La tregua pretende permitir la retirada de la frontera de las fuerzas kurdas aliadas de Washington

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La carta de Donald Trump a Erdogan
La mecha no prenderá por ahora en el corazón del polvorín de Oriente Próximo. Estados Unidos ha pactado este jueves con Turquía un alto el fuego de cinco días para detener las hostilidades en el norte de Siria y permitir el repliegue de las milicias kurdas que fueron la fuerza de choque de Washington en la derrota del Estado Islámico (ISIS, en sus siglas en inglés). El vicepresidente Mike Pence, acompañado del secretario de Estado, Mike Pompeo, viajó hasta Ankara para arrancar tras más de cuatro horas de reunión un compromiso de Recep Tayyip Erdogan. La conversación telefónica que el presidente de Turquía mantuvo el pasado día 6 con Donald Trump fue interpretada como la luz verde de la Casa Blanca a la antigua reivindicación de Ankara de crear una zona de seguridad en la frontera turco-siria, con el doble objetivo de desalojar a las milicias kurdas Unidades de Protección del Pueblo (YPG) y reinstalar a gran parte de los más de 3,5 millones de refugiados sirios acogidos en suelo turco.

El vicepresidente estadounidense dejó claro que, tras el cese temporal de hostilidades, la ofensiva turca en el norte de Siria se interrumpirá definitivamente cuando las YPG se hayan retirado de la zona de seguridad. Para Turquía se trata solamente de una suspensión de las operaciones militares, puntualizó el ministro de Exteriores, Mevlüt Çavusoglu. El jefe de la diplomacia de Ankara interpretó como un pleno reconocimiento de los intereses de su país que en el comunicado conjunto se precise que "la zona de seguridad estará principalmente controlada por las Fuerzas Armadas turcas", informa Reuters.


Comentario: ¿No deberían ser las fuerzas sirias las que controlen su propio territorio?


La retirada de un millar de militares norteamericanos desplegados en el norte de Siria ha desencadenado en los últimos días la mayor intervención de Turquía en los más de ocho años de guerra en el vecino país árabe. Los enfrentamientos se han cobrado en una semana la vida de tres centenares de combatientes. Más de 200 civiles han muerto y otros 160.000 se han visto desplazados de sus hogares.

Se trata de una operación a gran escala, con tanques y aviación de combate, que busca expulsar a 32 kilómetros de la frontera a las milicias kurdas sirias de las YPG, identificadas en Ankara como socias de la guerrilla separatista Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), alzado en armas contra el poder central turco en 1984. Las repercusiones del conflicto — por ejemplo, la excarcelación de miles de yihadistas custodiados por los kurdos y su reagrupación en las filas del Estado Islámico — amenazan con golpear a la inestable región de Oriente Próximo y proyectarse hacia Europa y Asia.

Pence aseguró que EE UU no impondrá nuevas sanciones económicas a Turquía y que retirará las que ya han sido impuestas una vez que las tropas turcas hayan cumplido con su compromiso de permitir el repliegue de los kurdos. La estratégica ciudad siria fronteriza de Kobane quedará fuera del ámbito de actuación de las tropas de Ankara en la zona de seguridad del norte de Siria. Çavusoglu, en nombre de Ankara, replicó que no se había acordado ninguna exclusión territorial. "Este acuerdo ha sido posible gracias a las buenas relaciones entre ambos mandatarios", enfatizó en un gesto de buena voluntad Pompeo, quien garantizó que Washington colaborará en la retirada de las milicias de las YPG.

Hasta ahora, el Ejército leal al presidente Bachar el Asad y los combatientes rusos y chiíes que le apoyan han sido los principales beneficiados por el cambio de paradigma en el frente del norte. Los bandazos dados por el presidente republicano han puesto en juego la credibilidad de EE UU ante sus aliados en la región, como Israel y Arabia Saudí, que han visto como abandonaba a su suerte a los kurdos tras haberlos amparado durante más de tres años. Mientras tanto, parece reforzarse el papel de Rusia como potencia hegemónica en Oriente Próximo cuatro años después de su radical intervención militar en favor del régimen de Damasco. La reciente visita de Vladímir Putin a Riad y sus reiterados encuentros que ha mantenido el primer ministro Benjamín Netanyahu muestran que, tanto para saudíes como israelíes, el Kremlin, más que la Casa Blanca, es el principal faro que ilumina las tinieblas de la seguridad regional.

Trump ha dado pasos en falso ante Erdogan. Su número dos y el jefe de la diplomacia de Washington los han tratado de enmendar este jueves en Ankara, y el viernes proseguirán su misión en Jerusalén y Bruselas, sede de la OTAN, a la que Turquía pertenece. El presidente de EE UU escribió el pasado día 9 a Erdogan una carta en la que le decía que no se hiciera el "tipo duro" ni fuera un "loco" al lanzar una invasión sobre el norte de Siria. El mandatario turco no se tomó en serio la misiva y la arrojó "a la papelera", según han revelado sus colaboradores a la cadena CNN Turk, antes de ordenar la operación militar transfronteriza.

"¡Logremos un buen acuerdo!", le sugirió entonces Trump por escrito. "La historia le juzgará de forma favorable por haber tomado el camino humano y correcto", informa Yolanda Monge desde Washington. Pero, en caso contrario, auguraba que iba a pasar a la historia "como el demonio", le advirtió, al tiempo que le recordaba que EE UU puede "destruir la economía de Turquía".

En el verano de 2018 el presidente republicano provocó el desplome de la lira turca al duplicar los aranceles sobre ciertas importaciones como medida de presión para que Ankara liberara al norteamericano Andrew Brunson, un pastor evangélico encarcelado en Turquía como acusado de terrorismo.

Durante una comparecencia ante la prensa, Trump hizo referencia el jueves a la misiva como prueba para negar que hubiera dado "luz verde" a Erdogan para invadir el norte de Siria. "Escribí una carta muy fuerte después de la conversación [con Erdogan]", dijo el presidente al advertirle de que no debía ser responsable de la matanza de miles de personas. Después de hacerse público el acuerdo de alto el fuego en Ankara, el mandatario tuiteó: "Buenas noticias desde Turquía. Gracias, Erdogan, millones de vidas se salvarán".