Hace unos 1.700 años, un barco que transportaba cientos de ánforas de vino, aceitunas, aceite y garum -la salsa de pescado fermentado que tanto deleitaba al paladar antiguo- se fue a pique durante una escala en Mallorca.

Hasta el mes pasado, sus tesoros, milagrosamente conservados, habían permanecido intactos, a pesar de encontrarse a sólo 2 metros por debajo el vientre de los innumerables turistas que se bañan en una de las playas más concurridas de las Baleares.
Ahora, sin embargo, el barco -conocido como pecio de Ses Fontanelles- está entregando sus secretos arqueológicos, históricos y gastronómicos. Una operación de recuperación supervisada por el Consell de Mallorca y en la que han participado expertos de tres universidades españolas de Baleares, Barcelona y Cádiz, ha recuperado unas 300 ánforas y otros objetos que ofrecen una visión inestimable del Mediterráneo del siglo IV d.C. y de la vida cotidiana de la tripulación.
Además de las tinajas de arcilla -que aún conservan sus inscripciones pintadas o tituli picti- los arqueólogos han encontrado un zapato de cuero, un zapato de cuerda, una olla, una lámpara de aceite y el cuarto taladro de carpintero romano recuperado en la región.

Tras realizar una intervención de urgencia, el consell reunió un equipo de arqueólogos y expertos marinos para emprender el proyecto Arqueomallornauta, de tres años de duración.
"El objetivo es preservar todo lo que hay allí y toda la información que contiene, y eso no se podría hacer en una sola intervención de emergencia", dice Jaume Cardell, jefe de arqueología del Consell.
"Ahí es donde entra el proyecto Arqueomallornauta: se trata de recuperar y preservar tanto el pecio como su carga histórica. No se trata sólo de Mallorca; en todo el Mediterráneo occidental hay muy pocos pecios con una carga tan singular".
Aunque el equipo está estudiando ahora la mejor manera de recuperar el casco del pecio, que se encuentra a tan sólo 50 metros de la playa, los que sacaron la carga en una operación que se prolongó desde noviembre de 2021 hasta mediados de febrero están todavía un poco sin aliento por lo que han encontrado.
Ninguno de los miembros del equipo esperaba que las arenas de la bahía hubieran hecho un trabajo tan espectacular para sellar el pecio del oxígeno y preservar sus materiales orgánicos.
"Las cosas se han conservado tan perfectamente que hemos encontrado trozos de textil, un zapato de cuero y una alpargata", afirma el doctor Miguel Ángel Cau, arqueólogo de la Universidad de Barcelona.

El equipo, que determinó que el barco zarpó de la región española de Cartagena analizando los minerales de la arcilla de las ánforas, afirma que es difícil exagerar la importancia del hallazgo.
"Es importante en términos de arquitectura naval porque hay muy pocas embarcaciones antiguas que estén tan bien conservadas como ésta", afirma el doctor Darío Bernal-Casasola, arqueólogo de la Universidad de Cádiz. "No hay barcos romanos completos en España".
Además, añade, las ánforas representan una improbable tripleta arqueológica subacuática: "Es increíblemente difícil -casi imposible- encontrar ánforas enteras que lleven inscripciones y que además conserven los restos de su contenido. El estado de conservación es increíble. Y todo ello en sólo dos metros de agua, donde han nadado millones de personas".
Para Enrique García Riaza, historiador de la Universidad de las Islas Baleares, el pecio pone de manifiesto la importancia comercial y estratégica del archipiélago balear durante el imperio romano.
"Las islas no estaban aisladas, al contrario, eran una escala fundamental en las rutas de la península ibérica y la península itálica", afirma. "En la época romana, las ciudades del archipiélago balear contaban con élites políticas que también estaban muy bien conectadas con las principales ciudades romanas de la costa mediterránea, como Cartagena y Tarragona".
El equipo no ha encontrado ningún rastro de la tripulación del barco, aparte de sus pertenencias, lo que sugiere que tal vez llegaron a la orilla o fueron arrastrados por las olas del naufragio. Sin embargo, lo que dejaron atrás es intrigante.

"La tripulación era probablemente pagana, pero algunas de las mercancías que llevaban tienen símbolos cristianos", dice. "Hay que tener cuidado con la interpretación que se hace de eso -ese cargamento podría haber sido de una autoridad eclesiástica-, pero se da esa coexistencia entre lo pagano y lo cristiano".
"Eso puede decirnos algo sobre la vida cotidiana de la tripulación. Puede que dijeran: "Mira, soy un marinero y creo en lo que creo, pero si quieres que lleve una carga cristiana, me parece bien si el dinero es bueno".
Una vez concluida la fase de recuperación y la catalogación, ahora se piensa en exponer todo el hallazgo.
"La idea es recuperar el casco, y estamos en contacto con expertos nacionales e internacionales para asegurarnos de que se recupera adecuadamente", dice Cardell.
"Hay que exponer el barco y que la gente lo vea. Al fin y al cabo, hacemos arqueología para todos y no sólo para los científicos".
Unas semanas después de que la carga del pecio haya sido tocada por la mano del hombre por primera vez en casi dos milenios, los arqueólogos siguen animados.
"Este es uno de esos hallazgos en los que te ríes todo el tiempo porque no te lo puedes creer", dice Cau. "Este es el tipo de cosas que te ocurren una vez en la vida académica. Nunca volveremos a encontrar algo así y eso es lo que lo hace tan especial".



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