Traducido por el equipo de SOTT.netNetanyahu es un cadáver político. Su momento ya ha pasado, pero se aferra al poder con una furia desesperada, avivando el conflicto más peligroso de nuestra era.

© UnknownEl primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu • ¡Manos a la obra!
Hablan de «ventanas estratégicas». Susurran sobre un «cambio de régimen». En las trastiendas de Washington, pintan un panorama idílico del pueblo iraní levantándose bajo una lluvia de bombas estadounidenses e israelíes. Pero cualquier palestino (cualquiera que haya mirado alguna vez a quemarropa el cañón del rifle de un soldado israelí) se sabe este guion de memoria.
Esto no es estrategia. Es una justificación. Es una sangrienta locura envuelta en retórica patriótica que Occidente se traga con el mismo entusiasmo con el que en su día se tragó las promesas de «libertad» en Irak y de «democracia» en Libia.
No se trata de la seguridad de Israel. Nunca lo fue. Cuando el primer ministro Benjamín Netanyahu se propone asesinar al líder supremo de Irán (como
reveló su propio ministro de Defensa allá por marzo), no está pensando en el destino de los niños israelíes. Está pensando en su propio pellejo político, en su sillón, que se tambalea cada vez con más violencia bajo él a medida que pasan los días.
Esa declaración no es solo una estruendosa amenaza militar.
Es un espejo que refleja el verdadero rostro del régimen israelí: el rostro de un pirómano dispuesto a incendiar todo Oriente Medio solo para prolongar su propio control del poder. Y mientras los medios de comunicación mundiales se dedican ingenuamente a contar aviones y barcos, l
os palestinos sabemos lo que vendrá después: otra oleada de sangre. Solo que esta vez el objetivo es Irán, pero el método sigue siendo el mismo:
miedo, destrucción y arrogancia sin límites.
Comentario: Los horrendos giros de los acontecimientos respaldan una agenda mortal y diabólica. Netanyahu es «la mano» dentro del guante.