¿Quién mejor que otro matón para aconsejar al bravucón al mando, Donald Trump, sobre cuándo hacer guerras y matar gente? Después de todo, es difícil evitar la etiqueta -la de un matón- cuando se piensa en John Bolton, el ex funcionario de la administración Bush, que se convirtió en el experto de Fox News, y que Trump eligió recientemente como su asesor de seguridad nacional.
Bolton
© Boing Boing
John Bolton: "Cheney quiere que se marche... tiene 24 horas".

"John Bolton es un matón"
, me dijo José Bustani, el diplomático brasileño retirado y exjefe de la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas, cuando me comuniqué con él por teléfono en París a principios de este mes.

Hay un número de personas que afirman haber sido acosadas o intimidadas por Bolton - incluyendo a Bustani. Las críticas de este último al famoso halcón bigotudo han sido públicas desde hace muchos años, pero algunos de los detalles de su tenso encuentro con Bolton en la OPAQ nunca se habían publicado en inglés.

A principios de 2002, un año antes de la invasión de Irak, la administración Bush estaba presionando intensamente a Bustani para que renunciara al cargo de director general de la OPAQ, a pesar de que había sido reelegido unánimemente para dirigir el organismo que agrupa a 145 países apenas dos años antes. ¿Su transgresión? Negociar con el Irak de Saddam Hussein para que los inspectores de armas de la OPAQ puedan realizar visitas no anunciadas a ese país, socavando así la lógica de Washington para el cambio de régimen.

En 2001, el entonces Secretario de Estado Colin Powell había escrito una carta a Bustani, agradeciéndole su "impresionante" trabajo. Sin embargo, en marzo de 2002, Bolton (entonces subsecretario de Estado para el Control de Armas y Asuntos de Seguridad Internacional) llegó personalmente a la sede de la OPAQ en La Haya para lanzar una advertencia al jefe de la organización. Y, según Bustani, Bolton no se anduvo con rodeos.
"Cheney quiere que se marche", recordaba Bustani las palabras de Bolton, quien se refería al entonces vicepresidente de Estados Unidos. "No podemos aceptar su estilo de gestión."
Bolton continuó, según los recuerdos de Bustani:
"Tiene 24 horas para dejar la organización, y si no cumple con esta decisión de Washington, tenemos formas de tomar represalias en su contra".
Hubo una pausa.
"Sabemos dónde viven sus hijos. Tiene dos hijos en Nueva York".
Bustani me dijo que estaba desconcertado pero se negó a retroceder:
"Mi familia es consciente de la situación y estamos dispuestos a vivir con las consecuencias de mi decisión", respondió.
Después de escuchar la descripción de Bustani del encuentro, me puse en contacto con su yerno, Stewart Wood, un político británico y exasesor del primer ministro Gordon Brown. Wood me dijo que recuerda vívidamente que Bustani le contó sobre la amenaza implícita de Bolton a su familia inmediatamente después de la reunión en La Haya. "Inmediatamente se convirtió en un meme interno de la familia", recordó Wood. Dos antiguos compañeros de la OPAQ de Bustani, Bob Rigg y Mikhail Berdennikov, también han confirmado por correo electrónico que recuerdan a su entonces jefe diciéndoles en ese momento lo del comentario no tan sutil de Bolton sobre sus hijos.

Otro exfuncionario de la OPAQ, entonces Asistente Especial del Director General de Relaciones Exteriores, Gordon Vachon, que se encontraba en la sala para la reunión con Bolton, ha confirmado que el funcionario de la administración Bush amenazó implícitamente a Bustani. El jefe de la OPAQ " podría irse en silencio, con poco alboroto y mucha cautela y 'sin que su nombre fuera embarrado'", recordó Vachon Bolton en un correo electrónico a The Intercept. "No puedo decir de memoria que oí al Sr. Bolton mencionar a los hijos de DG Bustani, probablemente porque me sentí sacudido por la amenaza poco velada del Sr. Bolton a la reputación de DG Bustani".

Me puse en contacto con John Bolton y la Casa Blanca para obtener una respuesta a estas acusaciones. En lugar de negarlo rotundamente, la Casa Blanca respondió a través de un vocero de prensa que me remitió a una sección de sus memorias de 2008, Rendirse no es una opción: defender a Estados Unidos en las Naciones Unidas, que trata de Bustani y la OPAQ. En el libro, Bolton dijo que Estados Unidos veía a Bustani como un "desastre administrativo" (sin mencionar los elogios de Powell), pero afirma haberle ofrecido "una salida amable y digna" (es decir, si se marchaba en silencio).

