Comentario: Como conmemoración de los 100 años del fin de la Primera Guerra Mundial, volvemos a publicar este artículo, en el cual recordamos el papel de las mismas élites que condujeron a un conflicto donde tantos soldados perdieron sus vidas como carne de cañón.


Aunque se demoró un poco en tomar impulso, el incidente del envenenamiento de Skripal Salisbury ha dominado últimamente los titulares de los medios de comunicación occidentales. Todos los días nos deleitamos con los rostros engreídos y santurrones que, en un suspiro, comparan a Putin con Hitler, Stalin y el zar Nicolás II, antes de proceder a comparar a Rusia con la Alemania nazi, la Unión Soviética y el Imperio ruso simultáneamente. Este sería seguramente el pico de todo mal, ¡suponiendo que fuera cierto!
A British flag flies near the United Kingdom's embassy in Moscow.
© David Mdzinarishvili / Reuters
Una bandera británica ondea cerca de la embajada del Reino Unido en Moscú.
Y por supuesto se supone que debemos asumir que es verdad porque estas últimas noticias falsas están construidas sobre un edificio hecho de toda una historia de noticias falsas. Simon Tisdall escribió recientemente en uno de los mayores proveedores de noticias falsas, The Guardian:
Los políticos occidentales han tardado mucho tiempo en reconocer el alcance y la profundidad de la amenaza que representa la Rusia de Vladimir Putin. Algunos en el Partido Laborista aún no han hecho. También está claro que, a medida que Theresa May se embarca en una confrontación abierta con Moscú, la disputa provocada por la atrocidad de Salisbury podría tardar años en resolverse.

Fría o caliente, abierta o encubierta, esta va a ser una guerra larga; y Gran Bretaña necesitará a todos sus amigos y aliados si quiere prevalecer contra un oponente despiadado. Hay serias dudas sobre si el apoyo será sincero, suficiente y oportuno.
La "guerra" ha sido declarada y disentir es ser un traidor, no tanto para el país de uno, sino para los amorfos "valores occidentales". Tisdall continúa:
Desde entonces, la percepción bien fundada de la debilidad, la ambivalencia y la división de Occidente ha alentado a Putin a adoptar un comportamiento cada vez más agresivo. Sus principales características incluyen las guerras en Georgia y Ucrania, los ciberataques contra los países de la OTAN, las operaciones de injerencia y desestabilización electoral y la sangrienta intervención en Siria.

Putin se envalentonó aún más por su dominio doméstico, logrado a través de la manipulación de las elecciones, la rustificación de la Duma para convertirla en un parlamento hermético y la eliminación, por diversos medios, de los principales opositores, críticos y medios de comunicación libres. Boris Nemtsov, un reformista liberal asesinado en 2015, y Anna Politkovskaya, una periodista de investigación asesinada en 2006, no son más que dos nombres en una larga lista que podría incluir a Sergei y Yulia Skripal.
Al parecer, las alegaciones infundadas agravan las considerables amenazas que justifican una acción inmediata. Parafraseando a Franz Kafka, "No es necesario aceptar todo como verdadero, uno debe aceptarlo como necesario; lo que hace de la mentira una ley universal". Sólo añadiría que creer en mentiras hace que el cerebro de la gente se convierta en papilla, lo cual hace que sean fácilmente explotados por los mentirosos.

Así que volvemos a ver cómo muchos gobiernos occidentales expulsan a un gran número de diplomáticos rusos con absoluto desprecio por el derecho y las normas internacionales. Donald Trump, el hombre que prometió reparar las relaciones con Rusia, ha sucumbido al "pantano" que se propuso drenar. Podemos esperar que ahora, al menos, haya descubierto lo ingenuo que fue al creer que podría hacerlo.

Si bien la histeria antirrusa de los últimos años (que ha desembocado recientemente en el incidente de Skripal y en el "Russiagate") es singularmente estridente y aparentemente novedosa, ésta tiene un largo precedente histórico y, a lo largo de al menos los últimos dos siglos, ha sido utilizada principalmente para un único propósito: la guerra. La guerra distrae a la gente de las cuestiones sociales y políticas aparentemente insolubles, y presenta grandes oportunidades de enriquecimiento para quienes están en condiciones para lograrlo. Pero se necesitan dos para bailar el tango, y "el Este" ha aprendido que no habrá guerra si ellos no se presentan. Mientras que "Occidente" sigue jugando al engaño, Oriente ha seguido adelante, y a nosotros, los occidentales, al menos por ahora, sólo nos queda la guerra contra nosotros mismos.

