Traducido por el equipo de SOTT.netSe está produciendo una extraña desconexión entre los mercados financieros y el ciudadano de a pie.

© CopyrightEl estrecho de Ormuz es un punto de estrangulamiento clave para los transportes marítimos de petróleo
La mayoría de la gente sigue viendo la situación con Irán como otra historia geopolítica lejana. Aparece en televisión durante unos minutos, desaparece tras las noticias de política nacional y luego vuelve unos días más tarde, cuando surge otro titular. Los inversores, sin embargo, están empezando a tratarla de forma muy diferente. No siguen las negociaciones porque les importe el simbolismo diplomático. Las siguen porque un número creciente de operadores cree que la economía mundial puede ser mucho más vulnerable a una interrupción prolongada de lo que los responsables políticos están dispuestos a admitir.
La ironía es que la mayor amenaza ya no es la guerra en sí misma. La mayor amenaza es la incertidumbre.
Durante meses, los mercados se convencieron a sí mismos de que un acuerdo entre Washington y Teherán era solo cuestión de tiempo. Habría desacuerdos, amenazas públicas y complicaciones de última hora, pero al final la realidad económica obligaría a ambas partes a alcanzar algún tipo de compromiso. Esa creencia se generalizó tanto que muchos inversores dejaron de plantearse qué pasaría si ocurriera lo contrario.
Ahora esa suposición se está poniendo a prueba.