Traducido por el equipo de Sott.net en español

Durante semanas, los líderes han estado promocionando la(s) vacuna(s) libre(s) de responsabilidad que salvará(n) al mundo, como proclaman Bill Gates y Tony Fauci, de lo que Gates ha llamado "Pandemia I". Mientras Microsoft News vende historias autocomplacientes sobre la reorientación de las prioridades de la Fundación Gates para dedicar "atención total" a la pandemia, Fauci - haciendo las rondas en programas de entrevistas - promete que una vacuna hará su debut en enero de 2021. Para no quedar atrás, la Casa Blanca ha revelado ahora la "Operación Velocidad de Curvatura"; un esfuerzo conjunto farmacéutico-gubernamental-militar dirigido a "reducir sustancialmente el tiempo de desarrollo de una vacuna", y el presidente Trump promete una para finales de año.
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La vacuna global del Covid-19... tiene a todos los jugadores salivando.
La vacuna COVID-19 a nivel mundial -el objetivo manifiesto que tiene a todos estos actores salivando en anticipación- ignora un número de obstáculos irrefutables. Por un lado, el virus de ARN que está en el punto de mira, el SARS-CoV-2, ya "ha mutado en al menos 30 variantes genéticas diferentes". Las variantes incluyen 19 nunca antes vistas, así como "cambios raros que los científicos nunca habían imaginado que podrían ocurrir". El conocimiento de estas mutaciones puede resultar útil para los clínicos que deseen adaptar mejor sus tratamientos contra el COVID-19, pero la proliferación de mutaciones hace que las posibilidades de desarrollar una vacuna eficaz sean inmensamente más inciertas.

No hay por qué preocuparse, dicen las entidades financiadas por Gates (y también el Pentágono). Los científicos que trabajan en el floreciente campo de la biología sintética confían en poder "superar" y ser más inteligentes que la naturaleza utilizando tecnologías de vacunas de última generación, como la transferencia de genes y las nanopartículas autoensamblables, junto con la administración de nuevas vacunas invasivas y mecanismos de registro como los tatuajes de puntos cuánticos legibles por teléfonos inteligentes. ¿Importa que los investigadores que han estado experimentando con estos enfoques nunca hayan podido superar los "desagradables efectos secundarios"? Aparentemente no. Con la ayuda de Gates y la financiación militar, la planificación de la vacuna COVID-19 de alto costo está avanzando rápidamente.

Los investigadores reiteraron este punto; que para la mayoría de las vacunas de virus emergentes, el principal obstáculo no es la eficacia de los enfoques convencionales sino la necesidad de un desarrollo más rápido y un despliegue a gran escala.
Velocidad, no seguridad

Desde el punto de vista de la fabricación, los fabricantes de vacunas -y en particular los que fabrican vacunas virales- se han quejado durante mucho tiempo por las limitaciones de las tecnologías tradicionales de las vacunas, que se basan en procesos que necesariamente conllevan "un retraso considerable entre la producción de antígenos y la entrega de la vacuna". Los investigadores volvieron a reiterar este punto en 2018, escribiendo en Nature Reviews Drug Discovery que "para la mayoría de las vacunas virales emergentes, el principal obstáculo no es la eficacia de los enfoques convencionales, sino la necesidad de un desarrollo más rápido y un despliegue a gran escala".

En el decenio de 1980, los fabricantes se entusiasmaron cuando los científicos desarrollaron nuevas técnicas de ingeniería genética (tecnología del ADN recombinante) que -mediante el uso de "sistemas de expresión" (bacterias, levaduras, células de insectos, células de mamíferos o plantas como el tabaco- permitieron poner en marcha la producción de vacunas y producir las denominadas "vacunas de subunidades". La vacuna contra la hepatitis B fue la primera en emplear este enfoque de producción de vacunas "completamente nuevo", y varias de las vacunas COVID-19 que se están elaborando actualmente están utilizando estas técnicas. Sin embargo, un factor que complica las vacunas de subunidades es que deben ser combinadas con adyuvantes "inmunopotenciadores" que tienden a desencadenar una respuesta inmunológica desequilibrada.

Deseosos de racionalizar aún más la tecnología de las vacunas y permitir la constitución de reservas de vacunas en un plazo aún más breve, los investigadores comenzaron a trabajar a mediados del decenio de 1990 con vacunas de ácidos nucleicos, que incluyen vacunas de ADN y vacunas de ARN mensajero (ARNm). Como forma de terapia génica, ambas representan una desviación significativa de las vacunas clásicas.


