienes se volvieron hacia nosotros y preguntaron cómo Israel podía apoyar a Pinochet. No pronuncié una sola palabra mala sobre Israel, pero en casa grité contra las paredes. La manifestación con los cañones de agua fue dura. Los manifestantes no se rindieron fácilmente. Se retiraron solo debido a los cañones de agua. Otros me dijeron que en las protestas cerca de las universidades, en la ciudad más antigua, hubo incluso un mayor uso de cañones de agua. Los vi solo esa vez, en la protesta que marcó el golpe [de 1973] en septiembre de 1989".
Según el informe de la comisión del Gobierno chileno para la investigación de los crímenes del régimen de Pinochet, en 1989, 19 ciudadanos, mujeres y hombres fueron asesinados o desaparecieron en Santiago. El final de la década de 1980 fue un momento crítico en Chile. El mundo entero contuvo la respiración para ver si Pinochet permitiría la transición a la democracia. El alcance de la represión disminuyó en comparación con los años anteriores y masas de personas protestaron en todo Chile en apoyo de la democracia. Pero las fuerzas de seguridad de Pinochet siguieron torturando, desapareciendo y asesinando a civiles que participaron en las protestas, especialmente a aquellos reconocidos como líderes o prominentes defensores de la transición democrática.

Beit Alfa en Burundi

Según Amnistía Internacional, los vehículos antidisturbios fabricados en la fábrica de Beit Alfa Technologies también se han utilizado en Burundi desde el comienzo de una crisis política en abril de 2015, debido a la extensión no constitucional del mandato del presidente Nkurunziza. El sitio web del kibbutz se jacta de la visita del Ministro del Interior de Burundi a la fábrica que produce los vehículos antidisturbios en junio de 2013. Al parecer los vehículos fueron entregados a Burundi a principios de 2015.

En los últimos dos años la ONU y la comunidad internacional han estado en alerta por genocidio en Burundi. La Unión Europea ha congelado toda la ayuda al Gobierno del país. Graves violaciones de los derechos humanos han tenido lugar allí, los manifestantes han sido asesinados en manifestaciones o en sus hogares; los cuerpos, incluidos los de menores, fueron encontrados muertos a tiros y esposados, a veces incluso mutilados; activistas de los derechos humanos y periodistas han sido asesinados y desaparecidos. El Gobierno y la oposición llevan a cabo actos de venganza en barrios asociados con el lado rival. Se han producido enfrentamientos esporádicos en todo el país, especialmente en la capital de Bujumbura. Algunos detenidos han sido llevados a centros de detención secretos, incluidos los hogares del presidente y el ministro de Seguridad Interior. Funcionarios de seguridad del país han admitido haber preparado listas de asesinatos con los nombres de integrantes de la oposición y miembros de las fuerzas de seguridad cuestionados por el régimen.

Informes de las Naciones Unidas de septiembre de 2016 y de agosto de 2017 indican que la violencia en Burundi puede considerarse crímenes de lesa humanidad. Según expertos de la ONU, las fuerzas de seguridad del Gobierno han usado fuerza excesiva, como por ejemplo el uso de fuego real contra los manifestantes, incluidos los que intentan abandonar la escena y atacar a los manifestantes después de que las manifestaciones se hayan dispersado. También se reveló que la "unidad especial antidisturbios" de la policía ha convertido su sede en Bujumbura en un centro de tortura.

Las mujeres y los hombres detenidos por participar en protestas, o por sospecha de haberlo hecho, son sometidos a crueles métodos de tortura que incluyen atar pesas a los testículos de los detenidos; aplastar los dedos de las manos y los pies con un tornillo de banco; encarcelamiento en un contenedor cerrado; encarcelamiento con el cadáver de un pariente; sentarse forzado sobre ácido, fragmentos de vidrio o uñas; violación en grupo, incluso en presencia de niños, metiendo las manos y objetos en los genitales de mujeres y niñas; inyección de toxinas en los testículos y otras partes del cuerpo; apuñalar con cuchillo o machete; apuñalar los senos de las mujeres; electrocución; quemaduras con soplete; cubrir los cuerpos de los detenidos con barro; atar las manos de los detenidos a sus espaldas por largos períodos de tiempo; la humillación y el uso de expresiones denigratorias, incluyendo insultos étnicos; meter los dedos en los ojos de los detenidos y colgar a los detenidos de las piernas.

