Traducido por el equipo de SOTT.netDe las numerosas atrocidades que han caracterizado la política exterior estadounidense hacia Oriente Medio, pocas han sido tan deliberadas y tan controvertidas como el supuesto plan de la Administración Trump para desmantelar el waqf islámico en el recinto de la mezquita de Al-Aqsa.
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Según una
investigación conjunta de
Middle East Eye, que cita fuentes estadounidenses, jordanas, palestinas, del Golfo y occidentales, Estados Unidos e Israel están «trabajando activamente» en un nuevo acuerdo para poner fin a la centenaria custodia hachemita del tercer lugar más sagrado del islam. El plan del que se informa sustituiría al Waqf (el fideicomiso islámico gestionado por Jordania que ha administrado el Haram al-Sharif desde principios del siglo XX) por un organismo designado por Israel encargado de redefinir el recinto sagrado como un «centro multiconfesional». Según el plan, los judíos tendrían «igual acceso» al recinto y se les permitiría formalmente celebrar oraciones en grupo en la explanada; Israel obtendría una influencia decisiva sobre el nombramiento de imanes, administradores de mezquitas e incluso el contenido de los sermones del viernes.
La propuesta supone un ataque sin precedentes al papel histórico del Reino Hachemita, un papel consagrado en tratados internacionales, entre ellos el tratado de paz entre Israel y Jordania de 1994, cuyo artículo 9 establece que «Israel respeta el papel especial que desempeña actualmente el Reino Hachemita de Jordania en los lugares sagrados musulmanes de Jerusalén». Según el plan, el complejo de la mezquita de Al-Aqsa se transformaría en un «centro multiconfesional», lo que permitiría a los judíos un «acceso en igualdad de condiciones» al lugar y autorizaría formalmente la oración judía en grupos numerosos.
No son diplomáticos versados en derecho internacional quienes impulsan esta iniciativa, sino dos sionistas estadounidenses cuyo fervor ideológico y sus intereses económicos los hacen totalmente incapaces de actuar como mediadores imparciales. El resultado es un plan que no solo inflamaría Oriente Medio, sino que también sellaría el legado de la Administración Trump como instrumento del maximalismo israelí.
Pero no se puede comprender la magnitud total de esta atrocidad sin mencionar tres dimensiones adicionales de la crisis: el proyecto sionista a largo plazo de establecer a Israel como
amo del mundo musulmán, la perfidia de Kushner y Huckabee (hombres cuya doble lealtad y extremismo teológico equivalen a una traición a las responsabilidades ostensibles de su propio Gobierno) y el silencio inerte de las potencias árabes, que poseen la influencia económica y diplomática para detener este plan en seco, pero que, en cambio, han optado por la complicidad, la cobardía o la consulta silenciosa.
Comentario: La versión de EEUU no tiene ningún sentido, ¿atacaron a Irán en defensa propia porque Irán intentaba atacar a todo el Oriente Medio?