Podríamos dividir sus encantos para el visitante en tres grandes bloques. Su gastronomía, en la que el taco es el rey y las salsas picantes, como la Habanero, son imprescindibles. La huella que han ido dejando las distintas civilizaciones, desde pirámides mayas como la de Chichén Itzá hasta ciudades coloniales como Mérida. Y como colofón, encontramos sus paisajes naturales. Pero no vamos a hablar de sus arenales paradisíacos, sino de una alineación de lugares mágicos que, sorprendentemente, tiene mucho que ver con la extinción de los dinosaurios: el anillo de cenotes.
Pero vayamos por partes: ¿qué es un cenote? Se trata de un depósito natural de agua dulce, una especie de pozo que normalmente es muy profundo — no se le suele ver el fondo — y que, por encima de todo, tiene algo de místico. Yucatán es, sin duda, el lugar de la tierra donde más abundan estos parajes, y aunque parezcan dispersos al azar, vistos desde el espacio hay un gran grupo que sigue un patrón: un semicírculo que parece trazado con compás.
La serendipia científica
En la década de 1980, un grupo de arqueólogos estaba estudiando imágenes de satélite de la península de Yucatán para intentar comprender qué había sido de la civilización maya que antaño dominó la península, cuando encontró el patrón inesperado que formaba un anillo de cenotes casi perfecto de unos 200 kilómetros de diámetro. Los indígenas dependían de estos enormes pozos para beber agua, pero la extraña disposición de los cenotes dejó perplejos a los investigadores, que presentaron su hallazgo en una conferencia en Acapulco en 1988.

Diversos grupos científicos siguieron investigando el tema y sus estudios han concluido que el impacto del asteroide generó al instante un cráter de 30 km de profundidad, que provocó un gran cataclismo en la Tierra. Este choque habría transformado el planeta hasta dejarlo irreconocible, con una nube de ceniza que generó una noche perpetua durante más de un año. Las temperaturas se desplomaron por debajo del punto de congelación y terminaron con cerca del 75% de la vida, incluyendo casi todos los dinosaurios.
Hoy en día, se conoce a la "huella" del meteorito como el cráter de Chicxulub, y gracias a su impacto podemos disfrutar en Yucatán de esta serie de pozos ancestrales de agua dulce. Para su protección, el Gobierno creó la Reserva Estatal Geohidrológica Anillo de Cenotes, con una superficie de 219.207,83 hectáreas, y que abarca los municipios de Seyé, Acanceh, Timucuy, Homún, Cuzamá, Tecoh, Tekit, Tahmek, Hoctún, Xocchel, Hocabá, Sanahcat y Huhí.





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