El régimen de Burundi incluso ha vertido su violencia en niños. En mayo de 2016, después de que unos pocos estudiantes de secundaria escribieran en fotos del presidente, cientos de estudiantes fueron expulsados. Las fuerzas de seguridad de Burundi detuvieron a unos 60 estudiantes y la policía se hizo cargo de 16 escuelas.

La "normalidad" de Beit Alfa es anormal

En los últimos años los medios israelíes han dado la voz de alarma sobre la educación militarista y el adoctrinamiento de la derecha en las colonias. Pero mientras la izquierda sionista israelí está preocupada por el sistema educativo en Cisjordania, no ha podido examinar lo que sucede en su propio patio trasero. Los miembros de kibutz Beit Alfa no solo financian a su comunidad vendiendo vehículos de control de multitudes que hacen que sea más fácil arrestar a los manifestantes; aparentemente también ven esto como una fuente de orgullo.

En el sitio web del kibutz, junto con avisos e informes sobre la recolección de botellas de vidrio para reciclar, anuncios para una fiesta en la piscina, una velada de canto, una cosecha exitosa, una exhibición de pinturas de un miembro y fiestas de cumpleaños para miembros que han festejado su 80 aniversario, también se pueden encontrar informes sobre la ceremonia de lanzamiento de un nuevo vehículo avanzado de control de multitudes, encargado por la policía israelí, y visitas de delegaciones de la policía de Kenia y Brasil para examinar estos vehículos.

En abril de 2011, se celebró una fiesta de despedida para homenajear al director saliente de la fábrica del kibutz, que incluía un concurso de panadería. En el evento el coordinador del kibutz se dirigió al homenajeado:
La cumbre de este período, creo, fue la venta de 45 sistemas antidisturbios a las cárceles de California, el envío de 30 vehículos antidisturbios a Zimbabue a través de un enorme avión ruso Antonov y la fabricación de 17 vehículos de control de multitudes en 4 meses (un período realmente muy corto) en la fábrica de Norol en Turquía y su transporte por tierra y aire a Kazajstán. En todos estos casos, su mano guía ha asegurado de que los tratos hayan sido firmados y completados.
¿Cómo explican los padres del kibutz Beit Alfa a sus hijos lo que produce su fábrica y a quién vende sus productos? ¿Qué hace un padre en el kibutz cuando su hijo ve un vehículo fabricado en el kibutz rociando agua en los manifestantes ultraortodoxos en Jerusalén en la televisión o a los manifestantes que piden democracia en Burundi? ¿Hay alguien en el kibutz que encuentre esto anormal? ¿Hay objetores de conciencia allí?

En mayo de 2016 enviamos una carta a la secretaría del kibutz Beit Alfa y a la fábrica de Beit Alfa Technologies. Les pedimos que respondieran las siguientes preguntas: ¿Cuándo se vendieron a Chile los vehículos de control de multitudes antes mencionados? ¿Cuáles fueron sus especificaciones técnicas y quienes en Israel y en Chile participaron y autorizaron el trato? También les pedimos que publicaran una declaración, en hebreo y español, aceptando la responsabilidad de los vínculos con el régimen de Pinochet y que se comprometieran a no cooperar en el futuro con los regímenes represivos que violan los derechos humanos.

Un año y medio después, los ciudadanos chileno-israelíes Lily, Tamar y Daniel todavía esperan una respuesta. Mientras tanto, la fiesta continúa en el kibutz Beit Alfa.

Eitay Mack es un abogado de derechos humanos israelí que trabaja para detener la ayuda militar israelí a los regímenes que cometen crímenes de guerra y crímenes de lesa humanidad. Este artículo se publicó por primera vez en hebreo en Local Call.

Fuente

Traducido del inglés para Rebelión por J. M.