Comentario: Esa es la distinción crucial que debe hacerse cuando se califica a los expertos disidentes como "antivacunas". No están en contra de las vacunas per se, están en contra de la aterradora dirección que ha tomado el desarrollo y la producción de las vacunas. Siga leyendo para saber más...


Mientras que estos últimos introducen un antígeno de vacuna para producir una respuesta inmunológica, las vacunas de ácido nucleico envían en cambio al cuerpo instrucciones para producir el antígeno mismo. Como explica un investigador, los ácidos nucleicos "hacen que las células produzcan trozos del virus", con el objetivo de que el sistema inmunológico "monte una respuesta a esos trozos del virus".

Los investigadores aprendieron rápidamente que tanto las opciones de vacunas de ADN y ARNm tienen serios inconvenientes, y como resultado, las vacunas de este tipo nunca han sido autorizadas. No obstante, casi una cuarta parte (20/83) de las vacunas enumeradas por la Organización Mundial de la Salud como "vacunas candidatas" para el COVID-19 al 23 de abril -incluidos dos de las principales contendientes- son vacunas de ADN (Inovio) o ARNm (Moderna) (véase el cuadro).

Vacunas de ADN

Las vacunas de ADN están destinadas a penetrar hasta el núcleo de una célula. Según un científico biotecnológico: "Esta es una tarea increíblemente difícil dado que nuestros núcleos han evolucionado para evitar que cualquier ADN extraño entre (¡Piense en los virus!)". No es sorprendente, entonces, que cuando algunas vacunas de ADN llegaron a los ensayos clínicos a finales de la década del 2000, fueron plagadas de "potencia subóptima". A los científicos se les ocurrió entonces la idea de resolver este problema aumentando la administración de la vacuna con "electroporación", es decir, descargas eléctricas aplicadas en el lugar de la vacuna (utilizando un "dispositivo inteligente") para hacer las membranas celulares más permeables y forzar el ADN en las células. Las mejoras en la eficacia de la vacuna fueron lo suficientemente significativas como para que la electroporación siga siendo una característica clave del diseño de algunas candidatas a la vacuna COVID-19 hoy en día, incluida la vacuna Moderna que ahora está avanzando rápidamente hacia la fase 2 de los ensayos clínicos.

Un segundo aspecto de las vacunas de ADN -sus propiedades de alteración genética- es aún más preocupante y sigue sin resolverse. Las vacunas de ADN, por definición, conllevan el riesgo de "integración del ADN exógeno en el genoma del huésped, lo que puede causar una mutagénesis grave e inducir nuevas enfermedades". Enmarcado en términos más comprensibles, "la alteración del ADN es como insertar un ingrediente extraño en una receta existente, que puede cambiar el plato resultante". La incorporación permanente de genes sintéticos en el ADN del receptor produce esencialmente un ser humano genéticamente modificado, con efectos a largo plazo desconocidos. Hablando de la terapia genética del ADN, un investigador ha declarado: "Las integraciones genéticas que utilizan terapias genéticas virales [...] pueden tener un efecto devastador si la integración se colocó en el lugar equivocado en [el] genoma". Discutiendo las vacunas de ADN específicamente, el Harvard College Global Health Review elabora:
Los posibles efectos secundarios podrían incluir la inflamación crónica, porque la vacuna estimula continuamente el sistema inmunológico para producir anticuerpos. Otras preocupaciones incluyen la posible integración del ADN plasmídico en el genoma del huésped del cuerpo, lo que da lugar a mutaciones, problemas con la replicación del ADN, el desencadenamiento de respuestas autoinmunes y la activación de genes causantes de cáncer.
Vacunas de ARNm

Debido a que las vacunas de ARNm son "particularmente adecuadas para un desarrollo rápido", quizás no sea sorprendente que estén llamando la atención como las "pioneras del coronavirus". Las vacunas de ARNm pueden, según se informa, generar un ahorro de "meses o años para estandarizar y aumentar [...] la producción en masa". Aprovechando las circunstancias, los conocedores afirman casualmente que "aunque ninguna vacuna de ARNm ha sido autorizada, la amenaza de una pandemia es un gran incentivo para acelerar su progreso".

Las compañías están enamoradas del enfoque del ARNm a pesar de las observaciones de que las grandes moléculas de ARNm son "intrínsecamente inestables", "propensas a la degradación" y pueden sobreactivar el sistema inmunológico. Por el lado positivo, desde el punto de vista de los científicos especializados en vacunas, las vacunas de ARNm sólo tienen que llegar al citoplasma de la célula en lugar de al núcleo - un "reto técnico aparentemente más sencillo" - aunque el enfoque sigue exigiendo "tecnologías de suministro que puedan garantizar la estabilización del ARNm en condiciones fisiológicas". Formulaciones como la vacuna de mRNA-1273 de Moderna abordan estos desafíos utilizando "modificaciones químicas para estabilizar el mRNA" y nanopartículas líquidas para "envasarlo en forma inyectable".

