En enero de este año, José Pérez se topó de lleno con la 'Rogulopterix okamurae' en una de las jornadas habituales para recoger muestras de erizo y entregarlas a la Junta de Andalucía para su estudio. Este gaditano dedicado a la pesca submarina de erizo y ortiguilla asegura que aquel día, en la costa del faro de Punta Carnero, en Algeciras, el alga de origen asiático tapizaba la orilla, las piedras y el fondo marino. Han pasado 9 meses sin que la situación haya remitido y el alga obliga a quienes pescan en aguas del Estrecho de Gibraltar a resignarse y volver a puerto con las manos vacías.
Estado de una playa de Tarifa el pasado verano invadida por el alga asiática - Efe
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Estado de una playa de Tarifa el pasado verano invadida por el alga asiática.
Sumido en la incertidumbre de si podrá o no seguir viviendo de esto, Pérez explica a ABC que el alga «está acabando con todo». «La población ha disminuido radicalmente. El suelo está yermo y no hay erizos, no hay almejas, no hay nada, ni siquiera peces», añade. La franja entre Cádiz y Málaga es su zona habitual de trabajo, concretamente, es en Marbella y Estepona donde recoge sus ortiguillas, una «zona de regeneración» en la que hasta el momento cada tres o cuatro meses la población se recuperaba.

«Ahora eso no ocurre. Cada vez que vuelves lo único que ves son algas», sostiene Pérez, que además preside la Asociación de Ortigueros Andaluces. De momento, y pendientes de un estudio encargado por la Junta de Andalucía que se prolongará durante cuatro meses, lo único que sienten es indignación ante la indiferencia de la Administración. Aunque la consejera de Agricultura, Ganadería, Pesca y Desarrollo Sostenible, Carmen Crespo, aseguró que el Gobierno andaluz era partidario de tomar medidas «aperturistas» para contrarrestar los problemas del sector, Pérez asegura que nadie «ha descolgado el teléfono» para hablar con ellos.

El objetivo del estudio, cuyos trabajos en el mar comenzarán el próximo 23 de octubre, es entre otras cosas agilizar la declaración de esta especie como invasora por parte del Gobierno central. Sin embargo, este pescador se pregunta qué pasara cuando eso se confirme. «A nosotros, que somos los que estamos bajo el agua desde hace 16 años, no nos llama nadie, y entiendo que somos una parte importante para ayudar en esto, porque conocemos perfectamente la costa», sostiene.

Sin solución

La presidenta de la Sociedad Española de Ficología y profesora de Botánica y Fisiología Vegetal de la Universidad de Málaga, María Altamirano, ha señalado a ABC que en los sitios en los que la especie ya está muy bien asentada «no se puede hacer prácticamente nada salvo una buena gestión de los arribazones». Según esta experta, las especies invasoras marinas emplean vectores asociados al transporte marítimo, ya sea en los cascos de los barcos o en las aguas de lastre.

Dada la distancia entre el área nativa de la especie, en el Pacífico, y las costas del Estrecho, sería difícil que alga hubiera podido soportar el trayecto adherida al casco de un barco. Además, estudios llevados a cabo por Altamirano y su equipo «han puesto de manifiesto que la especie es capaz de sobrevivir tres semanas en oscuridad simulando las condiciones lumínicas de las aguas de lastre», lo que haría plausible la teoría de que se hayan introducido por esta vía.

Los ortigueros nos son los únicos a los que el alga ha puesto entre la espada y la pared. Para los barcos naseros -dedicados a la pesca del pulpo- cada salida al mar es un intento frustrado. Los aparejos se tapizan con el alga nada mas sumergirlos e impiden que el pulpo entre en la nasa, lo que supone un doble quebradero de cabeza, primero porque tienen que retirar kilos de alga, pero sobre todo porque sus capturas han disminuido considerablemente.

Lo mismo ocurre en la pesca de arrastre, cuyos barcos cada vez tienen que desplazarse más para evitar que las artes se llenen de algas y se paren por el peso. Algo que esta llevando a que todos se concentren en la misma zona y que la cantidad que recojan sea mucho menor. Con todo esto, no hay que olvidar que Cádiz y la Costa del Sol son dos de los puntos de mayor atracción turística en España y la imagen idílica de las playas gaditanas de arena blanca se ha visto enturbiada este verano por una alfombra marrón que incomodaba al baño y a la vista.

Pendientes de una nueva normativa

Si ahora el alga trae de cabeza a las familias que viven del marisqueo de inmersión, de cara al futuro su mayor preocupación es el posible cambio de una normativa que, según Pérez, haría «inviable» su actividad. Desde 2003, se ajustan a licencias concedidas a un titular, que a su vez podía dar trabajo a cuatro recolectores. Estas condiciones le permitían a José Pérez pescar en Cádiz y Granada con su propia licencia y en Málaga como recolector. Pero el nuevo borrador, pendiente de aprobación y elaborado por el anterior Gobierno de la Junta de Andalucía, establece que las licencias sean unipersonales y con un ámbito de actuación provincial.

«La movilidad es lo que nos ha permitido trabajar sin fallos durante 16 años y hacer una vida en torno a esto», explica. Según el borrador, al que ha tenido acceso ABC, «la licencia de marisqueo en inmersion será única para cada titular, que deberá optar entre las distintas provincias y los distintos tipos de licencias establecidos para el desarrollo de la actividad».

«Teniendo en cuenta esto yo elegiría una licencia de Granada, que es la zona más alejada del alga y donde tendría alguna posibilidad, pero eso supondría llevarme a mi familia, dejar el colegio, mi casa y mi vida», ha lamentado. Desde el colectivo al que representa piden que se activan las licencias que en su momento se retiraron a sus propietarios por sanciones o por incumplir ciertos requisitos para la pesca, «que se concedan a nuevas personas, con nuevos equipos y que se siga pescando» si alga les deja.