El papel central desempeñado por el Reino Unido en los recientes "incidentes rusos" refleja el papel central que ese país ha desempeñado en los incidentes históricos que nos han llevado hasta el momento actual. Desde hace más de un siglo, el papel de la élite británica en el inicio de la Primera Guerra Mundial se ha pasado por alto casi por completo. Sólo recientemente, historiadores e investigadores han hecho una valoración adecuada de ese acontecimiento que cambió el mundo y que dio forma al resto del siglo XX y a nuestro mundo actual. Lejos de ser culpa exclusiva de Alemania, la "guerra para poner fin a todas las guerras" fue provocada deliberadamente por una red de intereses corporativos, financieros e imperiales que se reunieron y operaron a través de la sede del Imperio Británico.

Lista de sospechosos

Alfred Milner

Lord Alfred Milner, Secretario Colonial Británico, y arquitecto de la Unión de Sudáfrica.
A principios del siglo XX, Gran Bretaña atravesó un período gradual, aunque sostenido, de histerización antialemana que culminó con el estallido de la Primera Guerra Mundial. A pesar de la implacable propaganda mediática que demonizaba a los alemanes y de las crecientes señales de que la guerra podría estallar en Europa, el público británico votó abrumadoramente en 1906 a favor de un nuevo Primer Ministro, Sir Henry Campbell-Bannerman, un acérrimo crítico de las recientes Guerras de los Bóeres y defensor de una política de "Paz y Retracción" en el cada vez más frágil Imperio Británico.

Conocido como "el primer y único Primer Ministro radical de Gran Bretaña", Campbell-Bannerman fue neutralizado en el ámbito de los asuntos exteriores por una élite belicista, incluso antes de comenzar su mandato, y murió en el cargo apenas dos años después. En lugar de paz, el público británico recibió una guerra que produjo en un solo día la suma de bajas militares y civiles equivalente a la de todos los conflictos europeos de los últimos 100 años1. Vaya democracia y altísimos "valores occidentales".

Aunque los británicos votaron rotundamente a favor de una política de Paz y Retracción, las fuerzas poderosas no se detendrían ante nada para conseguir la guerra que deseaban, y el control sobre el mundo que ésta les otorgaba.

Lord Alfred Milner: A pesar de haber nacido en Alemania de padres mixtos británico-alemanes, la mentalidad de Milner estaba enteramente formada por una ardiente creencia en la "superioridad de la raza británica". Milner, un imperialista educado en Oxford, comenzó como periodista en el Pall Mall Gazette antes de unirse, junto con su colega William Stead, a una sociedad secreta establecida por el influyente oligarca y colonialista Cecil Rhodes. En el momento en que estalló la Primera Guerra Mundial, esta siniestra organización era enteramente de Milner, y se llamaba "Grupo de la Mesa Redonda", o "Jardín de Infancia de Milner", e influenciaba la política exterior británica, y por lo tanto mundial, desde las sombras. Fue, en esencia, el precursor del actual "Estado profundo".

Milner sirvió como el "hombre de la limpieza" de Rhodes después de la tentativa desastrosa de provocar una sublevación entre los expatriados británicos en la colonia de Transvaal de África meridional. Poco después, Milner fue recompensado con el cargo de Alto Comisionado para África del Sur en 1897. Desde ese puesto, Milner lanzó una campaña de engaño para iniciar la segunda Guerra Bóer, supervisando el polémico uso de campos de concentración para humillar y castigar a la ciudadanía. Estos campos y otros métodos brutales utilizados en las Guerras Bóer conmocionaron tanto al público británico como a las fuerzas armadas. Bajo el gobierno de Milner, 28.000 de las 115.000 personas internadas en campamentos murieron, casi 22.000 de ellas niños. Milner escribió sobre esto:
"La teoría de que, si todos los niños débiles murieran, la tasa se reduciría no se ve confirmada por los hechos. Los fuertes deben estar muriendo ahora y todos estarán muertos para la primavera de 1903".
Quizás nadie ejemplificó mejor la actitud de la élite británica que Milner. Pero a pesar de toda su barbarie, tuvo mucho éxito. Después de haber asegurado territorios británicos en la "Lucha por África", Milner manipuló cuidadosamente el gabinete del recién elegido Henry Campbell-Bannerman, asegurándose de que sus fuerzas proimperialistas estuvieran bien representadas en el mismo. Dado su éxito en las artes oscuras del imperialismo, Milner rechazó ofertas lucrativas para trabajar para JP Morgan y en su lugar regresó a Londres en 1905 para perseguir un proyecto mucho más grande: conquistar el mundo.2

Sir Edward Grey fue nombrado Ministro de Asuntos Exteriores en el gabinete de Henry Campbell-Bannerman por insistencia del Rey Eduardo. Como uno de los hombres de Milner, se aseguró de que la política exterior británica se orientara hacia los preparativos de guerra, y fue parte de una alianza militar secreta con Francia en 1904. Este acuerdo secreto entre cinco ministros (Asquith, Haldane, Grey, Churchill y Lloyd George) prometía "reciprocidades" militares a los franceses en caso de guerra.

