Existe la teoría de que una nutrición hipercalórica acaba provocando una aceleración del envejecimiento, es decir, que si nos pasamos comiendo durante nuestra vida, nuestro metabolismo nos la acaba devolviendo (y al contrario, si comemos lo justo y necesario para nuestro organismo, viviríamos más). De hecho, hace poco os hablamos de cómo es posible entrenar a nuestro cerebro para elegir alimentos saludables, ya que no venimos programados de forma innata para comer alimentos hipercalóricos, como la bollería por ejemplo. Aún así, ¿es posible que nos equivocásemos? ¿y si realmente una dieta hipercalórica, concretamente alta en grasas, nos beneficiase?

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¡Es ciencia! La panceta es buena para el cerebro.
La grasa y el envejecimiento cerebral

Las dudas vienen a cargo de una nueva investigación de Dinamarca, realizada por el Centro para el Envejecimiento Saludable de la Universidad de Copenhague y el Instituto Nacional de Salud, en la cual se sugiere que el envejecimiento cerebral podría retrasarse mediante una dieta alta en grasas, al menos en ratones. En el caso de que esto sucediera también en humanos se abriría un campo totalmente nuevo hacia el tratamiento del envejecimiento cerebral prematuro en niños, o incluso para tratar el terrible Alzheimer, o el Parkinson.

En este caso, se usaron ratones con un defecto en la reparación de su ADN, un defecto que en humanos causa el síndrome de Cockayne, en el cual los pacientes envejecen prematuramente, siendo niños, no pudiendo llegar siquiera a los 10-12 años. Se alimentó a estos ratones con una dieta alta en grasas, llegando a la conclusión de que dicha dieta podría posponer los procesos de envejecimiento, incluyendo problemas de audición o la pérdida de peso de la vejez.

Así lo comenta el profesor Vilhelm Bohr, director del estudio:
"Este estudio es una buena noticia para los pacientes con síndrome de Cockayne, pues actualmente no hay un tratamiento efectivo para esta enfermedad. Nuestro estudio sugiere que una dieta alta en grasas puede retrasar los procesos del envejecimiento, tanto a nivel sistémico como cerebral. Por tanto, estos resultados implicarían un beneficio a largo plazo para pacientes con la enfermedad de Alzheimer, o con la enfermedad de Parkinson, a largo plazo"

Las neuronas necesitan combustible


Como ya sabéis, el 20% de las calorías diarias que consumimos se van directas al cerebro (y este no representa ni de lejos un 20% de nuestro peso, claro). Por ello, este órgano tiene una necesidad extra, normalmente en forma de azúcares. De hecho tiene su propia reserva en forma de cetonas, un tipo de azúcar que sale a la sangre cuando nos encontramos en un período prolongado de ayuno, como ya os explicamos en su día. Esto se produce porque nuestro cuerpo descompone la grasa y forma azúcares en caso de necesidad, y de ese proceso surgen las cetonas. En este caso, los investigadores creen que el efecto positivo vendría de los llamados ácidos grasos de cadena media (como el aceite de coco).
"Las células de los niños con síndrome de Cockayne están constantemente activas. Se alimentan de todos los recursos y hacen que su metabolismo se acelere y su edad se acorte. Por tanto, tenemos esperanza en que una dieta con un alto contenido en grasas de cadena media tendría un efecto beneficioso, ya que las células cerebrales necesitan un extra de energía, y esta dieta podría dárselo, otorgándoles así la capacidad de reparar el daño causado"
Veremos si próximos estudios confirman el beneficio de este tipo de dieta, y si a partir de estos conocimientos se pueden elaborar nuevos planes terapéuticos contra las actuales enfermedades neurodegenerativas.

Vía | Universidad de Copenhague.