Los hongos parásitos de los insectos contienen una sustancia inusual que suprime el crecimiento de las células cancerígenas y hace que se autodestruyan. A esta conclusión llegaron los bioquímicos del Instituto de Biofísica Teórica y Experimental de la Academia Rusa de Ciencias.
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Aflatoxin 1
Las células cancerígenas consumen una gran cantidad de nutrientes y oxígeno, debido a lo que crecen sin control y se multiplican. Además, de este modo crean un entorno extremadamente desfavorable, donde otras células no son capaces de sobrevivir.

También están protegidas de la destrucción de otras maneras: pueden ignorar las moléculas que desencadenan reacciones de autodestrucción celular o usarlas como señales de crecimiento, y también producir sustancias que repelen las células inmunitarias o hacen que el tumor sea invisible para ellas.

Así, existen las lipoxigenasas, una familia de enzimas que controlan la actividad vital y el crecimiento celular. Entre otras cosas, dan señales para el lanzamiento del programa del 'suicidio celular'. Sin embargo, para el cáncer no funcionan.

En consecuencia, los biofísicos han sugerido que la inhibición de la actividad de las lipoxigenasas puede inhibir el crecimiento del tumor o incluso destruirlo. Sustancias que suprimen estas enzimas se encuentran, por ejemplo, en el extracto de los hongos Lecanicilium lecanii que parasitan en insectos, como pulgones y otros bichos.

Efectivamente, como demostraron los experimentos, las enzimas fúngicas disminuyeron el crecimiento del tumor. Además de acelerar la muerte de las células cancerosas, también protegen las células que dirigen el sistema inmune, de la muerte en masa durante la radioterapia.