Grey declaró categóricamente que no había habido un "acuerdo secreto" para acudir en ayuda de Francia en caso de ataque:
"En primer lugar, permítanme intentar poner fin a algunas de las sospechas con respecto al secretismo; sospechas con las que me parece que algunas personas se están torturando a sí mismas, y ciertamente preocupando a otras. Hemos presentado ante esta Cámara los artículos secretos del Acuerdo con Francia de 1904. No hay otros compromisos secretos. El último gobierno hizo ese acuerdo en 1904. Mantuvieron esos artículos en secreto y creo que para todo el mundo la razón será obvia. Habría sido inoportuno hacer públicos esos artículos. En mi opinión, tenían toda la razón al mantener esos artículos en secreto porque no eran artículos que comprometieran a esta Cámara a cumplir obligaciones serias3.
Pero, como señaló Sir Bertrand Russell en su momento: "me había dado cuenta durante los años anteriores de cuán cuidadosamente mintió Sir Edward Grey para evitar que el público conociera los métodos mediante los cuales nos comprometía a apoyar a Francia en caso de guerra."4

raymond poincare

Raymond Poincaré
Rey Eduardo VII: El Príncipe de Gales, Albert Eduardo, se convirtió en Rey Eduardo VII al tomar el trono en 1901. En los años siguientes se ocupó de reuniones diplomáticas para concertar acuerdos secretos que efectivamente cercaron Alemania y volvieron paranoicos a los militares alemanes. Él dividió Alemania y al monarca italiano, y llevó a cabo la diplomacia con casi todos los vecinos de Alemania. Cuando Alemania movilizó sus fuerzas, sin saberlo estaba cayendo en la trampa que Edward y la élite secreta le tendieron.

Raymond Poincaré: Un estadista francés, tres veces Primer Ministro y Presidente en 1913, Poincare ejemplificó el odio histérico antialemán de la élite francesa. Francia, que perdió el territorio de Alsacia-Lorena a manos de Prusia después de que Napoleón III fuera tontamente a la guerra con un ejército incapaz de ganarlo, estaba dispuesta a hacer lo que fuera necesario para recuperarlo y frenar el ascenso de Alemania. Como Poincare anunció en un discurso a los estudiantes universitarios:
"En mis años de escuela, mi pensamiento, inclinado ante el espectro de la derrota, moraba incesantemente en la frontera que el Tratado de Frankfurt nos había impuesto, y cuando descendí de mis nubes metafísicas, no pude descubrir otra razón por la que mi generación debería seguir viviendo excepto la esperanza de recuperar nuestras provincias perdidas".
Richard Burdon Haldane: Haldane era uno de los confidentes más cercanos de Milner, y se convirtió en el Secretario de Estado para la Guerra en 1905, instituyendo una revolución militar masiva en la organización del ejército británico. Creó el Ejército Territorial, el Cuerpo de Entrenamiento de Oficiales y la Reserva Especial, y encabezó una política militar a favor de Francia en oposición a muchos que habían servido bajo una política a favor de Bélgica durante décadas.

Théophile Delcassé: Ministro de Asuntos Exteriores francés con un odio rabioso hacia Alemania. Théophile estaba decidido a establecer una alianza militar entre Gran Bretaña, Francia y Rusia que apoyaría el deseo de Francia de recuperar sus territorios perdidos. Se vio obligado a dimitir después de casi llevar a su país al borde de la guerra con Alemania en la Primera Crisis Marroquí de 1905-1906. Sin embargo, se abrió camino de vuelta al poder como sustituto del ministro de Asuntos Exteriores, Gabriel Hanotaux, y luego se convirtió en Presidente de Francia en 1913.

