Es una idea que lleva rondando a los expertos de diferentes países desde el mes de marzo, pero pocos se han atrevido a implementarla. Se trata de confinar solo a los grupos de riesgo, en especial a los mayores de 70 años, un debate que vuelve a estar sobre la mesa en Europa a medida que se extiende la segunda ola del coronavirus.
Hospital de Rivoli, en Turín.
© EFE
Hospital de Rivoli, en Turín.
Este fin de semana, varios presidentes regionales de Italia así se lo han pedido al primer ministro Giuseppe Conte; mientras la ciudad alemana de Tubinga acaba de estrenar una nueva estrategia «a la sueca». En España, aplicar una medida similar supondría encerrar a 6,6 millones de personas.

Detrás de esta estrategia están las cifras de hospitalizaciones y mortalidad que deja el virus. En España, según los datos de la Red Nacional de Vigilancia Epidemiológica (Renave), el 84% de las muertes por coronavirus que se han registrado desde el 10 de mayo se corresponden a personas mayores de 70 años. «El porcentaje de hospitalizaciones y defunciones por Covid aumenta con la edad», reconoce el informe.

En Italia, un país de 60 millones de habitantes donde más de 17 millones superan los 60 años, esta fue una de las medidas puestas sobre la mesa el pasado fin de semana, por ahora descartada. Algunos presidentes regionales, como los de Piamonte, Lombardía y Liguria, querían limitar la movilidad solamente a las personas mayores de 70 años. Sobre esta hipótesis ha llevado la voz cantante el presidente de la región de Liguria, Giovanni Toti, con una explicación que ha recibido muchas críticas: «Nuestros ancianos son los más afectados por el virus y son los que más necesitan ser protegidos: son personas que no son indispensables para el esfuerzo productivo del país. ¿Por qué no se realiza ninguna acción en esta categoría? Sería una locura cerrar en casa a tantos italianos para los que el Covid suele tener leves consecuencias, bloquear la producción del país, frenar la escuela y el futuro de nuestros jóvenes y no plantearse ninguna intervención sobre los que realmente arriesgan».

La propuesta de Toti contenía términos que causaron irritación y condena: «Por mucho que nos duela cada víctima de Covid-19, debemos tener en cuenta este dato: solo ayer (el domingo), entre las 25 muertes en Liguria, 22 eran pacientes muy ancianos», señaló. Las críticas a Toti han sido feroces, sobre todo por calificar a los ancianos como «no indispensables». Se le ha recordado que Liguria es la región con más anciana en Europa: el 28,5 % de la población tiene más de 65 años. La periodista Selvaggia Lucarelli fue especialmente crítica, al destacar que «uno de los muchos ancianos (en referencia a Silvio Berlusconi, 83 años) que pueden ser sacrificables por ti te ha creado profesionalmente en Mediaset (Toti es periodista y fue presentador en uno de sus canales televisivos) y políticamente en Forza Italia, y ha creado la empresa que paga el salario a tu esposa».

El presidente de Liguria tuvo que rectificar señalando que el texto inicial se lo escribió un colaborador. Ante la enorme polémica que suscitó la posibilidad de confinar a los mayores de 70 años, el primer ministro, Giuseppe Conte, prefirió no hacer ninguna referencia al tema en su intervención ayer en el parlamento, al explicar las nuevas medidas restrictivas. Conte se limitó a rendir un homenaje a los ancianos: «Entre los grupos más vulnerables, el gobierno también considera a los ancianos, son nuestros seres queridos, nuestros padres, nuestros abuelos quienes han permitido que nuestro país experimente el milagro económico», destacó el primer ministro, subrayando que serán los ancianos una de las primeras categorías a las que se destinará la vacuna contra el coronavirus.

No es la primera vez que esta idea sale a la luz pero es rechazada con una fuerte polémica. Los técnicos del Gobierno italiano ya la propusieron en abril (aunque entonces para mayores de 60 años), l evantando amplias protestas y hasta la publicación de un manifiesto. Entonces más de un centenar de escritores, filósofos, historiadores y poetas expresaron su rechazo «hacia la posibilidad de una restricción a la libertad personal, pretendiendo mantener a un grupo de personas aún activas, sanas y capaces de dar aún valiosas contribuciones a nuestra sociedad, en una segregación indefinida, solo sobre la base de los datos personales, de pertenecer a un grupo de edad superior a 60 años...».

Estrategia sueca

Donde sí se ha puesto en marcha recientemente es en la ciudad alemana de Tübingen que, en modo experimental, ha introducido el modelo sueco, que intercambia restricciones generales por una protección específica de los grupos de riesgo, entre los que destacan los ancianos. «Tratamos de poner en práctica lo que están recomendando los expertos», dice el alcalde de Tübingen, Boris Palmer, del partido Los Verdes, en referencia a la reciente sugerencia del director de Virología de la Charité de Berlín, Christian Drosten. El reconocido experto y asesor del gobierno alemán ha llamado incluso a modificar los criterios oficiales para aumentar reforzar las medidas de prevención, sustituyendo la incidencia por cada cien mil habitantes por la tasa de infectados de más de 65 años de edad. «Es el grupo de mayor mortalidad y por tanto, si los protegemos a ellos, estamos mejorando la lucha contra el virus», justifica el alcalde.

En la primera semana de octubre, el Instituto Robert Koch (RKI) registró 1.242 nuevas infecciones en pacientes mayores de 70 años. Antes de fin de mes, el número se había multiplicado. Entre el 19 y el 25 de octubre, el RKI registró más de 6,900 nuevas infecciones en mayores de 70 años, por lo que advirtió oficialmente que «dado que estos pacientes tienen más a menudo un curso severo de Covid-19, el número de casos graves y muertes también está aumentando».

Las medidas que pone en marcha la ciudad son una flota de taxis municipales que evite que los ancianos utilicen el transporte público, un corredor comercial de 9:30 a 11:00 en el que solamente los mayores podrán entrar a los comercios y el reparto gratuito de mascarillas FFP2 a los mayores de 65 años. Al igual que en Suecia, la estrategia estará plenamente basada en la protección de las personas mayores. «Nuestra estrategia se basa en la responsabilidad personal y la protección especial de los ancianos», explica Parlmer, «personalmente, no creo que un cierre o confinamiento general sea una estrategia productiva a largo plazo».

Debate científico

Estos confinamientos selectivos de personas vulnerables son, precisamente, lo que proponen un grupo de 12.000 científicos en la declaración de Great Barrington, un manifiesto contra el confinamiento general de la población. A cambio, proponen proteger a las personas mayores y a las más vulnerables, en lo que han llamado la «Protección Focalizada», mientras los demás crean la polémica «inmunidad de rebaño». «La manera más humana de abordar esto, midiendo los riesgos y los beneficios de alcanzar la inmunidad de rebaño, es la de permitirle a aquellos que están bajo un mínimo riesgo de morir, vivir sus vidas con normalidad para alcanzar la inmunidad al virus a través de la infección natural, mientras se protege mejor a aquellos que se encuentran en mayor riesgo», decía a ABC el epidemiólogo Jay Bhattacharya, profesor de la Facultad de Medicina de la Universidad de Stanford. Quienes se oponen a esta medida, en cambio, aseguran que una vez que el virus circula es muy difícil mantener a las personas de riesgo a salvo.