Los enfoques del ARNm parecen atraer a los investigadores con una visión altamente mecanicista de los seres humanos. Uno de estos individuos elogia al ARNm por su "inherente 'programabilidad'", afirmando que "Al igual que [un sistema operativo de] un ordenador, la terapia de ARNm puede reprogramar [el propio] cuerpo para producir sus propias terapias" [énfasis en el original]. El CEO de Moderna describe los enfoques de ARNm - que usan hebras de ARNm "hechas a medida" para "convertir las células del cuerpo en fábricas de drogas ad hoc" - "como el software: Puedes simplemente girar la manivela y conseguir muchos productos en desarrollo". De la misma manera, la revista Nature (comentando la tecnología del ARNm desde "una perspectiva biotecnológica e industrial") se entusiasma con que el enfoque "permite un rápido refinamiento con combinaciones casi ilimitadas de derivados".

A los investigadores de vacunas familiarizados con las vacunas de ADN y ARNm les gusta jugar con la seguridad de las vacunas de ARNm, citando el hecho de que las vacunas no tienen que penetrar en el núcleo de la célula. Sin embargo, con años de experimentación de vacunas de ARNm a sus espaldas, ninguno de estos investigadores ha logrado aún la licencia. ¿Por qué? Una respuesta puede ser que en los estudios preclínicos, las vacunas de ARNm han mostrado un componente inflamatorio "intrínseco" que dificulta el establecimiento de un "perfil aceptable de riesgo/beneficio". Los entusiastas del ARNm admiten que, hasta ahora, no hay una comprensión adecuada de la inflamación y las reacciones autoinmunes que pueden resultar. Esto plantea muchos interrogantes sobre lo que sucederá si los reguladores conceden a los fabricantes de las vacunas de ARNm de COVID-19 su deseo de "un proceso acelerado para hacer llegar antes las vacunas de ARNm a la gente".

La carrera hacia las ganancias

El secuestro de casi toda la actividad económica, social, artística y religiosa por parte del SARS-CoV-2 es preocupante a muchos niveles, sobre todo por lo que revela sobre la aceptación sin crítica del público del matiz oficial y su anhelo de balas de plata médicas. Como ha declarado un investigador de vacunas del Instituto Karolinska de Suecia:
Cuando China puso en cuarentena una megaciudad entera en enero, la gente dijo "sólo China puede hacer eso". Entonces vimos medidas igualmente drásticas en varios países democráticos. Creo que esto dice algo sobre nuestra confianza en las soluciones médicas. Hoy en día, esperamos ser capaces de desarrollar medicinas y vacunas contra diferentes enfermedades de una manera que no lo hicimos en el pasado.
La prisa por desarrollar las vacunas COVID-19 de alteración genética también está acelerando la fusión de la industria farmacéutica y la biotecnología. El lucrativo sector biofarmacéutico es ahora el segmento de más rápido crecimiento de la industria farmacéutica mundial, que representa actualmente el 20% del mercado mundial y muestra una tasa de crecimiento anual que es más del doble que la de las farmacéuticas convencionales. Y las vacunas COVID-19 están ayudando a rescatar los tambaleantes resultados de algunas compañías biofarmacéuticas. En 2017, por ejemplo, Moderna luchaba por "mantener a flote su descarada promesa de reinventar la medicina" después de que una terapia experimental con la que contaba resultara demasiado insegura para probarla en humanos. Avance rápido hasta 2020, cuando "las malas noticias sobre el coronavirus son buenas noticias para las acciones de Moderna". Otras compañías biofarmacéuticas que antes estaban al margen están igualmente preparadas para obtener beneficios récord con el COVID-19.

Mientras las biofarmacéuticas continúan su carrera sin restricciones y de "al diablo con la ética médica" hacia una olla de oro de COVID-19, el público necesita echar un vistazo crítico a los desincentivos de la industria para la seguridad y también tomar una postura firme contra la horrible perspectiva de los mandatos de la vacuna contra el coronavirus. De lo contrario, es probable que las vacunas COVID-19 modificadas genéticamente comiencen a alterar permanentemente los genes, desencadenando la autoinmunidad y sirviendo de catalizador para otras lesiones o muertes por vacunas, y -sin impedimentos de ninguna responsabilidad legal- es probable que a ninguno de los actores comerciales o gubernamentales responsables les importe.
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Veinte vacunas experimentales de ácido nucleico contra el COVID-19 (al 23 de abril, 2020). [Haga clic para agrandar.]