Horatio Herbert Kitchener

Horatio Herbert Kitchener
Horatio Herbert Kitchener: General durante las Guerras de los Bóeres, Kitchener supervisó la implementación de la política de los campos de concentración en Sudáfrica. A continuación, dirigió los asuntos exteriores británicos fuera de El Cairo y diseñó planes para dividir Oriente Medio, avivando las llamas de la rebelión y el separatismo en el Imperio Otomano. El resultado final (aunque no se ajustaba a su plan) fue el surgimiento de la Casa de Saud y su peculiar forma de Islam que sirvió al dominio angloestadounidense de la región a través de la "Guerra contra el Terror" un siglo después. David Fromkin anotó en A Peace to End All Peace ("Una paz para acabar con toda paz") que:
El restablecimiento del califato en Arabia, donde éste y Mahoma nacieron trece siglos antes, fue la estrategia de Kitchener para prepararse para la rivalidad con Rusia que estaba destinada a producirse tras la conclusión de la guerra contra Alemania.5
Si ésa fue la estrategia de Kitchener hace un siglo, entonces es notablemente consistente con la reciente declaración del actual Príncipe Heredero de Arabia Saudita de que el wahabismo fue alentado a lo largo del siglo XX por los angloestadounidenses como un medio para alejar a Rusia del Medio Oriente.

Kitchener, al igual que todos los aristócratas y oligarcas de la clase alta que diseñaron la Primera Guerra Mundial, tenía un desprecio asombroso por la gente común, incluidas sus propias tropas. A principios de la Primera Guerra Mundial, parecía que los rusos iban a retirarse y hacer las paces con Alemania. Esto habría sido desastroso para las fuerzas anglofrancesas porque Alemania podría entonces concentrar sus fuerzas en el frente occidental.

La élite secreta prometió a Rusia que, a cambio de unirse a la "Triple Entente" británica, Constantinopla (una especie de Meca ortodoxa) se convertiría en propiedad rusa en un mundo de posguerra. Kitchener conspiró con Winston Churchill, entonces Primer Lord del Almirantazgo, para organizar un asalto suicida a los Dardanelos, que une el Mar Mediterráneo y el Mar Negro. Lo hicieron con el fin de engañar a Rusia para que creyera que Gran Bretaña estaba cumpliendo su parte del trato y así continuar su enfrentamiento militar con Alemania, Austria-Hungría y el Imperio Otomano en Europa Oriental. Esto funcionó, pero a costa de decenas de miles de vidas británicas, francesas y australianas en una invasión de desembarco que la élite sabía que no funcionaría contra las formidables defensas otomanas. Además, nunca tuvieron la intención de ceder Constantinopla a Rusia.
Lord Horatio Kitchener

El icónico y muy imitado póster de 1914 de Lord Kitchener "te quiere a ti", así que "Únete al ejército de tu país". "Dios salve al Rey."
La carrera de Kitchener en el negocio de la muerte alcanzó su punto más alto cuando fue nombrado Secretario de Estado para la Guerra, pero terminó abruptamente cuando su barco fue arrollado por un submarino alemán, aunque hay varias otras teorías sobre la causa de su muerte.

Esta lista cubre sólo a algunos de los conspiradores, pero lo suficiente como para pintar un cuadro aproximado de los individuos que trabajaron incansablemente para diseñar una guerra que destruiría la paz durante gran parte del siglo - una guerra que resultaría en el surgimiento de Hitler, la Unión Soviética, un Estado israelí de apartheid y la propagación del Terrorismo Islámico Radical. A continuación, se presenta la estrategia general que siguieron.

Buscar el desencadenante de la guerra

Los investigadores escoceses Gerry Docherty y Jim Macgregor realizaron un estudio exhaustivo de las formas en que los funcionarios británicos allanaron el camino a la guerra en su libro Hidden History: The Secret Origins of the First World War [Historia oculta: Los orígenes secretos de la Primera Guerra Mundial]. Creo que es una lectura obligatoria para cualquier estudiante de historia occidental, pero mi única crítica a su trabajo es que tienden a retratar a Alemania como una víctima y, por lo tanto, a ensombrecer la histeria generalizada -que afectó a todo el mundo, incluida Rusia- y el pensamiento deficiente al que sucumbieron las fuerzas armadas alemanas y el Kaiser, y de hecho los crímenes de guerra cometidos por los alemanes. Sin embargo, su argumento de que los británicos fueron los principales instigadores de la guerra se basa en parte en los siguientes argumentos:

