
Después de la prueba, la mujer comenzó a sangrar de forma abundante por la nariz y a sufrir fuertes dolores de cabeza y náuseas. Cuando logó contener la hemorragia y los vómitos, comenzó a sentir un gusto metálico en la boca y decidió acudir al médico.
Las primeras exploraciones detectaron que tenía un agujero en la base del cráneo y que lo que goteaba por su nariz era líquido cefalorraquídeo, un líquido transparente protector que rodea el cerebro y la médula espinal.
Era la primera vez que los médicos se encontraban con una situación de este tipo provocada por los hisopos de prueba del coronavirus. Pero una vez examinado a fondo el caso, se comprobó que el hisopo no fue el responsable del agujero en la base del cráneo, aunque sí de la fuga de material cerebral.
La mujer tenía una deformación en el cráneo no diagnosticada y cuando el hisopo pinchó la pequeña abertura, se hizo lo suficientemente ancha como para que se filtrara el líquido cerebral.
La paciente, cuya identidad no fue revelada, tenía programada una cirugía para reparar una hernia en julio. En esa fecha las cirugías que no eran de emergencia ya se habían reanudado, pero antes de entrar en quirófano tenían que hacerle la prueba de covid-19 para proteger a los médicos, enfermeras y al propio sistema de atención médica de los brotes de coronavirus.
Las pruebas que se realizan en EE UU son de tres tipos: con un hisopo nasofaríngeo, con un hisopo de narices inferiores (fosa nasal) o saliva, recolectada en un tubo de ensayo. En el caso de la paciente se eligió el hisopos nasofaríngeos. Esta prueba es conocida como "raspado del cerebro", pero el hueso del cráneo protege al cerebro del posible daño que pudieran causarle los hisopos.
Poco después de la prueba, la mujer sintió náuseas y goteo nasal hasta que su cabeza y su cuello se pusieron rígidos, un sabor metálico inundó su boca y se volvió sensible a la luz. Los médicos le hicieron varios escáneres cerebrales que revelaron un agujero en la base de su cráneo, que se abría por el sitio por el que le pasado el hisopo.
Al rescatar unas resonancias de la mujer del 2017 pudieron comprobar que las lesiones ya estaban ahí y que la fuga de líquido cerebral se produjo por una lesión preexistente.



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