El lunes, una destacada "reportera de tecnología" de The Guardian llamada Olivia Solon publicó los resultados de su investigación sobre cómo fue que las "teorías de la conspiración" sobre la organización de defensa civil siria de los Cascos Blancos, que en realidad era un grupo terrorista, lograron dominar el debate en Internet. El resultado fue un increíble artículo muy exitoso contra los sitios alternativos de los medios de comunicación -en particular 21st Century Wire, que publicó una investigación original de la periodista Vanessa Beeley- cuyo trabajo ha contribuido mucho a exponer las mentiras occidentales sobre la guerra en Siria. Y todo es culpa de Rusia, por supuesto...
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Estafadores humanitarios: Los Cascos Blancos de Siria. Haciendo el canto de la victoria de los terroristas mientras transportan soldados muertos de la SAA [Fuerzas Armadas de Siria]
Cómo los cascos blancos sirios se convirtieron en víctimas de una maquinaria de propaganda en Internet

La campaña respaldada por Rusia para vincular a los voluntarios de rescate con Al Qaeda expone cómo se arraigan las teorías de la conspiración: "Es como una fábrica".
Con leer sólo el titular y el subtítulo ya has captado lo esencial. Solon construye un cuento sobre una gran conspiración que involucra a "activistas antiimperialistas, teóricos de la conspiración y trolls con el apoyo del gobierno ruso" para explicar por qué la gente cree en la narrativa alternativa (y en gran medida acertada) de los Cascos Blancos frente a la narrativa oficial occidental de que los Cascos Blancos son en realidad "caballeros blancos salvando a los sirios de su malvado gobierno".

Beeley y otros han producido muchos informes detallados que recopilan montones de pruebas que exponen a los "voluntarios" de los Cascos Blancos como terroristas que masacran a los "apóstatas" (generalmente personas leales al gobierno sirio, que es por supuesto la mayoría de la gente en Siria). Además, hay pruebas fotográficas y en vídeo de que ellos ayudan a los terroristas que ondean banderas negras a llevar a cabo y limpiar sus ejecuciones mientras visten el uniforme de los Cascos Blancos; pruebas que a menudo son producidas por los propios Cascos Blancos como parte de su esfuerzo propagandístico para que las atrocidades sean vistas como obras del gobierno sirio y que posteriormente se exponen por lo que realmente son.

Solon se refirió brevemente a sólo un par de estos casos y luego los caracterizó como "actores deshonestos aislados", ignorando las docenas, si no cientos de casos en los que los Cascos Blancos fueron capturados fingiendo rescates y tratando a niños muertos, grabados en vídeos en los que describen las elaboraciones de vídeo del grupo y su posesión de sustancias químicas prohibidas, y también celebrando las muertes de civiles sirios junto a fuerzas de Al-Qaeda/Al-Nusra. (Los civiles de Siria, por cierto, para quienes los Cascos Blancos supuestamente son héroes, también han condenado rutinariamente a la organización, pero The Guardian no deja que eso se interponga en el camino de una buena historia).

Pero todo esto es esencialmente irrelevante para el "Guardián de las opiniones del establishment". Sólo le interesaba mencionar el metanálisis del discurso público sobre los Cascos Blancos para impulsar su agenda, no llevar a cabo una investigación, mucho menos cuestionar sus suposiciones de lo que hacen los Cascos Blancos. Poniendo como referencia las investigaciones académicas, The Guardian publicó "mapas de redes" y analíticas que, a primera vista, son más bien indicadores condenatorios de que los medios de comunicación convencionales ya no pueden dominar el discurso como antes:

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Un gráfico de red de dominios para tuits que contuvieran las palabras 'cascos blancos' desde mayo a agosto de 2017. Se trata de sitios web conectados entre sí por usuarios (quienes tuitean a ambos). El color azul representa los sitios que informan la narrativa alternativa; el rojo, la historia oficial.
Pero Solon no lo interpretó como debería ser interpretado, es decir, como múltiples nodos en línea que cruzaban referencias entre sí y contribuían colectivamente al debate público, presentando una narrativa cohesiva que tiene poca coincidencia con la narrativa "oficial" contraria. En lugar de ello, hizo lo mismo que casi todos los demás expertos de la opinión dominante antes que ella, presentando esto como evidencia de que el Kremlin se sitúa en el centro de una red, moviendo las cuerdas de los disidentes por doquier. Solon escribe:
La forma en que la maquinaria propagandística rusa ha atacado a los Cascos Blancos es un excelente ejemplo de las guerras de información prevalecientes. Expone cómo los rumores, las teorías de la conspiración y la burbuja de verdades a medias llegan al tope de los algoritmos de búsqueda de YouTube, Google y Twitter.

"Éste es el núcleo de la propaganda rusa. Antiguamente trataban de describir a la Unión Soviética como una sociedad modelo. Ahora se trata de crear confusión respecto a cada tema con tantas narrativas que la gente no puede reconocer la verdad cuando la ve", dijo David Patrikarakos, autor de War in 140 Characters: How Social Media is Reshaping Conflict in the 21st Century ("Guerra en 140 caracteres: Cómo los medios sociales están remodelando el conflicto en el siglo XXI")
Lo que es extraordinariamente irónico acerca de su sugerencia de que Rusia está manipulando algoritmos de medios sociales es que esto es exactamente lo que las plataformas de los medios sociales han estado haciendo en favor de la narrativa oficial. Es una proyección total - acusar a los demás de hacer exactamente lo que tu bando está haciendo - en un esfuerzo aparentemente inútil por hacer creer a todo el mundo que los rusos son culpables de "manipular mentes" con falsedades, cuando en realidad eso es lo que el propio The Guardian está haciendo activamente al acusar a Rusia de tal cosa.
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© Vanessa Beeley
Ejecución asistida por los Cascos Blancos, donde realizaron una operación de limpieza para los combatientes del Frente Nusra en Haritan. Norte de Alepo, Siria, mayo de 2015.
Pero aquí hay más que una simple ironía de las circunstancias. Como periodista profesional graduada de Oxford, Solon es perfectamente capaz de trazar y verificar los pasos que Beeley dio para trazar el verdadero "corazón" de los Cascos Blancos y, por lo tanto, la verdadera máquina propagandística que hay detrás de ellos: el destacado rol del Ministerio de Asuntos Exteriores británico, con el apoyo de entidades estadounidenses e israelíes.
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© UK Column
Aquí hay un gráfico de la red que The Guardian nunca publicará.
No es de extrañar que la mayoría de las personas con un poco de información concluyan que los "periodistas" como Solon son agentes conscientes de los gobiernos occidentales en su ridícula guerra propagandística contra Rusia.

Los académicos y periodistas que interpretan mal sus analíticas omiten por completo lo que realmente está sucediendo: casi todos los puntos de vista disidentes o discrepantes (ya sean de izquierda o de derecha) están hoy en día vinculados al Kremlin. ¿Usted protesta contra el fracking en el Reino Unido? Usted es un títere del Kremlin pagado. ¿Protesta usted en defensa de los valores tradicionales en Francia? Es usted un títere del Kremlin. ¿Votó por Trump en la elección de 2016? Usted es un títere del Kremlin.

Si CUALQUIER COSA perturba de algún modo el statu quo en cualquier lugar de Occidente, "Rusia lo hizo". Es un fenómeno extraño, pero fascinante. Significa que están reconociendo que los puntos de vista disidentes que le dicen la verdad al poder en Occidente tienen un aliado natural en la Rusia oficial... ¡lo que, por supuesto, socava completamente los fundamentos de su argumento (que Rusia es un malvado mentiroso)!