Grietas en el Imperio Británico: Al comienzo de la guerra parecía que todas las naciones excepto Alemania tenían razones para participar en un holocausto global. Los ingleses habían dominado los asuntos europeos y mundiales hasta ese momento, pero el mero coste de ocupar y gestionar muchas colonias lejanas estaba golpeando con fuerza sus arcas nacionales. Mientras tanto, la unificación de Alemania bajo Bismarck y la rápida industrialización la estaba llevando a superar al imperio británico en algunos sectores clave. Como señala F. William Engdahl, "el miedo al emergente desafío económico alemán a finales de la década de 1890 era tan extremo entre los círculos dirigentes del establishment británico, que Gran Bretaña hizo un cambio drástico en su estrategia de alianza continental de décadas de duración, en un esfuerzo audaz por inclinar los acontecimientos europeos a favor de Inglaterra".6

Este cambio de estrategia llevó a Gran Bretaña a hacer concesiones geopolíticas tanto a Rusia como a Francia, manipulándolas para que adoptaran posiciones antagónicas hacia Alemania. Después de haber participado en el "Gran Juego" con Rusia a lo largo del siglo XIX para controlar la expansión y la influencia de Rusia en la India y Afganistán, la repentina alianza de Gran Bretaña con Rusia sólo se produjo después de que Japón, armado con acorazados británicos y financiado por bancos británicos y estadounidenses, derrotara a Rusia en su región del Lejano Oriente en 1904-1905. Contenida en el este por el ascenso de los japoneses, la mirada de Rusia giró inevitablemente hacia el oeste, hacia los Balcanes y el acceso al Mar Mediterráneo que codiciaba, y que los británicos pretendían estar de acuerdo en que podía poseer.

Histeria francesa: Napoleón III, sobrino de Napoleón, era tan ambicioso como su tío. En un descarado intento de destruir el creciente estado prusiano, Napoleón III ordenó la movilización de una fuerza francesa muy inferior que fue inmediatamente aplastada por la maquinaria militar prusiana. Como resultado, Francia perdió Alsacia-Lorena y fue humillada debido a las ridículas acciones de un líder temerario.

Como señaló un periódico británico, el Sheffield and Rotterdam Independent, el 11 de octubre de 1870: "Francia ha codiciado la frontera de 1810. Ha querido poder para cruzar el Rin a su antojo, para crear una confederación Renana bajo su control, y para ocuparla a su conveniencia, como hizo el primer Napoleón en las capitales alemanas".

Dreyfuss Affair
El caso Dreyfuss: Gabriel Hanotaux, ministro francés de Asuntos Exteriores de 1894 a 1896, fue una notable excepción en la tendencia general del aumento de la histeria. Sus esfuerzos, sin embargo, no pudieron detener el descenso a la guerra. Cuando Hanotaux intentó desarrollar relaciones pacíficas con Alemania, el general Albert Dreyfuss fue acusado de traición por supuestamente comunicar secretos a espías alemanes. Más tarde fue exonerado y el caso siguió siendo un símbolo de juicio por propaganda. Como escribe Engdahl:
Hanotaux intervino en el proceso inicial en 1894, advirtiendo correctamente que el caso Dreyfus conduciría a "una ruptura diplomática con Alemania, incluso a la guerra". Dreyfus fue exonerado años después, y se reveló que el Conde Ferdinand Walsin-Esterhazy, en la nómina de la familia bancaria Rothschild, había fabricado las pruebas contra Dreyfus. En 1898, Hanotaux ya estaba fuera de su cargo y fue sucedido por el maleable anglófilo Theophile Delcassé.7
Incidente de Fashoda: En 1898, un incidente militar entre las fuerzas británicas de Kitchener y las fuerzas francesas en Egipto, conocido como el incidente de Fashoda, obligó a los franceses a salir de ese país y causó una crisis internacional. Los británicos entonces aprovecharon la situación para asegurar una alianza futura con Francia a fin de evitar que fuera acorralada por Alemania y Rusia y perdiera el control de sus otros territorios. En 1904, los británicos se las habían arreglado en secreto para tomar el control total de Egipto, mientras que Francia controlaba Marruecos, lo que violaba los tratados franco-alemanes.

Noticias falsas
Wilhelm II

El emperador Guillermo II y un póster italiano de 1915 que muestra al Kaiser mordiendo el mundo.
Las noticias falsas se convierten en historia falsa. Hoy los belicistas británicos esperan que creamos, sin ninguna prueba razonable, que Putin mataría a "miles y miles y miles" de británicos sin provocación. Del mismo modo, el molino de la propaganda antes y durante la Primera Guerra Mundial estaba trabajando arduamente para convencer al mundo de que Alemania era la encarnación del diablo y que el baño de sangre que se avecinaba estaba justificado.