Calificar la retórica de Bolton de poco diplomática es quedarse corto. Él visitó a Bustani en calidad de alto funcionario del Departamento de Estado de Estados Unidos, pero su comportamiento fue más como el de un delincuente. ¿Cómo es posible que un diplomático de alto rango, que representa a un gobierno democrático, justifique amenazar implícitamente a los hijos de un funcionario internacional para ganar un argumento político? ¿Cómo puede una persona así ser apta para ocupar el cargo de asesor de Seguridad Nacional (el cargo más alto en el gobierno de Estados Unidos que no requiere una victoria electoral o la confirmación del Senado)?

"El problema con este hombre es que es tan ideológico, tan brutal; él no está abierto al diálogo", me dijo por teléfono el exjefe de la OPAQ. "No sé cómo alguien puede trabajar para él".

En realidad, el historial de intimidación de Bolton está bien documentado.

Carl W. Ford Jr., ex jefe de inteligencia del Departamento de Estado, llamó a Bolton "un abusador en serie" de empleados subalternos y "un tipo de los que chupan las medias de sus superiores y menosprecian a los subordinados". Testificando ante el Senado en 2005, Ford abordó el caso de Christian Westermann, el ex jefe de analistas de armas biológicas del Departamento de Estado que se había negado a firmar un discurso acusando a Cuba de poseer un programa secreto de armas biológicas y que había sido "reprendido" por Bolton, quien "luego intentó que lo despidieran".

Melody Townsel, una excontratista de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), dijo que fue acosada por el entonces irritable Bolton, un abogado del sector privado, en una visita a Kirguistán en 1994: "El señor Bolton procedió a perseguirme por los pasillos de un hotel ruso, tirándome cosas, metiendo cartas amenazantes bajo mi puerta y, en general, comportándose como un loco", recordó más tarde, en una carta dirigida a la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado.

Según la revista Time, su ex jefe, Colin Powell, advirtió en privado a los senadores republicanos en 2005, durante las audiencias de confirmación de la controvertida nominación de Bolton como embajador de Estados Unidos ante las Naciones Unidas, que "le había preocupado la forma en que Bolton había tratado a los subordinados que no estaban de acuerdo con él".
Sin embargo, el gran problema es que Bolton (el "loco", "abusador en serie" y "matón") también es bastante efectivo para conseguir que las cosas se hagan. Esto es quizás lo que lo hace tan peligroso. Tomemos el caso de Bustani y la OPAQ: Bolton logró que el brasileño fuera destituido de su cargo. Apenas unas semanas después de la visita del funcionario estadounidense a La Haya, el jefe de la OPAQ fue "expulsado del cargo" en una reunión extraordinaria de los países miembros de la organización (y en una decisión, por cierto, que un tribunal administrativo de la OIT calificaría más tarde de "ilegal").

El propio Bolton recordó con orgullo en sus memorias cómo el entonces senador Joe Biden, demócrata del estado de Delaware, criticó sus puntos de vista mientras elogiaba sus habilidades durante las audiencias congresistas de 2001 para confirmarlo como subsecretario de Estado. "Mi problema con usted, a lo largo de los años, ha sido que es demasiado competente", comentó Biden, según Bolton. "Quiero decir, preferiría que fuese estúpido y no tan efectivo".

Ahora, por lo tanto, es el momento de entrar en pánico; ahora es el momento de dar la alarma. Los matones se han reunido. El "ideológico" y "brutal" Bolton está a punto de recibir un escritorio a unos metros del Despacho Oval. Como asesor de seguridad nacional, será el primero en entrar y el último en salir.
"Trump es totalmente ignorante del mundo, propenso a tomar decisiones impulsivas, y tiende a ceder ante la voz más enérgica de la sala, especialmente cuando transmite información con bravuconería confiada", observó Damon Linker en The Week. "Eso le daría a Bolton un enorme poder para definir la política, lo que significa el poder de hacer que Estados Unidos inicie nuevas guerras grandes y amplíe las numerosas otras que ya tenemos en amplias zonas de Oriente Medio, África y Asia del Sur".
¿Es de extrañar, entonces, que Bustani (quien tanto hizo para prevenir la amenaza del conflicto y la proliferación de armas químicas antes de ser expulsado por Bolton) crea que el nombramiento de este último como asesor de seguridad nacional de Trump podría significar un "desastre" para el mundo.?