La prensa siempre describió a Alemania como una "nación agresora". Esto a pesar del hecho de que el Reino Unido, Francia y Rusia "gastaron 657.884.476 libras esterlinas en buques de guerra en esa misma década, mientras que Alemania y Austria-Hungría gastaron 235.897.978 libras esterlinas. La fuerza del ejército alemán en tiempos de paz era de 761.000, mientras la de Francia era de 794.000 y la de Rusia de 1.845.000. Sin embargo, la afirmación de que el militarismo se había 'desenfrenado' en Alemania se presentó como la verdad".9

Mientras acusaban a Alemania de belicismo, los preparativos británicos para la guerra fueron tan intensos que llevaron a oficiales militares de alto rango a afirmar que la guerra con Alemania era inevitable.10 Milner emprendió una "gira mundial" organizando conferencias imperiales diseñadas para reunir apoyo para Gran Bretaña en caso de guerra y para "fomentar la cooperación imperial tanto en materia de defensa como de comunicaciones".11

En 1896 Lord Nortchliffe creó el periódico Daily Mail que, en pocos años, había logrado llegar a millones de lectores, en su mayoría de clase baja y media.12 En 1897 encargó la publicación de una serie titulada Under the Iron Heel (Bajo el Talón de Hierro), que predecía que el ejército alemán pronto invadiría Gran Bretaña. Northcliffe también encargó la redacción de un relato ficticio de una invasión alemana llamada The Invasion of 1910 (La invasión de 1910). El Daily Mail incluso imprimió mapas especiales que mostraban dónde iban a invadir estos "hunos" (en la jerga alemana). Northcliffe también financió The Poison Bullet (La bala envenenada), una novela de espionaje diseñada para dar rienda suelta al sentimiento antialemán del público británico.13 También escribió panfletos que predecían una guerra inevitable contra Alemania.

Como escribe J. Lee Thompson, "para 1914 Northcliffe controlaba aproximadamente el 40 por ciento de la mañana, el 45 por ciento de la noche y el 15 por ciento del total de las circulaciones dominicales de los periódicos". Así, para cuando estalló la guerra, la sociedad británica había sido efectivamente sometida a la preparación para la guerra durante décadas de propaganda antialemana, con panfletos y literatura que convencían al público de que los espías alemanes estaban a la vuelta de cada esquina. Hoy, las noticias de la noche e Internet han sustituido a los "panfletos y la literatura" y Rusia ha sustituido a Alemania.

En 1909, el parlamento aprobó un proyecto de ley que instauraba el servicio secreto británico -los actuales MI5 y MI6- mientras que otro proyecto impuso poderes policiales estatales sin precedentes al país.15

Tirar del gatillo

trench warfare
Dado el aislamiento diplomático de Alemania y los preparativos militares y acuerdos secretos firmados por Francia, Gran Bretaña y Rusia, lo único que faltaba era un "evento catastrófico y catalizador" para justificar la declaración de guerra. Un acontecimiento de este tipo ocurrió en los Balcanes, una región que había estado en plena agitación durante algunos años.

En el período previo a la Primera Guerra Mundial, Serbia, Bulgaria, Macedonia y Bosnia estaban en guerra entre sí, divididos internamente y en conflicto tanto con el Imperio Otomano como con el Imperio Austro-Húngaro. El amargo sentimiento étnico y nacionalista fue arrastrado al frenesí por las crisis sucesivas. El diplomático ruso anglófilo Alexander Isvolsky acordó (sin la aprobación del Zar o del gobierno ruso) que Rusia apoyaría el "derecho" de Austria-Hungría a anexar Bosnia-Herzegovina en un momento de su elección, a cambio del apoyo austro-húngaro al control ruso sobre los Dardanelos. Como resultado, y en violación del derecho internacional, el 6 de octubre de 1908, Austria-Hungría anunció su anexión de Bosnia-Herzegovina, provocando inmediatamente la indignación de Serbia, que veía a Bosnia como suya. Este enredo fue la mecha que encendió la primera guerra mundial cuando el archiduque austriaco Ferdinand fue asesinado por un serbio bosnio. Como escribió Alan Cassels en su libro Ideology and International Relations in the Modern World ("Ideología y Relaciones Internacionales en el Mundo Moderno"), este evento "avivó el paneslavismo en los Balcanes llevándolo al frenesí".17

Cuando estalló la Primera Guerra Mundial, se dice que Isvolsky dijo: "C'est ma guerre!" ("¡Esta es mi guerra!")

El 28 de junio de 1914 el Archiduque Ferdinand fue asesinado a tiros en Sarajevo. Austria-Hungría culpó a los serbios. Decididos a responsabilizar a Serbia, los diplomáticos europeos le indicaron a Austria-Hungría que tenía todo el derecho de hacerlo. Por lo tanto, Austria-Hungría envió a Belgrado una nota en la que exigía los siguientes puntos:
  1. El cese de la propaganda antiaustriaca en los medios de comunicación y la educación serbios
  2. El derecho de la policía austríaca a investigar el asesinato en suelo serbio
  3. Disculpas públicas del Rey y del gobierno
  4. La rendición inmediata de los responsables
Le dijeron a Serbia que tenía 48 horas para cumplir. Una vez que se entregó la nota, y conscientes de que Serbia no podría cumplirla, los gobiernos de Rusia, Gran Bretaña y Francia, que anteriormente la habían respaldado, ahora expresaron su indignación ante Austria-Hungría.

Serbia, envalentonada por la indignación de la Entente, se negó a cumplir.18 En respuesta, Austria-Hungría se dirigió a Alemania en busca de apoyo en la acción militar, y Alemania aceptó. Sin embargo, hasta el último momento, el Kaiser alemán Wilhelm intentó en vano convencer a su primo Nicolás II de Rusia de que no movilizara las fuerzas rusas. Fue así como Alemania dio a Austria-Hungría el histórico "cheque en blanco" que desde entonces se ha citado como prueba de la culpabilidad alemana en la guerra.

El presidente francés Poincare visitó San Petersburgo y le garantizó a Rusia que "Francia no sólo le daría a Rusia un fuerte apoyo diplomático, sino que, si fuera necesario, cumpliría con todas las obligaciones que le imponía la alianza".20 Se envió un resumen de su visita a Edward Grey en el Ministerio de Relaciones Exteriores y, a partir del 25 de julio, Grey hizo propuestas para resolver la crisis mientras Rusia y Francia comenzaban a movilizar sus ejércitos. Cuatro días después, Gran Bretaña comenzó a movilizar su propia flota.

El 29 de julio el zar Nicolás II ordenó oficialmente la movilización rusa. Pero luego recibió un telegrama del Káiser:
Mi embajador tiene instrucciones de llamar la atención de su gobierno sobre los peligros y las graves consecuencias de una movilización. Si, como se desprende de su comunicación y de la de su Gobierno, Rusia se está movilizando contra Austria-Hungría... Toda la carga de la decisión recae ahora sobre sus hombros, la responsabilidad de la paz o de la guerra.
Nicolás se echó atrás.

Pero entonces, el 30 de julio, el ministro de Asuntos Exteriores ruso (y anglófilo) Sergei Sazanov pasó horas convenciendo a Nicolás II de la traición alemana, urgiéndole a que volviera a ordenar la movilización de las fuerzas armadas. El zar estaba profundamente preocupado por el peso de la decisión, pero al final capituló ante la presión y la máquina de guerra rusa siguió adelante:
Nicolás II seguía comprensiblemente indeciso. Según el embajador francés, "el zar estaba mortalmente pálido y respondió con voz asfixiante: '¡Piense en la responsabilidad que me está aconsejando que asuma! Recuerde, es una cuestión de enviar a miles y miles de hombres a su muerte'".
Alemania fue el último país en anunciar la militarización. La clave del plan de guerra de Gran Bretaña era que Alemania seguiría su Plan Schlieffen, en el que las fuerzas alemanas marcharían rápidamente a través de Bélgica para evitar la región montañosa de las Ardenas, pondrían al ejército francés en su lugar, luego se darían la vuelta para mirar hacia el este y se unirían a Austria-Hungría para enfrentarse al gigantesco ejército ruso. Sin embargo, sin que Alemania lo supiera, Bélgica no era tan neutral como había hecho creer a todo el mundo, y había comenzado a movilizar a sus fuerzas armadas (que habían sido preparadas y entrenadas secretamente por los británicos) al mismo tiempo que Francia y Rusia. Pero la invasión alemana de la desafortunada y 'neutral' Bélgica le dio a Gran Bretaña su "justa causa" para declararle la guerra a Alemania.

Al comenzar la guerra, Gran Bretaña cortó las líneas de comunicación submarinas de Alemania, asegurando así que toda la información hacia y desde el mundo exterior estuviera bajo su control. Un año o dos más tarde, un poema escrito a partir de los horrores de las trincheras daba testimonio de la conciencia del engaño que llegó demasiado tarde.
Olas de hombres fuertes
Eso no volverá a surgir,
Dispersos y hendidos
Mientes, y te pudres;
¿Qué es lo que no has dado?
Y ¿qué obtienes?
¿Qué obtuvimos? Conseguimos la imposición de un Estado de apartheid israelí y un Estado Islámico (Arabia Saudí) en Oriente Medio. El mundo también recibió el "regalo" de una Revolución Rusa que dio paso a la Unión Soviética y a la patocracia que se extendió por una gran extensión de Eurasia. Como se lamentó el general alemán Ludendorff, presagiando los horrores que vendrían después del colapso de Alemania, el Tratado de Versalles "envió al pueblo alemán a la esclavitud, a una esclavitud absolutamente aplastante. Todos los delirios han desaparecido", escribió. "Miramos a la nada. Se necesita algo más". El hitlerismo hizo que el sol desapareciera de Europa durante décadas. ¿Y la élite británica? Todavía se refieren a sí mismos como "Señor" y "Honorable" mientras señalan con el dedo a Rusia como la "fuente de todo mal".

En resumen, la historia demuestra que nadie debería confiar ni en una palabra de lo que dice la clase dirigente británica.

De vuelta a la actualidad

A lo largo de la historia moderna, vemos a la misma "élite" empujando, instigando, manipulando, prometiendo una cosa a un país y otra totalmente diferente a otro. En su puro instinto malévolo, vemos al "psicópata esencial" en acción tejiendo su red fácilmente a través de naciones y generaciones enteras. ¿La mayor vulnerabilidad? La tendencia de las personas normales a pensar emocionalmente y el caos que esto genera cuando naciones enteras son infectadas por la misma.

Pero, como ha declarado el embajador ruso en Estados Unidos, Anatoly Antonov, "la verdad saldrá a la luz. No permitiremos que nos provoquen un colapso emocional". La Rusia moderna no es Alemania bajo el ingenuo liderazgo del Káiser Guillermo II, que creía que sus relaciones con el zar ruso y el rey de Inglaterra protegerían a su país de la guerra.

La Rusia moderna tampoco es Irak; un pequeño país fácilmente abrumado por la fuerza militar superior de la OTAN con un líder aislado fácilmente difamado debido a su agresión pasada. La Rusia moderna es una superpotencia nuclear armada que está dirigida por algunos de los estadistas más brillantes que este planeta ha visto; no serán engañados, no serán superados en armamento, y cualquier ataque contra ellos será un acto de suicidio.

Así que, para aquéllos que presionan en favor de una guerra contra Rusia, la única vía que tienen para dar salida a su impulso destructivo contra Rusia son más ataques de falsa bandera, más propaganda sucia y todo tipo de trucos deshonestos. En otras palabras, intentarán envenenar, sancionar, gritar, manipular y, de otro modo, arrastrarnos al olvido, y luego culpar a Rusia de todo.

Referencias

1. David Fromkin's A Peace to End All Peace: The Fall of the Ottoman Empire and the Creation of the Modern Middle East p. 232
2. Gerry Docherty & Jim Macgregor's Hidden History: The Secret Origins of the First World War p. 214
3. P. Hof's The Two Edwards: How King Edward VII and Foreign Secretary Sir Edward Grey Started The First World War p. 4
4. David Fromkin's A Peace to End All Peace: The Fall of the Ottoman Empire and the Creation of the Modern Middle East p. 125
5 Ibid p. 104
6. F. William Engdahl's A Century of War Anglo-American Oil Politics and the New World Order p. 39
7. Ibid. p. 31
8. Gerry Docherty & Jim Macgregor's Hidden History: The Secret Origins of the First World War p. 135
9. Ibid. p. 133
10. Ibid. p. 155
11. J. Lee Thompson's Politicians, the Press, and Propaganda: Lord Northcliffe and the Great War, 1914-1919 Kindle Edition Location 175
12. Gerry Docherty & Jim Macgregor's Hidden History: The Secret Origins of the First World War p. 148- 149
13. J. Lee Thompson's Politicians, the Press, and Propaganda: Lord Northcliffe and the Great War, 1914-1919 Kindle Edition Location 175
14. Gerry Docherty & Jim Macgregor's Hidden History: The Secret Origins of the First World War p. 151
15. Andrew Feinstein's The Shadow World: Inside the Global Arms Trade p. 5
16. Alan Corssal's Ideology and International Relations in the Modern World p. 121
17. Gerry Docherty & Jim Macgregor's Hidden History: The Secret Origins of the First World War p. 257
18. Ibid p. 267
19. Ibid p. 293